“No me siento profeta en ningún lado”: Javier Bátiz

Nació en 1944 en Tijuana. A los 13 años empezó a tocar blues con Los TJ’s. Ha grabado más de 20 discos. Además ha participado en diversos filmes, siendo el más reciente Suave patria.
Javier Bátiz
Javier Bátiz (Arturo Bermúdez)

Ciudad de México

Javier Bátiz está de buen ánimo. A sus recién cumplidos 70 años camina lento pero a paso firme. Da clases a niños pobres, toca en asilos, está grabando un disco y ofrece conciertos cuando es requerido —el próximo tendrá lugar en El Lunario capitalino el 10 de julio. Con el aura del rockstar, es evidente que al músico le gustan las fotografías. Se divierte mientras posa y solo un piano es capaz de distraerlo. Acto seguido lo toma y empieza a tocar un tema de Ray Charles.

 

¿Cómo llega a los 70 años?

Con mucha dificultad… no es cierto. Llego con orgullo y la felicidad de haber tomado buenas decisiones y caminos. Quizá podría tener más dinero o fama pero lo que más me interesa es la música. Al público hay que darle melodías hermosas bien interpretadas, eso es lo que he hecho toda mi vida y por eso también doy clases.

 

Ha sido maestro de Lora, Santana, Briseño, Fito de la Parra, ¿quién ha sido su mejor alumno?

Los músicos que traigo ahora son impresionantes y muy jóvenes. Fito de la Parra de Canned Heat aún me dice maestro y es multimillonario. Lora es como mi hermano chico, he conocido gente talentosa y que a lo mejor no es muy famosa.

 

¿Santana?

Somos buenos amigos, él está en su lugar y yo en el mío. Con que reconozcan que yo les di el empujón hacia el abismo del rock and roll me conformo.

 

El último artista que lo deslumbró…

Un gabacho, negrito, ¿cómo se llama?... Pharrell, tiene una onda muy feliz. No dejo de escuchar Etta James, B.B. King, Muddy Waters, Ray Charles, T-Bone Walker; a Jimmy Reed lo oigo día y noche. Esa es mi música.

 

¿Era aplicado en clase?

Sí, pero también era señalado por mis ideas. De pronto corregía al profesor y discutíamos, por eso salí de la escuela corriendo. Por fortuna, el día de mi graduación fue la primera vez que me pagaron por cantar y tocar el piano.

 

¿Los Rebeldes del Rock eran muy fresas para usted?

Cuanto tocaba en el Convoy, una vez me vieron Los Boopers y quedaron tan sorprendidos que les hablaron de mí a Los Rebeldes, de modo que cuando visitaron Tijuana fueron a uno de mis conciertos. Me invitaron a México y en 1963 me trajeron, solo que no pase la prueba porque no tenía la voz ni el carisma de Johnny Laboriel.

 

¿Le tocó ver los palomazos legendarios en Tijuana?

Las historias legendarias de Tijuana tuvieron lugar entre 1957 y 1963. Bajaba West Montgomery, el saxofonista de Ray Charles. Después del 63 los músicos importantes, es decir Los Dug Dugs, Peace & Love, Love Army y yo viajamos al DF. Quienes se quedaron inventaron que Jim Morrison o Paul McCartney fueron a tocar pero es falso. Después Avenida Revolución cambió las tabernas por discotecas. Yo fui amigo de Jim Morrison, lo conocí en el 67 en Los Ángeles. Fue a vernos a La Terraza, una vez se encueró y rodó por la pista de baile. Al día siguiente regresó a pedir disculpas, se puso otra vez borracho pero ya no se quitó la ropa.

 

¿Se siente profeta en su tierra?

No me siento profeta en ningún lado. Mi filosofía consiste en pensar en la historia de Jesús, da igual si existió o no, la cosa son respetar sus reglas e intentar hacer bien las cosas. Me gusta la paz total. “Leave me alone”, les digo.

 

¿Pero siente que le ha faltado reconocimiento?

Sí, pero en general a algunos intérpretes populares nos deben abrir el Palacio de Bellas Artes. Me hubiera gustado tocar en los primeros Vive Latino, pero no se dio.