Redford y el mar

Función Dominical.
Crítica de cine
Crítica de cine (Especial)

Ciudad de México

Una vez pasada la fiesta de los Óscares, nuestros distribuidores ofrecen al respetable las sobras del festín. Cual madres de esas que no quieren que nada se desperdicie, estrenan ahora Todo está perdido película que no llegó a la competencia “porque sobró.”

La verdad no es solo culpa de la distribución. Hollywood tiene sus cuotas. En México siguen la política “de lo perdido lo que aparezca” y como en Estados Unidos All is Lost resultó un fracaso comercial tienen que promocionarla en periferias; a ver si puede recaudar al menos lo que costó. El asunto curioso, sin embargo, es éste: Todo está perdido vale mucho la pena, sobre todo si uno es cinéfilo de esos que saben gustar del cine experimental no necesariamente soporífero. Y es por eso que me atrevo a recomendar esta interesante película en este espacio. Es algo de lo mejorcito de los estrenos en nuestra pobre cartelera.

Todo está perdido es experimental no solo porque carece casi completamente de diálogo. Además el único actor es Redford, galán otoñal que en sus manías y guiños nos muestra quién ha sido y quién es.

Por otra parte, un cinéfilo todo terreno me comentó hace poco que Gravity era “la primera película realmente pensada para la tecnología 3D”. Lo es, sobre todo porque explota muy efectivamente el espacio alrededor de la Bullock. En efecto, el vacío en el espacio se presta bien para estas finuras: uno flota con la cámara y pierde la noción del arriba y el abajo. Lo mismo sucede con Todo está perdido: a la deriva en el mar, Nuestro Hombre (así llama al héroe el guionista) se encuentra arrojado entre las profundidades del cielo y el abismo. Es aquí donde la cosa adquiere su simbolismo. Este náufrago nos recuerda que el ser humano así vive porque así nació: arrojado entre la extensión infinita de tiempo que hay antes de nacer y luego de morir. De hecho, en sus mejores momentos Todo está perdido tiene tal fuerza narrativa que recuerda a El viejo y el mar de Hemingway, no tanto por el mar como por la vejez. Redford se deja filmar un poco torpe. Adivinamos en él a un hombre que hace muchos años era un gran navegante pero hoy, cuando más lo necesita, ha perdido la vista y la fuerza, el equilibrio y, en muchos sentidos, también las ganas de vivir. Por otra parte, uno de los grandes aciertos del guión es que los creativos en la película hablan de lo que conocen. En Nuestro hombre adivinamos a un típico estadunidense de vieja escuela, uno de esos que, no importa los millones que tenga en su cuenta bancaria, sabe sellar una entrada de agua en el yate, curarse una herida y armar un radio. Lo que más me gusta de este guión y esta actuación es que no necesitan nunca explicar los antecedentes del héroe: cuando escucha que viene la tormenta, lo primero que él hace es ir y rasurarse. Con esta clase de detalles lo sabemos todo. No hay nada que necesite ser dicho y en esta línea Todo está perdido tiene una lectura todavía más profunda: Nuestro Hombre tiene demasiadas cosas que sobran. Solo en la medida en que pueda desprenderse de todo lo que trae cargando, él vivirá.


All is Lost (Todo está perdido). Dirección: J. C. Chander. Guión: J. C. Chander. Fotografía: Frank G. DeMarco y Peter Zuccarini. Música: Alex Ebert. Con Robert Redford. Estados Unidos, 2013.


@fernandovzamora