El milagro de los doce pesos

Musicópata.
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Musicópata (Especial)

Ciudad de México

Hace 145 años murió Macedonio Alcalá, compositor del célebre vals “Dios nunca muere”, uno de los más hermosos del catálogo mexicano y que hoy es considerado como el segundo himno del estado de Oaxaca. Tan apreciada es esta pieza que el teatro más importante de la capital de ese estado lleva el nombre de su autor.

Macedonio Alcalá Prieto nació el 12 de septiembre de 1831 en Oaxaca. Desde pequeño mostró interés hacia la música. Realizó estudios y llegó a ser un ejecutante consumado, especialmente del violín.

Por su dedicación el gobierno del estado de Oaxaca le concedió una beca para continuar su preparación en la Ciudad de México. Al regresar a Oaxaca se integró a la Orquesta Filarmónica de la Sociedad de Santa Cecilia y, al poco tiempo, fue nombrado director de la Banda de Música de su estado.

En 1850 formó su propio conjunto musical para tocar en bailes y fiestas. Creaba temas, principalmente valses que gustaban mucho, y pronto alcanzó fama y popularidad llegando a tocar incluso en la Ciudad de México.

Se casó con una muchacha de Yanhuitlán, Oaxaca, y se fue a vivir allá, llevando una vida tranquila como profesor de música. La pareja tuvo tres hijos. Poco a poco su situación económica fue haciéndose muy precaria. Intentó volver a tocar en eventos, pero no pudo lograr la estabilidad. Invadido por una profunda depresión cayó en el alcoholismo.

Con la salud seriamente dañada, llegó a Jalatlaco con su familia, donde buscó el apoyo de alguno de sus hermanos, pero éstos se negaron a ayudarle. Cuando ya había perdido toda esperanza fue rescatado por sus amigos de la Sociedad de Santa Cecilia, quienes le dieron el apoyo económico y espiritual necesario para su restablecimiento.

Mientras convalecía fue visitado por un grupo de indígenas de Tlacolula, quienes le pidieron que compusiera un vals a la virgen patrona de la población. En 1867 el flautista José Maqueo lo fue a ver, y al notar la triste situación de Macedonio, sin que éste se diera cuenta le dejó doce pesos bajo la almohada. Al día siguiente el compositor encontró el dinero, le dijo a su esposa: “Mira, Dios nunca muere, siempre consuela al afligido”, y de inmediato, a pesar de su mala salud, milagrosamente empezó a escribir su notable vals.

“Dios nunca muere” tuvo un éxito rotundo. El pueblo entero estuvo tan agradecido con el maestro Alcalá que le brindó ayuda para terminar de recuperarse en la ciudad de Oaxaca. Ahí radicó hasta que su vida se apagó, el 24 de agosto de 1869.

Tras su fallecimiento, su hermano Bernabé publicó el vals a su nombre diciendo que la composición era suya. Afortunadamente, los indígenas de Tlacolula protestaron por el plagio y demostraron que la obra era original de Macedonio Alcalá.

Años después, en dos ocasiones, se le adaptó letra. Unas fuentes se la atribuyen a Cipriano José Cruz, pero la primera vez que se grabó con letra fue en marzo de 1955 con Pedro Infante, en la versión escrita por Vicente Garrido que hoy conocemos.

Así, con una historia que encierra éxito, drama, muerte y traición, hoy recordamos a Macedonio Alcalá, uno de los talentos brillantes de la música mexicana.