Me ha mejorado trabajar con buenos actores: Kyle Chandler

"Bloodline", la nueva teleserie de Netflix, tiene a este neoyorquino como uno de los protagonistas al lado de consagradas figuras del cine como Sam Shepard y Sissy Spacek.

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Alto, muy bien parecido, de aspecto confiable, Kyle Chandler (Buffalo, Nueva York, 1965) ha sido protagonista de teleseries de éxito como Early Edition (1996-2001) y la aclamada Friday Night Lights, en la que fue por cinco temporadas el entrenador Eric Taylor, que llevaba a una generación de estudiantes de bachillerato en Texas al triunfo en un campeonato de futbol americano.

De forma paralela también ha intercalado participaciones en filmes como King Kong (Peter Jackson), Super 8 (J.J. Abrams), Argo (ganadora del Oscar), Zero Dark Thirty, El lobo de Wall Street (Martin Scorsese) y Carol, próxima a estrenarse en Cannes bajo al dirección de Todd Haynes, en la que comparte créditos con Cate Blanchett y Rooney Mara.

Ahora Chandler es uno de los protagonistas en Bloodline —de los mismos productores de Damages

"Hay que estar bien ensayado, pero también dispuesto a desechar todo y empezar de cero"

—, un turbio drama familiar ambientado en Los Cayos de Florida, que es la más reciente serie original producida por Netflix, en la que encabeza el reparto junto a figuras como Linda Cardellini, Jacinda Barrett, Ben Mendelsohn, Sam Shepard y Sissy Spacek.

¿Qué fue lo que te llevó a Bloodline y Netflix?

Dos cosas: primero, la necesidad de trabajar. No es como si me llovieran ofertas buenas todos los días. No, ya en serio. Lo que me atrajo del proyecto fue que (los Kesslers, creadores de la serie) me contactaron diciendo: "Tenemos una idea de la que queremos hablar contigo". Glenn Kessler vino a verme y me dio una visión general de la idea y me dijo, "si te gusta, vamos a seguir adelante, a escribir algo y volveremos contigo...".

¿Ya habías visto Damages?

No, pero me puse al corriente de inmediato, vi las cinco temporadas en 15 días y me quedé atónito: la serie era brillante, no solo por Glenn Close sino también por cómo estaba estructurada cada temporada, cada episodio. Le dije a mi mujer, "si lo que tienen en mente es algo como esto, va a ser increíble". Me enganché. Cuando regresaron con el material, yo no vi ninguna razón en absoluto para decirles que no.

Interpretaste el papel del entrenador Taylor en Friday Night Lights y fue un hito, ¿es importante tomar decisiones que te aparten de ese personaje?

No creo que sea mala idea buscar siempre hacer algo diferente. Yo no había hecho televisión por un par de años. Tuve la oportunidad de hacer algunos papeles en cine —Argo, El lobo de Wall Street— que me dieron mucha satisfacción. Ese break me sirvió para recuperarme como ser humano y como actor; tenía que alejarme de los hábitos y costumbres del personaje para poder hacer algo nuevo. John Rayburn, en Bloodline no podría ser más distinto del entrenador Taylor.

¿En qué sentido?

A medida que los personajes se desarrollan en el papel, todo cambia. Puedo garantizarte que nunca verás a John con una gorra de beisbol azul en Bloodline. Al mismo tiempo, no quiero que la gente me asocie con el entrenador Taylor para el resto de mi vida. Este programa es completamente diferente. Es un público y un estilo completamente diferentes, y la forma en que está escrito es diferente. Estoy emocionado por tantas cosas diferentes.

John Rayburn ha sido descrito como "una buena persona" que hace algo terrible...

Creo que lo es. Y eso es un gran reto para mí como actor, con este personaje. John es un buen hijo, un buen marido y un buen padre. Pero las circunstancias lo llevan a un lugar muy oscuro en el que tiene que vivir. Cuando leí el tratamiento me di cuenta que debido a un muy buen guión todo estaba ahí. Estás viendo a estos personajes, los Rayburn, cómo se mueven a través de la trama. Todo tiene lugar en dos o tres meses. No hay nada en el desarrollo que se pase por alto. Del primer al último capítulo todo cambia, y creo que va a ser emocionante.

¿Hacer televisión con actores de cine de gran calibre y una historia tan dura es lo mejor de ambos mundos?

Sí, exactamente. Es maravilloso estar en Netflix y con esta producción. Como dices, tiene que ver con el talento que hay en el programa. Uno es tan bueno como los actores con quienes trabaja y me ha mejorado trabajar con buenos actores. Hay un montón de gran talento en el show, y es muy divertido. Sissy Spacek es Sally Rayburn, la matriarca. Es maravilloso trabajar con ella. La admiraba de siempre y no nos conocíamos, pero ella buscó establecer estos vínculos con los demás, que interpretamos a su familia. Lo veo como una obra de teatro, como una tragedia griega o algo de Eugene O'Neill. Es full-contact de actuación. Muy emocional, muy duro, pero muy satisfactorio al final.

¿Cuándo se consigue esa dinámica?

En una gran cantidad de las escenas con Ben Mendelsohn, que es Danny Rayburn, el mayor de los hermanos, la oveja negra, hay grandes momentos. Norbert Leo Butz, que es Kevin, el menor, es muy divertido. Con Linda Cardellini, que es Meg, la hermanita bebé, se trata de intentar conseguir la última palabra en las escenas. Y Sam Shepard... el hombre es una leyenda en este oficio por una razón. Hay un montón que aprender, especialmente con Sam y Sissy. Tan pronto como se vieron, y ellos se han conocido entre sí y han sido amigos por años, fue como estar ante un matrimonio de mucho tiempo, así que fue interesante que nos acogieran como sus hijos en la ficción. Ellos le dieron la carne a la estructura dramática. Son enormes.

¿Hay una lección específica que hayas conservado de este retorno a la televisión?

Yo nunca me alejo de la televisión a propósito. Creo que lo más importante que he aprendido me lo dio Pete Berg cuando hicimos Friday Night Lights; exigía que los actores desafiaran a los escritores y viceversa, y que los directores y actores se retaran para dar la batalla creativa. Eso es algo que no olvido, incluso cuando el programa ya ha terminado, yo tengo que mantener esto vivo en mí mismo, porque es muy potente. Otra cosa que he aprendido es que nunca se sabe qué va a pasar. Uno puede planificar lo que quiera, ir al set dispuesto a hacerlo y al momento que llegas allí, es una escena completamente diferente. Un actor debe estar tan preparado como sea posible, pero estar más dispuestos a tirar todo por la ventana y empezar con lo básico de nuevo y eso es bueno. Esa es una buena lección, creo.

Si Bloodline hubiera estado en televisión abierta en lugar de Netflix, ¿lo habrías aceptado, o fue específicamente porque estaba en esta plataforma que lo tomaste?

La verdad, no sé lo que pudo haber sucedido. Todavía tengo que alimentar a mi familia mandar a mis hijas a la universidad (ríe). Pero al final resultó perfecto. Realmente me siento como si hubiera caído en el mundo perfecto. Incluso si el programa no consigue una segunda temporada, estoy muy orgulloso de haber sido parte de él. Fue una gran experiencia de aprendizaje. Era como clase de actuación pagada. Fue genial.