[Multimedia] La corta vida

Solo así se explica que Mickey Rooney anduviera diciendo por ahí que se volvería a casar con cada una de sus ocho ex esposas. 
Mickey
(Cortesía)

Ciudad de México

Es obvio que era un mentiroso. También un romántico y un necio. Solo así se explica que Mickey Rooney anduviera diciendo por ahí que se volvería a casar con cada una de sus ocho ex esposas. No tiene caso preguntarse por qué se habría divorciado de todas, mucho menos cuando se sabe que buena parte de sus ingresos iba a parar a la cuenta bancaria de sus ex, incluso hasta su edad avanzada.

Ese hombre que amaba a las mujeres y a las grandes dificultades que le causaban murió hace unos días a los 93 años. Sus dificultades eran grandes porque desde su metro 57 de estatura se empeñaba en la conquista de las mujeres bellas, altas y frondosas, a la altura de su vanidad. Tal vez a modo de venganza tras sus comprensibles fracasos conyugales se entretenía de pronto relatando de manera minuciosa los detalles de su vida matrimonial. También sus circunstancias eróticas privadas, incluyendo la descripción de las partes más íntimas de la anatomía de sus parejas y de sus más gustados placeres. No era pues tampoco un caballero. De ello dejó un muy elocuente testimonio en su libro de memorias Life is too Short.

De que le gustaba ventilar en público sus intimidades queda para el recuerdo también aquel anuncio en el que promovía en 2006 en la televisión las bondades de un medicamento contra la gripa. En medio del escándalo de los televidentes, aparecía en cueros a sus 85.

Pagó sus indiscreciones con escándalos y sufrimientos. Hace unos años se decidió a llevar a uno de sus hijos ante los tribunales, con la queja de que le robaba su dinero y lo privaba de alimentos y medicinas. Unos meses atrás había conseguido ponerlo en orden por fin con una orden de alejamiento y un compromiso de regresarle algo de lo robado.

Pero Rooney, quien se desempeñó en unas 200 películas desde que su madre lo puso en un escenario a los 17 meses de edad, no era solo un tipo indiscreto y jactancioso. Exitoso y mimado en su infancia y juventud, cantó, bailó e interpretó a miles de personajes a lo largo de su vida. Uno de ellos, tal vez el menos conocido para muchos, habrá de sobrevivir al tiempo: el espléndido Puck malicioso y juguetón de El sueño de una noche de verano que encarnó en 1935, a los 15, bajo la dirección del mitológico Maximillian Goldman, mejor conocido como Max Reinhardt, recién emigrado de la Alemania nazi.

Pocos actores pueden presumir en Hollywood de haber viajado con fortuna a bordo de un personaje de Shakespeare. Solo unos cuantos pudieron gozar del privilegio de actuar a las órdenes del más grande director de escena de Europa en la única película que filmó en Estados Unidos.

El camino de Rooney se hizo luego estrecho en el cine y la televisión, a la medida de las necesidades de la industria del espectáculo allá. En ese páramo de vistosas flores de plástico creció haciendo de todo y triunfó en las dimensiones de su estatura. Desde ahí conoció el amor, la celebridad y la desgracia. Descanse en paz.


*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa