“En México no hay ningún político rescatable”: Rafael Sánchez Navarro

De atender la dulcería en el teatro de la familia viajó a Londres para estudiar actuación. Hijo de Manolo Fábregas, el intérprete se ha labrado una larga carrera en cine, teatro y televisión. 
Sanchez
(Cortesía)

Ciudad de México

A Rafael Sánchez Navarro le gusta pensar que vino al mundo a regalar alegrías. Asegura no mentir cuando dice que pasó toda la vida esperando un protagónico como el de la cinta, Huérfanos, donde interpreta a Melchor Ocampo.

¿En qué se parece a Melchor Ocampo?

No sé, en plan de broma te diría que en los ojos azules. Ya más en serio, ambos somos soñadores, solo que en diferentes proporciones. No podría compararme con él.

Melchor Ocampo peleó por un Estado laico ¿Qué tan creyente es usted?

Siempre he creído en Dios pero siempre he dudado de la Iglesia por algunos de sus representantes. Fui alumno en el Instituto Cumbres y de niño mi abuela me llevaba a misa todos los domingos, de aquella enseñanza me queda la fe.

¿Ubica a algún político del tamaño de Melchor Ocampo?

Ninguno, ¡por Dios! El gran problema de México es que nuestros políticos olvidaron a quienes dieron la vida por el país. Ahora la nación está lastimada por culpa de los partidos políticos.

¿A qué político le mandaría la película?

A todos, para que no olviden a los grandes seres humanos que hicieron a México. No encuentro a ningún político rescatable y mira que leo los periódicos. Si comparas a los de ahora con Zapata, Hidalgo, Pancho Villa, ves la carencia de líderes.

Bisnieto de Virginia Fábregas, hijo de Manolo. ¿La actuación se hereda?

Somos cinco hermanos y solo yo me dediqué a esto. Al paso de los años me queda claro que me tocaba a mí tomar la estafeta. Desde chico fui muy extrovertido; a los 10 años imitaba a Raphael, a los siete años ayudaba en la dulcería y los camerinos. A los 17 años descubrí mi vocación para estudiar teatro.

¿Qué le aprendió a su padre?

Empezaría por decir que él me daba opiniones pero me dejaba tomar las decisiones. Aprendí disciplina y entrega al trabajo, el respeto al público y a los compañeros. Me enseñó que quien deja de soñar se muere en vida.

¿Era enérgico?

No, era tajante cuando era necesario. No se tocaba el corazón a la hora de correr a un actor que se subía a un ladrillo y se mareaba.

¿A qué actor tiene en un altar?

A Peter O’Toole desde siempre. En nuestro país tenemos a gente como Manolo Fábregas, Héctor Bonilla, José Alonso, Demián Bichir. Entre las nuevas generaciones tenemos gente muy preparada como Diego Luna o Gael García Bernal.

¿El trabajo y la profesión antes que la familia, incluso?

Claro. Soy el segundo Rafael de mi familia, el primero murió al año y medio. Mi tía Irene me decía que vine a este mundo a curar dolores porque yo era un niño muy alegre. Decía que por eso me dediqué a esto. Me gusta esa descripción e intento entretener con historias.

¿A estas alturas qué le pide a un papel?

Uno tiene que trabajar para pagar la renta y el teléfono, pero siempre esperas los grandes proyectos. En teatro sobre todo, he podido hacer grandes personajes. Pasé toda la vida esperando un personaje como el de Melchor Ocampo.

RECUADRO

Nació en la Ciudad de México en 1958. Estudió en el NEETC & School of Art de Inglaterra, en Los Ángeles Valley College y en la Academia de Bellas Artes. Debutó en 1979 con la obra de teatro Yo soy una buena madre judía. Ha participado en más de 20 telenovelas, una decena de obras de teatro y en filmes como Cuarteto para el fin del tiempo, Corazones rotos, Arráncame la vida y La cabeza de Buda.