“Ni cómico ni comediante, ¡soy actor!”: Héctor Suárez

Inteligente,provocador, crítico y por ello marginado de la televisión mexicana por años, el creador de memorables personajes se presenta en el Blanquita con la obra ¡Estoy loco!.Jorge Almazán R.
Héctor Suárez
Héctor Suárez (Arturo Bermúdez)

Ciudad de México

Su rostro de 76 años muestra cierta dureza. Las indicaciones que da a sus compañeros sobre cómo gesticular y dar énfasis a cada palabra del guión en los ensayos de la puesta ¡Estoy loco!, son rigurosas. Los 55 años que lleva sobre los escenarios se lo han enseñado.

En una butaca del teatro Blanquita, Héctor Suárez, quien al concluir el segundo semestre abandonó la carrera de ingeniero-arquitecto en la ESIA del Politécnico, platica con Dominical MILENIO respecto a cómo un “ñero” de la Obrera tiene que trabajar fuera de su país para comer, aunque ahora ya tendrá su propio canal de tv y un libro autobiográfico.


La mayor parte de su carrera la ha dedicado a hacer reír al público, ¿eso es lo que buscaba?

Mi tarea es hacer reír y reflexionar. La risa en la comedia es más seria de lo que la gente se imagina, la comedia es en serio y para que tenga efecto, un final insólito y un valor, debe ser así. Existen muchas subdivisiones, de humor negro, satírico, la que hago es comedia de confrontación, analítica… profunda, no nada más el chiste ñoño, eso yo lo saturé hace muchos años.


Sin embargo, hay quienes lo catalogan solo como un cómico...

No me molesta que los digan, pero yo no me considero cómico ni comediante, ¡soy actor! Yo estudiaba en la carrera de ingeniero-arquitecto en la ESIA del Politécnico, pero la dejé cuando terminé el segundo semestre porque me llamó la actuación, eso es lo que en verdad quería hacer. Mis raíces son 10 años antes de hacer comedia. Hice teatro de tesis, clásico, con el maestro Carlos Ancira; pertenezco a la vanguardia con Alejandro Jodorowsky, Alfonso Arau, Susana Alexander y Héctor Bonilla. Monté obras de autores complejos como Kafka, Ionesco y Strindberg; además, tomé clases de pantomima con Marcel Marceau, después entré a la comedia, pero para utilizarla en hacer un testimonio social.


¿Social o político?

Cuando tenía cuatro años un tío me llevó a ver a un tal Jesús Martínez Palillo. Yo estaba muy chico y no sabía quién era. Lo escuché y pues yo era un chamaco, pero ese tío me dijo que era un gran actor, que ojalá hubiera muchos como él, porque decía lo que la gente no podía, aunque siempre se metía en broncas y se lo llevaban al “bote” por hablar mal de los políticos; y aunque no lo creas eso se me quedó grabado.


¿Por él se decidió por la comedia sociopolítica?

Sí y no. Fue gracias al Instituto de Capacitación de la Industria de la Construcción. Para poder comer hice cortos de circuito cerrado para trabajadores de esa industria: yeseros, albañiles, carpinteros, plomeros, etcétera, donde les dábamos clases muy bonitas con comedia y lenguaje popular de cómo se hace la bovedilla, poner el cemento, hablarles de alcoholismo y de que la mano de obra no pude irse a Estados Unidos, así nació mi inquietud.


Así que su camino se definió...

Vengo de la raza, del pueblo, soy “ñero” de la colonia Obrera, del barrio de Xocongo, acaso un pinche “ñerito” venido a más, pero son mis raíces. Por lo que padecían y padecen aún mis hermanos, me dije: “¡Este es el camino!, voy a decir la verdad a través de personajes y de la comedia”, porque referirse en serio a nuestra problemática no habría quién lo aguantara, nos dirían: “No me estés chingando hijo, bastante tengo”, y en 1985 surgió el bombazo del programa ¿Qué nos pasa?, que a la fecha lo sigo pagando caro.


¿Por qué?

El programa lo veía mucha gente, pero pasó algo extraño, ya no me dejaron hacerlo y empezaron a marginarme y hacerme fama de actor problemático, conflictivo, y pues no. Me hizo daño haber dejado que mi sociedad mexicana tomara conciencia y decirles sus deberes, obligaciones y sus derechos, no le gustó al gobierno. A la fecha soy un actor marginado que tiene que buscar su comida fuera de su país porque es muy difícil que me den trabajo aquí.


¿De plano lo echaron de la televisión mexicana?

Muchas firmas dependen de las dos empresas (Televisa y Azteca) y por eso les da miedo darme chamba, ¡pero me la van a seguir pelando!, yo sigo teniendo trabajo, todo. ¿Que me gustaría trabajar más en mi país? Claro, aunque ahora, junto a Nando Estevané, quien también es marginado de la televisión, lanzaré a finales de año o principios de 2015 un canal de tv que se verá por Total Play y Cablevisión, ¡porque soy un hombre libre!


Así que sigue de Milusos...

Así es. Recuerdo que la primera película la hice en 1981 y la segunda en 1984, con Roberto G. Rivera, fueron películas que 10 años antes no nos las dejaron hacer… lamentablemente en México aún hay demasiados Milusos.


¿México no ha cambiado?

Voy a decir algo muy triste, que me puede mucho, no me gusta, pero si hoy transmitieran ¿Qué nos pasa?, sería vigente, porque no hemos cambiado, al contrario, va de mal en peor. El programa pasa ahorita y las nuevas generaciones tomarían conciencia, lo que pasa es que como el gobierno está coludido con la televisión y viceversa, mejor hay que dejar callado a este güey, entre menos lo movamos, mejor, no queremos que despierte conciencia… ¡este güey es incómodo!


