Mito: Elvis escapó en 1977

Musicópata.
Elvis Presley,
Elvis Presley, (Especial)

Ciudad de México

Uno de los mitos clásicos del rock es el que dice que Elvis Presley no murió el 16 de agosto de 1977, sino que fingió su muerte para escapar de la prisión en la que su fama lo había encerrado, que todo fue un montaje para que él pudiera vivir libre, alejado de presiones y gozando de una vida normal bajo una nueva identidad.

Como sucede casi siempre que un artista famoso muere de forma inesperada, corrió el rumor de que se trataba de un engaño. Abundan otros casos parecidos, pero en torno al fallecimiento de Elvis el mito se vio alimentado por una serie de circunstanciales extrañas.


El acta de defunción siembra dudas.

En ella se asienta que su peso era de 97 kilos, cuando a la vista de todos Elvis pesaba por lo menos 120 kilos con su 1.97 de estatura.

Los rasgos del cadáver no corresponden.

El mito dice que dentro del ataúd estaba una figura de cera. En la única foto del cadáver, tomada por el National Enquirer, se aprecia que los rasgos no corresponden a los de Elvis: la nariz se ve chata y aplastada, las cejas no tienen la misma curvatura, la barbilla es más corta y los dedos son gruesos con las uñas más anchas.

Su nombre está mal escrito en la tumba.

Presley fue bautizado como “Elvis Aron”. Durante toda su vida usó el segundo nombre con una sola “A”. Así está en sus actas de nacimiento y matrimonio, en la cartilla del servicio militar y en contratos, en todo, menos en su tumba donde está escrito “Aaron”, con doble “A”. La leyenda supone que en la tumba no está el cuerpo de Elvis Aron Presley y que se puso mal el nombre para evitar malos augurios.

Al final cambió su testamento.

Cinco meses antes de morir Elvis redactó un nuevo testamento. Le dejó todo a su hija Lisa Marie y quitó a parientes y amigos a quienes había prometido dejarles algo. Se dice que Presley necesitaba todo su dinero para llevárselo a la nueva vida que pensaba desarrollar en otra parte.

Nunca se ha cobrado su seguro de vida.

Se dice que la familia nunca reclamó el pago para evitar que la compañía de seguros hiciera una investigación que obligara a certificar la muerte de Presley. Se evitó así la realización de una autopsia a fondo que podría haber revelado que el cadáver no correspondía al del Rey del Rock.


Hay muchas otras cosas que contribuyen al mito: que delató artistas drogadictos para ser considerado testigo protegido y obtener así otra identidad, o que el excesivo peso del ataúd se debió a que dentro tenía un aparato de aire acondicionado para que no se derritiera la figura de cera.

Esta leyenda urbana ha ido perdiendo vitalidad ante el hecho de que Elvis, aunque no hubiese muerto cuando se dijo, nació en 1935 y estaría llegando a los 80 años el próximo 8 de enero. Y dado el deterioro que mostraba ya en 1977, hoy difícilmente seguiría vivo.

Se han dado explicaciones razonables para todos los elementos que avivaron el mito, pero la fascinación de la gente ante la posibilidad de algo extraordinario atrae mucho más que la simple verdad. Por ello todavía hay quienes esperan ver a Elvis cualquier día. Su anhelo seguramente se hará realidad, pero en la otra vida.