“¿Por qué retirarse? Es mejor inspirar...”: Mickey Rooney

El chico preferido de Hollywood falleció el 6 de abril a los 93 años.
El actor Mickey Rooney.
El actor Mickey Rooney. (AP)

Ciudad de México

El chico preferido de Hollywood falleció el 6 de abril a los 93 años. Lo recordamos en una de sus últimas entrevistas, donde el actor se muestra como un sobreviviente.

¿Por dónde empezar a hablar de Mickey Rooney? Debutó en 1927, cuando tenía siete años, y para 1938 era el actor más taquillero del mundo, un robot sonriente de la fábrica de estrellas de MGM. Lo pusieron en la serie de Andy Hardy, en la que interpretó al hijo favorito de Estados Unidos.

Era cantante y bailarín atlético, acompañante lucidor de Judy Garland en los filmes y también un buen actor dramático. Pero después de la guerra se desplomó: ocho matrimonios (el primero con Ava Gardner), alcohol, drogas, bancarrota y destitución profesional, incluyendo una temporada como imitador de sí mismo.

Luego llegó su octava esposa, Jan Chamberlin, la conversión a la cristiandad y un renacimiento profesional parcial, aunque los días en los que él y Judy paraban el tráfico en Nueva York no volvieron. Ahora es una especie de mascota estadunidense: el niño estrella que sobrevivió. Es cálido, explosivo y está dispuesto a todo, ¿cierto?

No. El Mickey Rooney que encuentro en el Milton Keynes Theatre es taimado y hostil. Está aquí interpretando al Barón Hardup en Cenicienta. Se sienta agresivamente derecho, como si fuera a saltar si digo algo incorrecto (las preguntas parecen ser algo incorrecto). Es de baja estatura, metro 61, y calvo. A los 89 se ve seco y marchito, excepto por sus dientes, que son extrañamente perfectos.

Su esposa Jan, rubia, en traje deportivo y con una gran sonrisa, sostiene su mano. Él no quiere comenzar hasta que ella se siente a su lado. “No estoy en el show, Mickey”, le dice, pero él insiste. “Ven aquí, Jan” grita tres veces. Me recuerda al Rey Lear vestido como un dentista de Miami. Jan se sienta. “Bueno, comencemos”, dice él.

¿Por qué vive en el Holiday Inn y comparte taquilla con Bobby Davro? Sus ojos se abren un poco. “Porque me contrataron”, dice enunciando sus palabras con claridad. “Y estamos encantados de estar aquí.” Me tendré que acostumbrar a Mickey Rooney haciendo un comunicado de prensa sobre su estado de ánimo. Es difícil describir su voz, es a la vez suave y dura, suena como un Spencer Tracy a punto de morir.

¿Por qué no se retira? “¿Y por qué no se retira usted?”, pregunta él. Porque yo no tengo 89 años, digo. “Sigo trabajando porque cuando uno para, todo para” dice. “¿Para qué retirarse? Es mejor inspirar.”

¿Cómo lo saco de su libreto de galleta de la fortuna? Recurro a Jan. ¿Cómo es él cuando no está trabajando? “No le va muy bien cuando no hace nada, porque tiene demasiado que dar”, dice ella con cuidado. Luego Rooney comienza a hablar con Jan. Cada vez que le hago una pregunta que no le gusta habla de su amor por Jan.

Ha filmado más de 250 películas, ¿cuáles lo enorgullecen? “No pienso en eso”, dice. “Estoy orgulloso de algunas cosas que hice, otras preferiría no haberlas hecho, como todo el mundo.” ¿Por qué decidió ser actor? “Está en su sangre”, dice Jan. “Está en mi sangre”, dice Rooney.

¿Y el trabajo? “No me gusta hablar de eso.” A mí me encanta hablar de mí, digo. “Felicitaciones”, responde. ¿Entonces no le gustaba ser una estrella, quería ser una persona ordinaria? “No”, responde, “quería ser una alfombra.” ¿Qué? “Claro que me gusta, eso es lo que soy, una persona ordinaria a la que le agrada agradar a todos.”

Me doy cuenta de que la mejor manera de lograr que responda a mis preguntas es hacérselas a Jan, que se las repite a Rooney. Pregunto nuevamente sobre Hollywood. “Eso pasa”, dice con lentitud. ¿Qué es la memoria? ¿Qué es una estrella?, insisto.

“Usted está con una persona con mucha historia, jovencito”, dice Jan. “Tal vez yo tenga mucha historia, pero está en el futuro, no en el pasado”, dice Rooney incomprensiblemente. “Pero has hecho historia”, dice Jan.

¿Y qué hay de la época en la que fue un imitador de Mickey Rooney? En su autobiografía, Life is Too Short, dice que lo hizo para ganar dinero en una mala temporada. “Eso no es cierto”, dice. “¿Por qué haría eso?”. Tiene la costumbre de escribir cosas y luego negarlas.

Por ejemplo, escribió que tuvo una aventura con Norma Shearer, una estrella establecida de MGM. “Norma dejó muy claro que me deseaba”, escribió. “No opuse más resistencia.” Ella tenía 38 años, él 19.

“No”, responde cuando pregunto, “no salí con ella.” Pero usted escribió que sí, le digo. “En el libro había cosas que no eran ciertas”, dice lentamente. ¡Pero usted lo escribió! “Lo sé, pero no es cierto”, responde.

Es raro conocer a un actor que contradice su autobiografía. No puede ser demencia, aunque Rooney parece existir, parcialmente, en un universo paralelo, balanceándose entre el hombre que es y el que siente que debe ser. Cuando menciono sus divorcios afirma que Elizabeth Taylor se divorció 11 veces. “Claro que no”, dice Jan. Pregunto otra vez. Hace una pausa y dice “Me equivoqué”. Se ve genuinamente triste, su voz se quiebra.

“No, no te equivocaste”, dice Jan suavemente. “Todos tenemos malos momentos, pero cuando él está ante el público... desborda un talento del que carece la persona ordinaria. Cuando lo conocí Mickey pensaba que la industria no lo quería.”

“Eso es cierto”, responde Rooney. “No me querían. Era adicto a las pastillas y a esto y a aquello. Y dije que ya no podía seguir con todo eso. Ahora...”. Hace una pausa y cierra los ojos. “Los hijos son muy importantes para nosotros. Me rompe el corazón...” “¿Qué, mi amor?”, pregunta Jan. Él no responde.

En el libro habla de cuando adoptó el nombre de Mickey Rooney (su nombre real es Joseph Yule Jr.). “Nadie”, escribe, “se molestó en preguntarme si me gustaba. Este es el tipo de mundo en el que nací, uno en el que tenía una sola razón para vivir: complacer a los demás.”

¿Y entonces cómo sobrevivió? Rooney no lo dice, su ser esencial o se perdió en el acto o, para él, no vale la pena. “Gracias, damas y caballeros”, dice con una maravillosa pronunciación al estilo Spencer Tracy y desaparece. MGM estaría orgulloso.



(c) The Guardian, 30 de diciembre de 2009

Traducción: Franco Cubello