Godzilla en el siglo XXI

Función dominical.
Godzilla
Godzilla (LEGENDARY PICTURES)

Ciudad de México

En 1998 Roland Emmerich (a la sazón famoso director de cine de acción por el éxito que tuvo Independence Day en 1996) se propuso renovar Godzilla con un eslogan que traía consigo la jiribilla del albur: “Mientras más grande, mejor”. El eslogan prometía, claro, que el monstruo que Emmerich entregaría al cine sería el más grandote, el más temible, el más… desangelado. Con o sin albur en el eslogan, la enseñanza de aquel fallidísimo Godzilla parece haber sido que en el fondo no es tan importante el tamaño como jugarlo bien. Y jugar bien (con la trama, se entiende) es algo que aún los más amargos enemigos del cine de acción tienen que aceptar que logra la nueva versión de Godzilla. La dirigida por Gareth Edwards. Para comenzar, Edwards está interesado más en los monstruos que en el patrioterismo chambón de Emmerich así que el Godzilla de este año es eso, un revival del monstruo japonés y no un fallido pretexto para exaltar el imperialismo gringo.

La película comienza con un delicioso toque de nostalgia: estamos en los sesenta, la década del Godzilla original. Japón vive todavía el recuerdo del horror del ataque atómico que perpetró sobre población civil el ejército de los Estados Unidos. Y Godzilla, el original, tiene algo de ello: un miedo al “monstruo” que despertó con el nacimiento de la tecnología nuclear. Esta historia, sin embargo, se corta repentinamente en aquel tiempo y nos devuelve a esta segunda década del siglo donde comienzan a surgir casi sin que nos demos cuenta, los personajes clásicos de este género de cine: el científico loco, el militar un poquito traumado y por supuesto la milicia sin escrúpulos. Gareth Edwards ha conseguido sin duda lo que Emmerich no pudo, revivir a ese monstruo japonés que tanta adrenalina inyectó en los jóvenes cinéfilos de la década de los sesenta. Y lo hace, me parece, habiendo aprendido del gran cine de los Estados Unidos. El suspenso que consigue Edwards por momentos debe más al Tiburón de Steven Spielberg que a todo el cine de desastres que Hollywood nos ha espetado desde que los productores se dieron cuenta que destruir ciudades en la pantalla es un deporte que atrae público al por mayor.

Tres son las estrellas de esta película, que aunque no es una obra maestra no está mal. Ishiro Honda, creador original del monstruo de la pisada dura merecía sin duda que su creación renaciera en tiempos del cine digital. La imagen es la segunda estrella. Más allá de las ciudades destruidas, el director ha conseguido un diseño de producción que hace que efectivamente brille en el cine todo el poder del cinematógrafo que, a veces se olvida, no solo es un arte narrativo, también es un arte visual. La tercera estrella es el suspenso. Y por eso decía que más debe Edwards a Tiburón que a todo el cine de monstruos de la industria. El monstruo se adivina, se teme. El director se regodea en nuestra necesidad infantil de mirar lo que estamos temiendo. Pero Godzilla no aparece… Hasta que lo hace con la grandiosidad que se merece.

 

Godzilla. Dirección, Gareth Edwards. Guión, Max Borenstein y Dave Callaham. Fotografía, Seamus McGarvey. Música, Alexandre Desplat. Con Aaron Johnson, Elizabeth Olsen, Bryan Cranston y Juliette Binoche. Estados Unidos, Japón, 2014

@fernandovzamora