Gravity: los sonidos del silencio

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Musicópata (Especial)

Ciudad de México

La película Gravity del mexicano Alfonso Cuarón está nominada en 10 categorías para el premio Oscar. Es evidente que las de Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actriz y Mejor Fotografía son las que más llaman la atención. Pero no podemos dejar de considerar la nominación por Mejor Partitura Original, que en el aspecto musical es muy importante y yo creo que será la ganadora gracias al formidable trabajo realizado por el compositor inglés Steven Price.

Las cintas ambientadas en el espacio plantean un serio problema para los directores porque en el espacio no hay aire y el sonido no tiene medio para desplazarse. Lo que existe es el silencio absoluto.

En Gravity, Cuarón optó por la seriedad científica pero usó hábilmente la música para comunicar la historia. Por ejemplo, cada vez que en la pantalla se ve una colisión violenta no se escucha una explosión sino que el público recibe un estruendo sónico hecho a base de música. Lo mismo hizo para expresar las emociones de ansiedad, claustrofobia y agorafobia que viven los personajes y —por extensión— el público: la música habla por ellos.

Mucho de lo que se ve en Gravity es aterrorizante. Y como el público no puede escuchar el horrible crujido de un transbordador espacial cuando se rompe a pedazos y otras situaciones igualmente espeluznantes, Price tuvo que llenar el vacío sonoro con una partitura capaz de crispar los nervios.

Cuarón ordenó al compositor que evitara los chichés sonoros ya tan trillados de las películas de acción en los que generalmente la música compite con explosiones, choques, detonaciones y más efectos. Además, le prohibió usar instrumentos de percusión —tambores, platillos, timbales— para expresar el dramatismo. Por consecuencia, Price se vio obligado a rebasar lo común y corriente. Así, en las secuencias de acción donde hay explosiones tuvo que representarlas por medio de música. Lo mismo tuvo que hacer para expresar los sentimientos y emociones de los personajes que, en la aislante soledad silenciosa, no podían hacerlo con palabras. Price mezcló sonidos orgánicos y electrónicos para fusionar el mundo natural del espacio con el mundo mecánico de la exploración espacial.

Pero tal vez el sonido más interesante en Gravity es uno que —como un grito en el espacio— no puede oírse conscientemente en la película. Es un silbido efervescente que se creó cuando Price filtró el sonido de una trompeta a través de un viejo sintetizador. El sonido resultó impactante pero quemó los circuitos del sintetizador, destruyéndolo. En medio de la acción de la película es difícil fijarse en ese sonido, pero se escucha claramente en el CD del soundtrack al final del tema titulado “ISS”. En el track se oye el momento en que el sintetizador está muriendo. Es un sonido único que nunca más podrá volverse a crear.

Tan espectacular como la parte visual de la película, su innovadora pista sonora merece el Oscar. Esta música es tan importante que otras nominaciones del film —incluyendo la del mismo Alfonso Cuarón— pueden deberse a ella. La partitura de Steven Price ganará el Oscar el próximo 2 de marzo, ya verá.