“No hay músico que no quiera tocar conmigo”: Celso Piña

Han pasado más de 30 años desde que Celso Piña empezó a construir su leyenda. Desde Monterrey y acordeón en mano, hizo del ballenato su grito de guerra.
Celso
(Cortesía)

Ciudad de México

Temas como “Cumbia de la paz”, lo posicionaron como un fenómeno del género. Un pleito con su ex disquera lo dejó fuera de la jugada durante varios años. Fue en 2001 cuando regresó con Barrio bravo bajo el brazo, disco donde se dejó escoltar por rockeros de Café Tacvba, El Gran Silencio y Control Machete, entre otros. El artista tomó su segundo aire y desde entonces el ascenso no ha parado. A unos días del lanzamiento de su nuevo disco, Aquí presente compa, su gira de conciertos incluye presentaciones en Europa. 

¿Qué lo pone de malas?

La falta de alimento; el peor enemigo del hombre es el hambre. Salir sin desayunar me pone de malas.

¿Quien le quiera regalar un disco por dónde debe empezar a buscar?

Debe empezar por decirme: “Celso te regalo tal disco”. Una vez una novia, hace mucho tiempo, me regaló un anillo muy bonito, de oro. Fue durante un concierto y mientras estábamos en el camerino, llegó un gay que trabaja con nosotros y le dije: “Mira este anillo….”, lo agarró y se fue, pensó que se lo estaba dando. Me pasó lo mismo con unas botas. Entonces hay que ser muy claro.

Aclarado el punto, ¿en qué género musical tendría que empezar a buscar el cd?

Me gustan todos los géneros, me pueden regalar uno de Carlos Gardel, Pedro Infante, Rigo Tovar, Led Zeppelin; hasta de Celso Piña, me han dado. Unos fans me dieron discos míos de vinilo.

Es autodidacta con el acordeón, ¿cierto?

Sí, aprendí de oído y con la ayuda de los discos. Ya era medio grande, tendría unos 17 o 18 años.

¿Qué le decían en su casa?

Cualquier principio es difícil. Mi padre siempre fue la piedra filosofal, pero con mi madre sí tuve problemas. Ella pensaba que eso era para “huevones”, en cambio mi jefe me dejó hacer lo que quisiera. Es más, me regaló mi primer acordeón. No se si lo compró o lo robó, el caso es que llegó con el instrumento. Era un acordeón de doble hilera de botones, al principio me sirvió para soltarme pero después lo vendí porque necesitaba uno de tres hileras.

¿Cuál es el lugar más cutre donde ha tocado?

Una vez toqué en un bar de mala muerte llamado Bar Los Panchos, en Monterrey. Llegué ahí hace como 15 años, cobré tres mil pesos, era un lugar demasiado underground, todo mundo fumaba mota y bebía.

¿Cómo se superan los años duros?

Con mucho coraje, sin dejar que nada te doblegue. He pasado varias épocas difíciles, pero al final siempre digo: “Vamos a echarle ganas que para eso somos hombres, cabrón”.

Ahora no hay roquero que se resista a tocar con usted...

No hay roquero, no hay norteño ni grupero, no hay lo que quieras que no quiera hacer algo conmigo. Todo gracias a mi férrea voluntad, así aunque suene como político. Me tocó hacer cosas que nadie se había atrevido a experimentar. Cuando hay buena voluntad se puede hacer de todo. Hoy muchos grupos de cumbia hacen duetos, está bien, pero eso yo lo hice 10 años antes.

¿Juan Gabriel o Los Tigres del Norte?

Los dos me gustan, no puedo elegir. Me gustaría tocar con ambos, de hecho una vez me topé a Los Tigres del Norte en Veracruz. Jorge o Raúl, no me acuerdo cual, me comentó que estaría bueno hacer algo juntos. No lo hemos concretado pero sé que un día va a salir.

¿Del uno al 10 que tan sobria es su vida?

Diría que un siete. Ya dejé los excesos, aunque tampoco es que lleve una vida de nana; de pronto todavía me doy mis alocadas.

¿De qué pie cojea?

Del tequila, me encanta. Mujeres ya no porque ahorita es muy fácil que te pongan un cuatro. Imagínate a mis años andar en líos de faldas, no es que le haga el feo, pero ya no le entro.

¿Qué canción le pedía García Márquez?

Me pedía la “Cumbia Sampuesana”, yo no sabía, pero él me dijo que era “la madre de todas las cumbias”. Le creí por ser él, me lo dice otra persona y no le creo. Me dijo: “Gracias Celso por poner en alto nuestro folclor musical” e “intenta ser un buen hombre”.

¿De poder corregir el camino qué cambiaría?

De poder cambiar algo a toda costa me hubiera graduado de veterinario y luego me hubiera seguido con la música. Por cuestiones económicas la situación no se dio y tuve que ser artista.

La última vez que le leyeron cartilla fue…

No recuerdo. No doy chanza a que me lean la cartilla o me enmienden la plana, cuando lo hacen es porque te sales del huacal.  No me gusta pedir disculpas, me cae muy gordo hacerlo; sin embargo, las he pedido y se siente muy feo. Por eso procuro no regarla, ni tocar fondo. No quiero que me dejen a dormir afuera.

¿A quién le pidió disculpas?

A mi hermana, la cagué a pedos y ella no era la culpable. Le dije: “De la manera más atenta discúlpame”. Ahora procuro ser mesurado antes de tomar cualquier decisión.

¿Se ha encontrado con algún político que baile bien?

En Monterrey y Coahuila he tocado para alcaldes que me contratan para sus campañas. Yo toco y ellos bailan para conseguir votos. Digamos que se mueven, tampoco es que bailen tan bien porque son políticos no bailarines.

¿Y usted, al son que le tocan baila?

A mi no me toca el baile, prefiero un ataque cardiaco a bailar.

¿Alguna canción para su epitafio?

“Que perdonen mi polvo”, ¿qué tal? ¡Ay, güey!

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Nació en 1953 en Monterrey, Nuevo León. Aprendió el acordeón por su cuenta y riesgo, escuchando discos de cumbia colombiana. Luego de tocar en bailes y fiestas inició una carrera que hasta ahora se resume en más de 15 discos que incluyen: Barrio bravo, Rebelde, Mundo Colombia y Sin fecha de caducidad.