Marlon Brando

El Santo Oficio.

Ciudad de México

Hace 10 años murió Marlon Brando. El cartujo no lo olvida ni perdona: en los setenta le arrojó el ácido de la lujuria con una película blasfema: El último tango en París, la obra maestra de Bernardo Bertolucci.

Los papeles de Marlon y Maria Schneider en esa película lo llenaron de espanto. En un momento, mientras ella llora, Brando alcanza la cúspide del sadismo en una actuación magistral. Al finalizar el rodaje, los dos quedaron pulverizados psicológicamente. En su autobiografía, el actor escribe: “El último tango en París me exigió un gran combate emocional. Cuando terminó, decidí que nunca más volvería a destruirme así para actuar en una película”. Maria tenía 19 años; él y Bertolucci la sorprendieron con una escena en la cual es sodomizada. Era joven e inexperta y aceptó filmarla aun cuando no estaba incluida en el guión. Sus lágrimas en la secuencia son reales, todos lo saben. Todos conocen también el rumbo de su vida después de aquella experiencia: el ingreso a hospitales psiquiátricos, la adicción a las drogas, intentos de suicidio, una permanente depresión. Cuando murió, el 3 de febrero de 2011, el director italiano lamentó no haber tenido la oportunidad de abrazarla y pedirle perdón.

El último tango en París fue una de las últimas grandes películas de Marlon Brando, el Stanley Kowalski insensible, tosco y repulsivo de Un tranvía llamado deseo, la obra de Tennessee Williams llevada al cine por Elia Kazan. Era un actor de teatro y no le gustaba el cine estadunidense, pero encontró en él un medio cómodo para ganar dinero. “Jamás sentí respeto alguno por Hollywood —afirma en Brando sobre Brando—. Es la Meca de la avaricia, la falsedad, la codicia, la estupidez y el mal gusto; pero si actúas en una película, solo tienes que trabajar tres meses al año, y el resto puedes hacer lo que te plazca”.

La quinta película de Brando: El salvaje, dirigida por Laslo Benedk, fue condenada por las buenas conciencias por incitar —decían— a los jóvenes a rebelarse contra sus mayores. La imagen de Brando con sus vaqueros, chamarra de cuero y en motocicleta se convirtió en uno de los mayores símbolos de los cincuenta.

Con Nido de ratas ganó su primer Oscar. Interpreta a un ex boxeador, impasible testigo de crímenes de los mafiosos para los cuales trabaja y hermano de un corrupto líder sindical con quien al final sostiene un diálogo estremecedor.

No le importaban los premios y cuando por segunda vez fue reconocido con una estatuilla de la Academia, por su papel de Don Vito Corleone en El Padrino, envió a una joven actriz india para rechazarla y leer un mensaje contra el racismo y la manera como Hollywood había tratado históricamente a los indios.

Irascible, mujeriego, defensor de los derechos civiles, Marlon Brando —el siniestro Coronel Kurtz de Apocalypse Now— murió el 1 de julio de 2004. Tenía 80 años y una historia llena de tormentas.

Queridos cinco lectores, con la flama de la esperanza, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.