“Todo empezó con un acordeón y una mandolina”

Luego de verse desplazado por la música de banda y la norteña, Los Ángeles Azules viven un regreso al gusto popular, al fusionarse con intérpretes de pop, rock y hasta con una orquesta sinfónica.
Elías, Alfredo, Hilario, Martha, Guadalupe, Cristina y Jorge Mejía Avante han sido algunos de sus integrantes.
Elías, Alfredo, Hilario, Martha, Guadalupe, Cristina y Jorge Mejía Avante han sido algunos de sus integrantes. (Sony Music)

Ciudad de México

Si cantar “El listón de tu pelo” y “Juventud” con Lila Downs y Vicentico, respectivamente, era impensable para Los Ángeles Azules, tocar sus éxitos acompañados de una orquesta sinfónica y coros de Bellas Artes lo era aún más.

En una época en que las barreras entre géneros musicales son cada vez más flexibles y las fusiones más frecuentes, juntar la guaracha y las percusiones propias de la cumbia con los violines, el chelo y los coros, resulta, por decir lo menos, controversial.

Sin embargo, no hablamos de unos principiantes en el género de la cumbia. El grupo Los Ángeles Azules nació a finales de los setenta al oriente de la capital mexicana, conformados por los hermanos Mejía Avante, quienes daban serenatas y tocaban en la fiesta que les pusieran enfrente.

A diferencia de muchos grupos de música tropical, la agrupación de Iztapalapa se ha mantenido con sus altas y bajas, y luego de sobrevivir al embate de la música de banda, que los sacó de las estaciones de radio, sus éxitos regresaron en 2013 en la voz de Lila Downs, Carla Morrison, Kinky, Saúl Hernández, Ximena Sariñana y Vicentico, entre otros.

Este año, el grupo familiar volvió a romper paradigmas con el último material que hizo sonar: “Cómo te voy a olvidar” y “Entrega de amor”, canciones que los llevaron a la cúspide en los años noventa, pero ahora acompañados de una orquesta sinfónica bajo la batuta del maestro Odilón Chávez. Todo orquestado por SeiTrack, agencia de representación artística que fusionó a Ocesa Entretenimiento y SeiTrack Management.

En entrevista para MILENIO Dominical, el líder y bajista del grupo, Elías Mejía El Doc, y el percusionista Pepe Mejía, hablan de su ingreso al mercado del pop y el resurgimiento de la agrupación cumbianchera luego de haber estado cerca de su presunto final.

 

Grupos de cumbia van y vienen, pero luego de 38 años ustedes siguen vigentes…

En este ambiente muchos grupos tropicales tienen su momento de fama, pero no saben mantenerse o el público deja de aceptarlos y se van en picada, de ahí la mayoría ya no se levanta y se olvidan, aunque sean muy buenos. Los Ángeles Azules tienen una historia de sacrificios y trabajo duro, no tanto a nivel de medios al principio, pues le batallamos mucho hasta que llegamos a nuestra primera disquera, Disa (Discos Sabinas), en 1993.

 

Su historia se remonta a las fiestas de 15 años en pueblos, ¿cómo dieron el salto para ser conocidos?

Sí, andábamos en todos los pueblitos, adonde nos llamaban íbamos y cobrábamos unos 250 pesos; por eso, antes de sacar nuestro primer cd con “Entrega de Amor”, ya mucha gente sabía de nosotros, y a ellos les sumamos las nuevas generaciones.

 

¿Se consideran creadores de un nuevo estilo de cumbia?

Antes no existía cumbia romántica, Los Ángeles Azules descubrimos ese mercado; nuestro estilo no es parecido a la cumbia que se hace en Colombia ni a ningún otro, sacamos una cumbia muy propia del DF, que al principio le llamaron la cumbia del chilango, pero no solo es de aquí, dime tú ¿quién no se enamora de las canciones de Los Ángeles Azules?

 

¿Están viviendo su mejor momento?

Nuestro estilo ahí está, pero viene a renovarse con la fusión de artistas de rock y pop, y creo que a mucha gente que no nos conocía le llamamos la atención. Volvimos a surgir, pero más fuertes, y estamos presentes hoy mejor que antes.

 

¿Y también hay un resurgimiento del género?