¿Se considera un líder de opinión?

El actor se vuelve líder de opinión, yo me considero así, pues todo lo que he dicho trascendió, trasciende y trascenderá. La gente sigue diciendo “¡No hay!”, se acuerdan de (los personajes) Zoila o El Picudo. Hay jóvenes que me han dicho: “Mi papá me pone a ver sus programas, ¡hasta mi abuelito!”, y eso me enorgullece.


¿Su papel en la cinta Mecánica Nacional le dio un Ariel en 1977 ¿Cree en los premios?

Hacer ese tipo de personajes me encanta porque con ellos puedes decir algo muy importante, porque detrás de esa aparente picaresca mexicana, aparente comedia mexicana, aparente simpatía, hay un drama. Hubo un México, México ra-ra-ra (Gustavo Alatriste 1976) y Lagunilla mi barrio (Raúl Araiza 1981) y su segunda parte (Abel Salazar 1982), entre otras, y es esa inquietud social que tengo para trabajar. El premio es el reconocimiento del público, ojo, no es “mi público”, me da mucha vergüenza cuando escucho a alguien decirlo, ¡pues cabrón, cuánto te costó!


¿Cómo alimenta su imaginación para crear personajes?

Leo de todo, últimamente me he inclinado a la física cuántica, cuestiones espirituales. En febrero de 2015 lanzaré el libro Las águilas vuelan solas y los ojetes en parvada, donde estará gran parte de mi vida. Lo interrumpí por mi show en el Blanquita, y ahí se verá qué tanto he leído o no. Soy una persona que siempre tiene en la mano un libro, pero para no pecar de mamón, no digo títulos, leo lo que me cae y hago mi análisis propio, absorbo lo maravilloso del autor, y desecho lo demás, como la Biblia, que está hecha con cosas muy hermosas, pero también llena de mentiras, le han metido mucha mano.


¿La puesta de ¡Estoy loco! es una síntesis de lo que ha hecho en su carrera?

Un compendio, un fragmento, pues en dos horas no daría tiempo, pero de todas las cosas que he hecho, obras de teatro, cabaret y revista, aquí verán 15 personaje, hay coreografías, coros, hago de todo, bailo rock, danzón...


Muy parecido a lo que se hacía en las desaparecidas carpas...

Sí, quiero revivirla, al igual que la revista, el pretexto es una obra que hice hace 20 años y que se llamó así. Arranca con un texto donde entra el maestro Carlos Ancira y me dice: “¡Párele, don Héctor!, no me convence, no le creo nada, está hablando muy falso, déle más veracidad, créalo…”, y tiene su base en la obra Un hombre que hacía llover, que también hice hace tiempo. Menciono que el actor aprende todos los días y cómo comprendí mi profesión, también al gran Jesús Martínez Palillo y le digo a la gente: “Usemos nuestra imaginación y vámonos a aquella época, a la carpa y a la revista, qué harían mis personajes con la problemática actual, pero con el concepto moderno de la carpa”.


¿Extraña trabajar en México?

Me da penita no poder hacerlo después de estar en Estados Unidos, Colombia, Venezuela. Tiene muchos años que no trabajo en una revista así, pero siempre me ha gustado el arriesgue, soy innovador, no me voy a lo fácil. Me pongo una partida de madre en el escenario, pero no me importa, mi trabajo lo hago como en el amor, con pasión y respeto antes que nada al público, que lo amo, quiero y respeto como me respeto a mí mismo, a mi profesión y a mi carrera, veremos qué pasa, que Dios me ilumine y cuide.


Hábleme del Héctor Suárez padre de familia...

Estoy orgulloso de los cuatro. Una persona inteligente no hace distinciones entre ellos. Héctor, de 45 años, es un chamaco tan inteligente que me ha rebasado culturalmente, ya tenía una hija y hace tres semanas me dio un nieto. A Julieta, de 42, lamentablemente no la tengo junto a mí, pues vive en Estados Unidos y también me dio una nieta. Mi tercer hijo tiene 16 y estudia en México, y también tengo una nenita de tres. A cada uno le doy la atención que debe tener, nos mandamos mensaje o llamamos siempre. Tengo una esposa maravillosa, extraordinaria, tuve una esposa y una mujer extraordinaria, fuera de serie, Pepita Gomís, la madre de mis dos hijos primeros, cada una es diferente, pero son señoras hermosas que las amo, la vida ha sido muy bondadosa conmigo, me ha dado todo.


Comentó que es usted politécnico, ¿qué piensa del movimiento actual?

Estoy con ellos. La gente ya está cansada de tanta porquería y por eso sale a las calles a manifestarse. Hoy vivimos en un país ensangrentado y eso me duele. En mi libro hablo de mi encuentro con Carlos Salinas de Gortari en Los Pinos, de cuando me saludó diciendo: “¡Que pasó, mi actorazo!, no hay, no hay… ne no rras…”. La verdad es un tipo inteligente, lástima que esa inteligencia no la usó para ayudar al pueblo.


¿Qué piensa de quien lo califica de pedante y mezquino?

Cuido mucho mis pensamientos, no guardo rencor ni resentimientos, no le permito eso a mi alma. Si empiezas a pensar pendejadas, a sentirte abandonado y señalado, te envenenas y hasta te da cáncer, por eso digo que me la pelan y seguirán pelando. Tengo a Dios conmigo, soy un meditador desde hace 25 años, en casa tengo un templo de meditación, soy un hombre muy espiritual, que está acompañado siempre, no me siento solo. Al inhalar y exhalar está entrando Dios conmigo, Él está más cerca de mí que mi aliento; mientras yo sienta todo esto, el amor de mi vida, de mi familia, la alegría, felicidad y la paz en la que vivo, lo demás me la persigna.