La verdadera historia de Frank Zappa

“Hemos optado por un sistema autoritario disfrazado de democracia. Pagamos lo indecible por un inmenso gobierno, dejamos que nos pisotee y luego nos preguntamos cómo llegaron allí esos cretinos”, ...
La policía fabricó un caso de pornografía en contra de Frank Zappa para encarcelarlo seis meses.
La policía fabricó un caso de pornografía en contra de Frank Zappa para encarcelarlo seis meses. (Malpaso)

España

Ante la proliferación de “libros estúpidos” en varios idiomas que hablaban sobre el legendario Frank Vincent Zappa, el guitarrista y compositor decidió a finales de los años ochenta que debía haber al menos uno que tratase temas reales. Se propuso así, con la ayuda de Peter Ochiogrosso, la para él poco apetecible tarea de escribir unas memorias que trataran no su historia completa ni su autobiografía, sino asuntos tangenciales relativos a su vida con el único y sano propósito de entretener al personal interesado. Nació así el libro The real Frank Zappa Book, que 25 años después de su edición en inglés aparece por fin en nuestro idioma con el título de La verdadera historia de Frank Zappa editado por el sello Malpaso.

Se trata de una obra cargada de ironía e inteligencia, en la que se revela el universo zappiano de forma directa y sin anestesia. De ascendencia siciliana, griega, árabe y francesa, a Zappa (1940), hijo de un meteorólogo que trabajaba en una base militar donde fabricaban gases venenosos, le gustaba la química en su infancia, pero era malo en matemáticas y ciencias.

A los 12 años empezó a sentir curiosidad por tocar la batería y hacia 1956 ya tocaba en una banda de R&B de su instituto: Los Ramblers. Su primera actuación fue en un local llamado Uptown Hall de San Diego, y él y su banda cobraron siete dólares en total. El primer LP que compró, a mediados de los cincuenta, fue Isolation, de Edgar Varése, que marcaría su vida y obra de forma definitiva. “Como no había estudiado música, para mí era lo mismo escuchar los discos de Ligthwin Slim y The Jewels o de Webern, Varése o Stravinsky. Para mí todo era buena música”, dice Frank.

En 1959, un ex profesor suyo, Don Cerveris, escribió el guión de la película del oeste Run Home Slow, y apoyó a Zappa para que le encargaran la banda sonora de la cinta. Así compuso Frank su primera obra.

El ya músico se casó por vez primera a los 20 años con una chica llamada Kay Sherman; a partir de entonces tuvo que buscarse la vida primero en una empresa de tarjetas de felicitación y luego escribiendo y diseñando anuncios para empresas locales, como escaparatista, vendedor de joyas y de enciclopedias, lo que le permitió “saber cómo funciona toda esa mierda de las ventas”.

Tocaba por entonces en una banda llamada Joe Perrino y The Mellotones, donde ya ejecutaba la guitarra, y conoció a Les Paul Buff, quien había fundado el Pal Recording Studio en Cucamonga, California, donde trabajó e incluso escribió y tocó en un tema instrumental que fue cara B del célebre “Tijuana Surf” (¿se acuerdan?) que se editó con el nombre del grupo The Hollywood Persuaders.

En 1963 Zappa cobró un buen dinero por la banda sonora de Run Home Slow y le compró el estudio a Buff, se divorció y se mudó ahí, comenzando a grabar como un descosido hasta 12 horas diarias. El Estudio Z le valió a Frank un proceso judicial orquestado por la policía californiana “por conspiración para cometer actos pornográficos”, asunto que le costó seis meses de cárcel y tres años de libertad condicional.

El día de las madres de 1964 nació oficialmente The Mothers, a raíz de la unión de Zappa con Ray Collins, Jimmy Carl Black y Roy Estrada, miembros de Soul Giants. Y tras una temporada saltando por clubs donde se abrían paso las bandas del momento, Las Madres fueron escuchadas por Tom Wilson, quien les ofreció su primer contrato. Así, en 1965, grabaron Freak Out!, y vino la cuestión de que las radios, cuando se publicó el disco en 1966, no iban a poner en antena a un grupo llamado Las Madres, y “haciendo de la necesidad virtud”, se rebautizaron como The Mothers of Invention. Todo mundo creía que Zappa se atacaba de sustancias y refrigerios químicos. Pero no. El músico cuenta que quisieron dejarlo fuera por no hacerlo. Impertérrito, Zappa siguió con sus obligaciones como “pendejo oficial del grupo”.

Comenzaron su primera gira en aquel 1966, y en 1967 conoció a Adelaide Gail Slotman, hermosa secretaria de cara y mirada angelical que trabajaba en un club llamado Whisky a-Go-Go. Fue un flechazo y con ella viviría el resto de su vida.

Cuando grababa su segundo LP, Absolutely Free, Zappa empezó a desconfiar de las disqueras porque hacían toda clase de triquiñuelas para ganar dinero, “pero todo el mundo se lo estaba pasando tan bien en la tierra del Flower Power que no se enteraban de que se la estaban metiendo doblada”. Ese fue el principio de sus desavenencias con las disqueras, lo que le llevaría a denunciar, en 1984, a los dos gigantes de la industria, CBS y Warner.

