“Hacer Birdman, un privilegio de este oficio”: Michael Keaton

Luego de actuar en cintas importantes de hace 25 años, y de su casi retiro de las pantallas, el veterano actor recobra impulso en el película de Alejandro González Iñárritu.
Birdman
Birdman (Especial)

Ciudad de México

De los años ochenta a principios de los noventa, Michael Keaton (Pennsylvania, 1951) alcanzó el estrellato de la mano de Tim Burton al colaborar en filmes emblemáticos de esa época: Beetlejuice el superfantasma, la inaugural Batman y su saga Batman regresa. Tras ser dirigido luego por John Schlesinger, Harold Ramis o Quentin Tarantino, el actor —que inició su carrera como joven comediante antes de transitar a roles dramáticos— se alejó de la celebridad y se refugió en su rancho en Montana con esporádicas participaciones en miniseries de televisión o algunas películas de bajo presupuesto.

Ahora el veterano encuentra revitalizada su carrera con su extraordinario trabajo en la nueva cinta de Alejandro González Iñárritu, Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia, cinta que muchos piensan dará por fin al actor una nominación al Oscar. En el filme interpreta el papel de Riggan Thomson, un casi olvidado astro del cine de acción de los ochentas conocido por encarnar en la pantalla al superhéroe Birdman.

Su viejo personaje quiere verlo interpretar sus aventuras nuevamente; sin embargo, Riggan decide dirigir y protagonizar una obra en Broadway. De este modo intenta no solo recuperar prestigio sino también reparar la fracturada relación que tiene con su hija Sam (Emma Stone), una adicta en recuperación con la necesidad de comprender que detrás de las extravagancias de su padre hay un genuino deseo de encontrar su verdadero lugar en el mundo.

 

Llevaba un buen tiempo apartado de los roles protagónicos y de pronto llega Birdman. ¿Cómo se involucra en algo tan sorpresivo y al mismo tiempo tan complejo?

Será que me gusta lo difícil (se ríe). La verdad es que el personaje, y el filme en general, es una de las cosas más difíciles que he hecho en toda mi vida. Pero luego que leí el guión, dije: “Sí, vamos a hacerlo, ¿por qué no? Si no lo hago yo, lo hará otro”, y la verdad es que me pareció tan interesante, que dije, bueno, por qué no. Así fue como me involucré.

 

Naturalmente, advirtió los paralelos que existe entre el personaje y usted…

Algo hay de eso. Honestamente, estoy pasando exactamente por lo que al personaje le pasa en la película, a veces me pregunto: “¿Crees que eres el mejor?”. Y luego alguien dice: “Sí, eres el mejor, eres maravilloso”. Después pienso: “¡Qué demonios! No, no soy nada de eso. Soy simplemente Michael Keaton”…, pero sí, sería mentir si dijera que no noté esos aspectos dentro del guión. Posteriormente se fueron afinando, porque así lo decidimos el director y yo, y trabajamos de cerca con los escritores para perfilar esos detalles. Pero las similitudes entre Riggan y yo mismo llegan solo hasta cierto punto.

 

Su personaje representa al actor que alcanza cierta fama y vive ocupado más de la celebridad que de su familia. ¿Qué opina al respecto?

Creo que de un modo u otro todos pasamos por eso como actores, y más cuando después de haber tenido un periodo de mucha celebridad, ésta va disminuyendo. Aunque esa duda acerca de poder hacer ciertas cosas no desaparece con la edad. Creo que nos alimenta cuando nos preguntamos, “¿podré hacer esto?”. Riggan siente la necesidad de demostrarse que puede resanar la relación con su hija, y ganarse el respeto del público haciendo esa obra de teatro. Creo que este personaje realmente es una de las cosas más difíciles que he hecho y no en función del personaje, sino en la forma en que se hizo la película. En la mayoría de las escenas yo tenía que recorrer diferentes emociones en 30 a 60 segundos. Eso es algo agotador, pero también muy satisfactorio.

 

Hay una escena en la que confronta a una crítica de teatro que amenaza con hacer polvo su obra. ¿Qué significó esto para usted?

Ahora que lo mencionas, creo que ahí hay una diferencia muy marcada entre Riggan y yo, la verdad es que no leo nada acerca de mí. No leo reseñas. Es enfermizo leerlo, porque al final, nunca se puede desandar los pasos, así que mejor me abstengo. Al principio de mi carrera pensaba que había que ser valiente y leer todo lo que se escribiera sobre mí, pero después de leer unas cuantas críticas pensé que no necesitaba leerlas, aunque debo admitir que si alguien me dice que me hicieron una crítica muy buena, entonces sí la leo (se ríe). Como a cualquiera, me gustan las cosas que pueden hacerme sentir bien.

 

La cinta es también una metáfora acerca de la celebridad y sus efectos...

En general creo que la naturaleza de la celebridad ha cambiado desde el tiempo en que estuve más cercano a los reflectores, creo que ahora todos tienen algo de celebridad. Cualquiera puede ser lo que sea, gracias a internet. Es el turno de todo el mundo, gracias a medios como YouTube, mucha gente está metida en su propia película. De ahí se sigue que la celebridad ya no es la gran cosa. No creo siquiera que a la gente le afecte la celebridad. Creo que todo el mundo es una celebridad en su mente.

 

¿Cómo se sintió trabajando con González Iñárritu?

Muy cómodo. Es un director con agallas y con enorme sensibilidad. Eso es un atractivo para todo actor. Sabe lo que quiere en cada escena y sabe cómo obtenerlo. Habla claro y sabe cómo guiarlo a uno hacia ese lugar. Sabe dar confianza, es un buen líder. Este proyecto para él era muy personal y supo cómo hacerlo personal para todos los que estuvimos involucrados. Es un director espléndido.

 

Se habla de un Oscar en su futuro por Birdman. ¿Le quita el sueño la idea?

En absoluto. Mentiría si te dijera que no sería bonito un reconocimiento; vamos, uno siempre aprecia eso, pero tampoco decides hacer tal o cuál película para ver si ganas un Oscar o cualquier otro premio con ella. Al menos yo no trabajo así, no ando cazando guiones para eso. Creo que es innecesario. Hago las películas que hago, porque quiero. Y Birdman es algo que hice por placer y que disfruté mucho. Y siempre que uno tiene la ocasión de que le pase algo así, es casi un privilegio de este oficio.

 

¿Qué le gustaría que los espectadores se llevaran consigo de la película?

Mira, cada quien se queda con lo que desea de las películas que ve o los libros que lee. En este caso, te diría que es una película para adultos, con ideas muy adultas, pero me gustaría pensar que tal vez le hable también a un público más joven. Cuando lleguen a ver Birdman los jóvenes tal vez estarán perplejos y van a decir: “¿Qué diablos es esto?”, y tal vez alguno se sienta enojado y se vaya de la sala, pero entonces, si se quedan, los pocos que lo hagan, espero que luego digan que estuvo sensacional, que les dijo algo, que los hizo pensar. Eso es algo que realmente me gustaría.