“Mi orgullo es el bien que he causado a los demás”: Gustavo Santaolalla

A finales de los sesenta inició su carrera en Arco Iris, grupo pionero del rock sudamericano.

Ciudad de México

Ha producido cerca de un centenar de discos, algunos de bandas tan influyentes como Café Tacvba, Divididos, Maldita Vecindad y Bersuit Vergarabat. Es de los pocos músicos que pueden presumir de haber ganado dos premios Oscar. Hablamos de Gustavo Santaolalla, un argentino indispensable para entender el desarrollo del rock latinoamericano y líder indiscutible del grupo Bajofondo.


Siempre hay algo de tango en su música, ¿es así de intenso?

Un poco nada más. El tango tiene el espíritu de un alma desgarrada y eso depende de las acciones de otro, pero sobre todo de uno mismo. El alma bien puede tener una concepción metafórica muscular y como tal se desgarra, pero lo más importante es saber que siempre se cura.


¿Y usted cómo se las cura?

Tratando de entender por qué ocurrieron y después corregir lo que se puede. Me las curo también haciendo música. Crear tiene un beneficio terapéutico porque me hace pensar que mi trabajo causa placer a los demás.


El arte es sanador entonces…

En mi caso sí, la música tiene una conexión particular con el alma de las personas.


¿Usted encontró a la música o ella lo encontró a usted?

En realidad no creo que haya separación, al menos en mi caso, pero entiendo que hay gente que tiene una epifanía y cambia todo. Mi historia es distinta, mis padres eran consumidores de música, empecé a tocar la guitarra a los cinco años, así que desde siempre ha estado muy ligada a mí.


¿Su carrera es lo que se imaginaba de pequeño?

No invierto mucho tiempo en mirar hacia atrás, pero cuando lo hago veo una trayectoria importante y ciertos logros. Nunca tuve un lugar así de específico donde me imaginaba estar, lo que sí tuve desde chico era una intuición que me permitía saber que en algún momento conectaría con mucha gente. Afortunadamente he sido parte de cosas y de proyectos que han afectado la cultura de muchos lugares de Latinoamérica.


¿La familia siempre creyó en usted?

La gente cercana siempre ha estado, pasé momentos muy difíciles cuando salí de Argentina y llegué a Estados Unidos. No tenía para comer ni pagar el alquiler.


¿Alguna vez pensó en tirar la toalla?

Sí, creo que todos en algún momento bajamos los brazos. No sería humano si no tuviera periodos de debilidad. Afortunadamente mi disciplina es la de una persona que afronta la adversidad.


¿Le preocupa el futuro?

Me ocupa el día de hoy, pienso en la entrevista que hacemos  y quizá en lo que haré el resto del día, planeo algunas cosas que haré a lo largo del mes o del año, pero hasta ahí. El camino se va haciendo y suelo dejarme guiar por la intuición que es mi especie de antena. A veces no se cómo llego a ciertos lugares, pero una vez que estoy ahí lo disfruto. Una de mis máximas es: “No se hacia dónde me dirijo pero no me aguanto las ganas de llegar ahí”.


Si su padre le pidiera que le mostrara algo de lo que se siente orgulloso, ¿por dónde empezaría?

Soy agnóstico y como tal no me imagino esa situación. Pero haré un intento por salir al paso. Más que orgulloso estoy agradecido de lo que me ha tocado vivir, de la gente con que me he conectado. Mi orgullo es el bien que causo a los demás. Es importante saber que los premios se entregan al trabajo no a uno, y al menos en mi caso, el trabajo involucra a otras personas no solo al individuo.



Nació en 1951 en El Palomar, Argentina. A finales de los sesenta inició su carrera en Arco Iris, grupo pionero del rock sudamericano. Es productor de la banda sonora de cintas como Brokeback Mountain, Diarios de motocicleta, Babel y El libro de la vida. Es fundador del grupo Bajofondo, cuyo disco más reciente es Camino. Actualmente trabaja en el musical inspirado en el filme Ellaberinto del fauno.