En 1968 disuelve a Las Madres y comienza a dar conciertos y grabar discos por su cuenta: Hot rats, 200 Motels, Just another band from LA, Waja/Jawaka o The Grand Wazzo, estos tres últimos mientras convalece de una caída en un foso provocada por un pirado que le dio un puñetazo en el escenario del Rainbow inglés.

Respecto a su concepción de la música y del oficio, Zappa dice que la composición es “un proceso de organización muy parecido a la arquitectura”, y define su obra como un “proyecto/objeto” con un estilo determinado por ciertas palabras, imágenes pictóricas y temas melódicos que aparecen a lo largo de sus discos, entrevistas, películas, vídeos y estas memorias.

Es realmente interesante su concepción de la música en vivo, que define como “un tipo de escultura” que se va haciendo en el espacio de la actuación, y su método de escritura musical, para lo que emplea un sistema de pesos y equilibrios, así como tensiones y descargas similar a la estética de Varése.

Pero en estas memorias no podían faltar, desde luego, algunos apuntes sobre la guitarra. “A quien más se acerca mi estilo es a Guitar Slim, un guitarrista de blues de los años cincuenta”, apunta Zappa, quien aprendió de este músico su actitud de ataque y machaqueo y fue un pilar estético, indica, para el estilo que acabó desarrollando y que también, confiesa, debe a referentes como Johnny Guitar Watson y Clarence Gatemouth Brown.

Casi como coda final, hay que destacar la sinceridad de Zappa, quien se lanza a la piscina con ropa y no le importa mojarse. Por ejemplo, destaca que en los años sesenta se grabó y distribuyó cierta música de naturaleza experimental gracias a unos viejos con puro en la boca que tuvieron el valor de sacarla a la luz a pesar de que no la entendían. El problema llegó, afirma, cuando esos viejos fueron sustituidos por los que aparentemente sabían de qué iba el rollo, pero no tenían el valor de arriesgarse. Y “las cosas no mejorarán hasta que esos mamones (que se pasan el día mirando a los demás por encima del hombro) vuelvan a Plaza Sésamo”, remacha.

Zappa saca las garras y critica abiertamente un mundo que no le gusta: “Diría que hoy la honradez no es la norma, sino la excepción. Puede que, estadísticamente, haya gente más honrada. Pero los pocos que manejan el asunto no lo son, lo cual desequilibra la balanza. (…) Les hemos permitido a todos que se salgan con la suya porque no tenemos la honradez necesaria para reconocer el hecho de que un puñado de gente muy mala nos controla y manipula”.

Pero Zappa no va de sermoneo y hace humor todo el tiempo. Cuenta anécdotas de sus giras; lanza dardos a los críticos y periodistas de rock; declara que le gusta el tabaco, el café y la pimienta; recuerda a sus hijos Dweezil, Moon, Diva y Ahmet y a sus mascotas (un perro, un gato y una cacatúa); hace un enconado discurso contra la censura; habla de los imbéciles (“si tu vida acaba siendo triste y aburrida porque le hiciste caso a tu madre, a tu padre, al cura, a uno de la tele, a alguna de las personas que te dicen cómo ir por ahí, entonces te lo mereces. Si quieres ser imbécil, sé imbécil, pero no esperes que la gente te respete: un imbécil es un imbécil”), desmenuza críticamente el fundamentalismo religioso yanqui y mete mano al tema de las drogas (no olvidemos que esto lo escribió en 1989): “La prohibición actual (de las drogas) ha producido cárteles juerguistas internacionales que ganan pasta suficiente como para financiar la toma hostil de cualquier compañía del planeta. Cariño, cada raya que te has metido en la nariz (al menos desde enero de 1980) ha contribuido a crear la base económica de un gobierno mundial secreto”.

Zappa era un hombre politizado y actuaba en consecuencia, incluso asistiendo a sesiones del Congreso, enviando cartas a políticos y haciendo activismo real ahí donde podía. Algunas de sus ideas permean todo el libro. Pero hay una conclusión directa que vale la pena destacar:

“Hemos optado por un sistema autoritario disfrazado de democracia. Pagamos lo indecible por un inmenso gobierno de chiste, dejamos que nos pisotee y luego nos preguntamos cómo han llegado allí todos esos cretinos”.

Casi para terminar, Frank nos cuenta sus fracasos en proyectos tan visionarios como el cine en 3D, los cd, una especie de suscripción para obtener música (¿iTunes?), una escuela nocturna para ttv o una ópera futbolística para el mundial de 1990.

Para cerrar el libro, el gran Zappa cita a Cicerón: Alios Vidi Ventos Aliasqve Procellas. O lo que es lo mismo: “Otros vientos he visto y otras tempestades”. Su muerte, acaecida el 4 de diciembre de 1993, cuando le faltaban pocos días para cumplir los 53 años, dejó un enorme cráter en la música contemporánea. Y visto el panorama, no hay en estos momentos quien le llegue a los talones.