[Función Dominical] La Nueva Ola de Noé

El guión se hunde completo aunque al director le sirve como pretexto para filmar una escena memorable: la del mito de La Creación según el Génesis que recuerda obras como 2001 y El árbol de la vida.
Locación de la película Noé
Locación de la película Noé (Cortesía)

Ciudad de México

Noé de Darren Aronofsky es un collage de mitos e ideologías que incluyen, pero no se limitan a, la Biblia (el Tanaj hebreo), el Gilgamesh y una gota de ecologismo radical. Todo ello se macera con historias de amor ciento por ciento hollywoodenses que impiden que el arca navegue. El guión se hunde completo aunque al director le sirve como pretexto para filmar una escena memorable: la del mito de La Creación según el Génesis que recuerda obras como 2001 de Stanley Kubrick y El árbol de la vida de Terrence Malick.

Con todo y todo, Noé tiene dos o tres cosas interesantes, la clave está en disponerse a perder dos horas dilucidando qué fumaron los guionistas a cambio de una que otra escena visualmente impactante. También valen la pena: 1) La confirmación de que el Génesis sigue teniendo espacio para toda clase de interpretaciones, aún las más descabelladas. 2) Una explicación para el sentido de la existencia del humano en el mundo, a saber: consolidarse como custodio de La Creación. Esta idea tan propia del pensamiento judeocristiano, resulta más profunda de lo que parece, pues la humanidad se vuelve copartícipe de la creación del universo con lo que adquiere, queriendo o no, dignidad casi divina. 3) Una explicación para el mal en el mundo: haciendo pasar bajo el arco del triunfo todas las Escrituras en torno al mito de Noé y su arca salvadora, Aronofsy y su guionista introducen aquí a un malo muy malo que en la Biblia judeocristiana se menciona nomás de pasadita. El creador del hierro y el cobre representa en esta película al capitalista por excelencia, el industrial voraz y egoísta que no se ha dado cuenta de que los animalitos del mundo tienen tanto derecho a vivir como nosotros. Sí, el mismo malo que tanto le gusta a Hollywood. Este último punto conecta con lo peorcito de Noé. A saber: 1) una moraleja simplista en la que todos los males humanos se reducen a estar contaminando el mundo. 2) un Noé que parece salido de panfleto de Green Peace y 3) Historias de amor que no pegan ni con lo profundo del mito bíblico ni con la que pareciera ser la preocupación más legítima del director: demostrar que hay en el Génesis material suficiente como para ser reinterpretado en este nuevo y movido mundo.

Cuando supe que Aronofsky, autor de obras tan potentes como Pi y Réquiem por un sueño, iba a dirigir una película sobre Noé y su arca, pensé que el héroe (interpretado aquí por Russell Crowe) sería uno de esos locos luminosos que abundan en su filmografía. Pero no, Crowe termina por ser el arquetipo de padre de familia conservador en la sociedad estadunidense, un Picapiedra que se las da de místico. No ayudan tampoco las greñas de Anthony Hopkins en el papel del sabio loco de la montaña (Matusalén) ni los ojillos coquetones de los hijos de Noé. Al final todo resulta un pegote desafortunado que no es ni suficientemente visual como para competir con El señor de los anillos ni suficientemente profundo como para recordar que el mismo Aronofsky dirigió hace cuatro años El cisne negro.

Noé (Noah). Dirección: Darren Aronofsky. Guión: D. Aronofsky y Ari Handel. Fotografía: Matthew Libatique. Música: Clint Mansell. Con Russell Crowe, Jennifer Connelly, Anthony Hopkins, Emma Watson. Estados Unidos, 2014.