Los grupos regionales mexicanos son modas. Por ejemplo, ahorita el mercado está inundado con la banda y el norteño, mañana quién sabe qué saldrá. Cuando entraron estas nuevas corrientes, Los Ángeles Azules dejamos de sonar; iba a las estaciones de radio y me decían: “Ustedes ya tuvieron su época y ahorita lo que toca es la banda, ya no hay un lugar ustedes”. Entonces a todos los demás grupos que tocaban cumbia les pasó igual. Fuimos relegados, y qué hicimos, pues sobrevivir en los eventos privados. Aunque estuvieran mal pagados, nunca nos bajamos del carro.

 

En su currículo está la presentación en el Yankee Stadium, en Nueva York (2003); en el Luna Park de Buenos Aires (2007) y en festivales como el Corona Music Fest y el que consideran su prueba de fuego: el Festival Iberoamericano de Cultura Musical, el Vive Latino.

 

¿Y cómo salen de ese rezago en el gusto musical?

Lo que nos faltaba era llegar con gente visionaria; así tuvimos la oportunidad de que la compañía Ocesa-Seitrack apostara por nosotros. Antes fui a varias empresas y me decían lo mismo: “Ustedes ya fueron, ya tuvieron su momento”. Cuando llegamos con nuestra disquera le entramos con todo a las nuevas generaciones, y fuimos un éxito.

 

¿Cómo les ha ido con la orquesta sinfónica?

Hay críticas de todo tipo, no puedes ser monedita de oro para caerle bien a todos. Sí hay mucha gente que nos crítica, tanto público como grupos que dicen “estos cuates qué onda”; pero se vale tener críticas, porque solo así se aprende.

 

Las críticas al grupo referencia de la “cumbia chilanga” no han menguado las ventas de su disco Cómo te voy a olvidar, que incluye seis versiones sinfónicas grabadas con artistas invitados. De acuerdo con la Asociación Mexicana de Productores de Fonogramas (Amprofon), el disco ya rebasó las 300 mil copias vendidas; suma ya cuatro discos de platino y uno de diamante.

 

¿Cómo fue trabajar con una orquesta?

Los tiempos de ellos y de nosotros son diferentes. Tienes que tener un buen maestro de orquesta que sepa hacer su trabajo y que entienda la cumbia de Los Ángeles Azules. Está complicado, pero lo hizo excelente el maestro Odilón Chávez. Ya nos estábamos desesperando, porque el tiempo es distinto, fueron muchas horas de ensayo, pero al final nos llevamos nuestra recompensa.

 

¿Se imaginaron tocando con sinfónica?

Nunca. Iniciamos tocando guitarras y dando serenata. Luego mi hermano Alfredo tuvo su acordeón, porque tocábamos en la estudiantina de la Prepa 3; ahí yo aprendí a tocar la mandolina. Con las serenatas a mí me empezó a gustar la música, porque al principio me interesaban otras áreas, y al final me quedé con el bajo, sin saberle lo aprendí y no lo hicimos tan mal porque aquí seguimos, pero no tuvimos ninguna preparación artística antes de formar el grupo.

 

Ustedes continúan viviendo en Iztapalapa, eso dice mucho de ustedes, entonces, ¿cómo han vivido la fama?

Si fama le podemos llamar a trabajar desde niños, cargar nuestro propio equipo y montar nuestro escenario, pues entonces sí la conocemos. Nuestra trayectoria es no solo de trabajo, sino de sacrificios y humillaciones. Por ejemplo, nos llegaron a decir: “¿Los Ángeles Azules? Oiga, compadre, ¿no pudieron traer otro grupo?”. Eso ha sido toda la vida, no nada más de antes. Ahorita yo creo que estamos viviendo una época muy bonita, porque nos hemos ganado un lugar y la compañía nos trata excelente. Y gracias a Dios nos llegó, porque hay mucha gente que le busca y no le llega. A veces te llega una vez, pero dos está canijo, y a nosotros nos volvió a llegar.

 

La historia de Los Ángeles Azules es de trabajo duro desde el comienzo. Ellos lo reconocen, la agrupación no nació por su “pasión” musical, sino porque vieron una puerta para pagar sus estudios y solventar la escasez de recursos de la familia de ocho hijos liderada por una madre que lavaba ajeno y un padre chofer.

 

¿Qué hacen cuando están abajo del escenario?

Terminando de aquí me voy a mi casa a estar con mis hijos, me olvido de quién soy en la música, porque en mi casa soy el papá y el esposo. Este es mi trabajo y llegando la tarde ya estoy con mi familia. Voy a comer al mercado con la señora con la que siempre he ido. El día que no tengamos “fama” no lo voy a sentir, porque mi vida va a seguir igual. Hay gente que no soporta la fama, se vuelve loca, pero por qué vamos a cambiar si al ratito esto se acaba.