Rambo ataca de nuevo

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(AP)

Ciudad de México

Tenía cinco años de edad cuando vio a Rambo por primera vez en un cine. Desde entonces el psicótico veterano de la guerra de Vietnam fincó su domicilio en su inconsciente. Tal vez nunca se dio cuenta pero minuto a minuto el rostro angustiado y mugriento de Sylvester Stallone fue tomando el mando de su vida. Hace unos días, Daniel Allen, que ahora anda por los 37, se apareció un sábado por la noche en un concurrido bar en Florida vistiendo ropas militares al estilo de la película y portando un rifle de asalto y dos cuchillos. Barbudo, robusto, malencarado y sobre todo envalentonado, amagó a la concurrencia. Pensó que iba a aterrorizar a los alegres borrachines que espantaban el calor con unas cuantas cervezas heladas, pero la paliza que le pusieron los parroquianos lo regresó de golpe a la realidad. Las fotografías que difundió más tarde el departamento de policía local lo muestran con el rostro cubierto de moretones y una herida de un par de centímetros en la frente.

Allen habrá pasado buena parte de su vida acompañado por el amargoso antihéroe, vistiendo desde su niñez playeras, camisas y pantalones camuflados al estilo militar y con su rostro estampado al frente, jugando con cuchillos dentados, rifles de asalto, pistolas y ametralladoras compactas y un trozo de tela atado en la greñuda cabeza. Más tarde, en casa y en su trabajo habrá bebido su café en una taza con la imagen de Rambo. Y así toda su vida hasta ahora que tiene como hogar la celda de una prisión mientras se decide si lo envían a un pabellón psiquiátrico. Sabe desde ese momento que el cine es siempre mejor que la vida.

O casi. Un ex actor de Hollywood que con no muy buenos modos trepó desde los foros fílmicos hasta el despacho presidencial en la Casa Blanca, Ronald Reagan, siempre supo vivir entre la realidad y la ficción, entre la verdad y la mentira. Después de ver Rambo se sintió sin duda reconfortado, más seguro de sí mismo y de sus convicciones. Declaró entonces con el mayor entusiasmo: “La próxima vez que tenga una crisis ya sé a quién acudir”. Quienes ocuparon luego su cargo tuvieron siempre muy a la mano esa inspiración, mientras Stallone amasaba una considerable fortuna con la exitosa saga que tiene en las manos y que ha transitado por el cine y la televisión.

Alguien se tomó la molestia de contar el número de muertos que caen en una de las películas de Rambo: cinco acuchillados, dos estrangulados, 14 atravesados por flechas, 15 baleados, tres desintegrados en explosiones, tres chamuscados y dos arrojados desde un helicóptero. En total 44 muertos, uno cada dos minutos.

A sus 67, Stallone pasó por México hace poco. Fue ovacionado como si fuera de veras una estrella inteligente y creativa. Y lo peor: muchos recibieron con enorme entusiasmo su declarado propósito de grabar en Acapulco algunos episodios de la nueva versión televisiva de las desventuras de su personaje. Que Dios nos ampare.


*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa