Jerde

Multimedia.
Multimedia
Multimedia (Yas Mall)

Ciudad de México

Hace unas semanas, en el curso de una solemne ceremonia inaugural, el jeque Hazza bin Zayed Al Nahyan, vicepresidente del Consejo Ejecutivo de Abu Dabi, en los Emiratos Árabes Unidos, entregó a los habitantes de esta ciudad las llaves que les permitirán el acceso a una sucursal del paraíso en las inmediaciones del Golfo Pérsico: un fastuoso centro comercial de tres pisos, con unas 400 tiendas, 60 restoranes y más de 80 puntos de venta exclusivos desparramados a lo largo y ancho de dos y medio millones de metros cuadrados. El Yas Mall, que es una ciudad dentro de la ciudad, fue construido en la isla Yas, una ínsula artificial que costó 40 mil millones de dólares y cuenta con un circuito de Fórmula Uno, un espacio acuático, un parque de diversiones con la montaña rusa más espeluznante imaginable y varios hoteles de lujo. Muy cerca de ahí también están construyendo un museo del Louvre y un Guggenheim.

El concepto busca la integración de los espacios comerciales a la vida cotidiana de los visitantes, de manera que el centro comercial ofrece avenidas, callejuelas, plazas, jardines, restoranes y cafeterías; fuentes, árboles, espacios recreativos para niños y jóvenes, un montón de gigantescas pantallas de plasma y un largo etcétera.

La calculada aventura, diseñada para competir con el exitoso centro comercial de la vecina Dubái, el Dubái Mall, el más grande del mundo, que multiplica por dos los servicios y las opciones comerciales, ha resultado tan exitosa que sus promotores están hablando ya de una primera ampliación.

Tal al vez el arquitecto estadunidense Jon Jerde ya no pudo disfrutar del espectáculo delirante del Yas Mall. Estaba en retiro desde hace un par de años, afectado por una mezcla pavorosa de Alzheimer y cáncer. Murió hace unos días en Los Ángeles a los 75 años y el diario británico The Guardian lo despidió con una necrológica que lo definía como “el Walt Disney de los centros comerciales” y elogiaba su estilo de “polvo de hadas” para hacer de los gigantescos comercios atractivos espacios donde los visitantes se sentían felizmente vivos.

En realidad, centros comerciales como el de Abu Dabi y el de Dubái, con sus cines enormes, su acuario gigantesco y su enorme pista para patinar, se sitúan en el extremo de su estilo característico en el diseño de muchos centros comerciales en buena parte del mundo. Hijo de una madre alcohólica y un padre ausente, emprendía en su infancia solitaria imaginativas construcciones con basura, y pasó los últimos 10 años de su vida entregado al diseño de centros comerciales. En un arrebato de inspiración, tratando de integrar los espacios de convivencia y esparcimiento de los consumidores con las tiendas, introdujo calles, puentes, y terrazas, creando así un abigarrado estilo que revolucionó a su modo excesivo la arquitectura. Habrá quien lo esté odiando sin duda, pero muchos estarán agradeciendo ahora sus redituables aportaciones.

 

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa