Quince minutos de anonimato

Musicópata.
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Musicópata (Especial)

Ciudad de México

El contundente triunfo del dueto francés Daft Punk en la pasada entrega de los Premios Grammy es un claro indicador de que el concepto tradicional del estrellato ya está dando signos de agotamiento. No deberá sorprendernos que pronto las estrellas reconocidas no serán aquellas cuyos rostros se ven continuamente en los medios sino las que hacen la mejor música.

En 1993, cuando Guy Manuel de Homem-Christo y Thomas Bangalter formaron Daft Punk en París, decidieron esconder su aspecto físico para que el público se enfocara solo sobre su música. Desde entonces han logrado ocultarse detrás de máscaras y cascos futuristas al grado de no salir en videos, no dar entrevistas, ni tener fotografías publicitarias. Muy pocos conocen sus rostros.

Así, cuando subieron al escenario del Grammy a recibir cinco premios relevantes por el álbum Random Access Memories y la canción “Get Lucky”, ofrecieron los discursos de aceptación más breves de la historia: no dijeron nada. El dúo apareció ataviado con sus característicos cascos brillantes y dejó que Pharrell Williams y Nile Rodgers —colaboradores en Random Access Memories— dieran los agradecimientos. Mientras se referían a ellos como “los robots”, los franceses permanecieron en total silencio.

Daft Punk surgió en 1993. Se hizo muy popular entre los seguidores del estilo house. Su sonido, de moderna actualidad mediante la fusión de elementos electro, techno, house, acid house y synthpop, ha tenido gran éxito comercial. Varias de sus piezas han sido utilizadas en películas, comerciales y juegos electrónicos. En 2009 aportaron 24 temas para la cinta Tron: Legacy, escribiendo la partitura para una orquesta de 85 músicos.

Pero aparte de su comprobado talento musical, Daft Punk es notable por la ropa futurista que les da un aspecto robotizado. Ellos dicen que esta apariencia les permite combinar fácilmente las características de los seres humanos y de las máquinas. Definen su imagen como una versión avanzada del estilo glam, en el que la persona esconde su aspecto físico para quedar oculta detrás del personaje. Sin embargo, el misterio de su identidad y la originalidad de su imagen les han dado gran popularidad.

En una rara entrevista Bangalter —de espaldas y con la cara cubierta por una tela negra— dijo que no creen en el estrellato. No quieren ser reconocidos en las calles, ni necesitan estar en las portadas de los discos o ver sus caras en las revistas para hacer buena música. Su faceta personal más importante es la que ofrecen en sus discos.

El triunfo obtenido el domingo pasado parece sugerir que el público ya se está cansando del exagerado énfasis en los rasgos físicos y la vida personal de muchos que ni siguiera tienen mayor talento. El mensaje es: vamos a recompensar a quienes solo se interesan en ofrecer buena música, dejando de lado las poses y actitudes estúpidas y ridículas que han venido caracterizando a muchas pseudo-estrellas de la música.

Antes se decía que todos tenemos derecho a 15 minutos de fama. Hoy, ante los múltiples problemas que acarrea la excesiva exposición ante todo tipo de cámaras, muchos ya solo piden 15 minutos de anonimato.