“No persigo el estrellato ni tengo interés por la fama”: Elizabeth Meza

Su discografía incluye los cd: La célula que explota, La voz que cautiva el alma, Nocturnal y Tenderly.
Elizabeth Meza
Elizabeth Meza (Lado B)

Ciudad de México

Alta y entrona como buena norteña, Elizabeth Meza ha navegado con soltura en diferentes océanos musicales. Ha sido corista de Willie Colón, de Ricardo Arjona y Deep Purple. Al margen de sus colaboraciones, que presume cual medallas, ha construido una sólida carrera con siete discos, siendo Original el más reciente, mismo que presentará el 4 de septiembre en el Lunario del Auditorio capitalino.


¿Por qué no había grabado sus composiciones?

No sé, las cosas pasan a su tiempo. Quizá un poco de todo, mi orden no es mejor que mis instintos. Siempre me he dejado llevar por las intuiciones, anteriormente grabé un disco con Saúl Hernández y eso fue lo que me motivó a salirme de mi estado de confort.


¿Inquieta desde pequeña?

Siempre lo he sido. De niña usaba para pintar los frasquitos ámbar de medicina; pensé que me dedicaría a la plástica pero después estudié arquitectura y más tarde llegó la música para responder a todas mis preguntas. La música es un segundo irrepetible aunque lo grabes.


¿Para qué sirve la música?

Es como una caja de Pandora: de ahí emanan emociones. Suena filosófico, pero así es.


¿Por qué su familia se fue de Chihuahua a Coatzacoalcos?

Un hermano tenía problemas de corazón y antes de operarlo debía vivir a nivel del mar. Mi padre era ingeniero y basquetbolista; consiguió trabajo en Pemex y en el equipo de básquet de Coatzacoalcos.


¿A usted le gusta el basquetbol?

Claro, yo jugué en la selección nacional, aunque poco tiempo, era de Las Adelitas de Chihuahua. Habré jugado un par de partidos internacionales pero lo dejé porque no podía con todo: estudiaba arquitectura y además estaba en un grupo que cantaba en fiestas. Todavía me encanta, me puedo pasar horas platicando con mi papá de básquet y box.


¿El box?

Claro, el box tiene una técnica. No es una barbarie; en especial me gustan los pesos pesados, admiro su movilidad. Los sábados en la noche podemos estar mi padre y yo enganchados comentando la pelea por teléfono


En Veracruz conectó con la música afroantillana…

Sí. Tenía un radio amarillo que no paraba de escuchar. Me iba al malecón y por onda corta sintonizaba las estaciones de Cuba y Estados Unidos. Mi madre oía a Ella Fitzgerald y a mi padre le mandaban los discos de Selecciones Reader’s Digest, de modo que oía cosas de todas partes, por eso soy tan ecléctica.


¿Qué le dejó haber sido corista de Arjona o Deep Purple?

Una barbaridad de aprendizaje. Hay gente que no aprecia a las coristas. Cada ingrediente hace un buen pastel. La diferencia es que yo no persigo ningún estrellato ni deseo la fama.


¿Hay estigma contra hueseros o coristas?

Eso está en la cabeza de cada quien. Para mí, todo sirve. El performance lo aprendí de Beto Cuevas. El manejo del negocio de Arjona, es experto en manipular a los medios. Deep Purple es la profesionalidad inglesa.


¿Cómo llegó a ellos?

Me hablaron por teléfono. Era la corista que más trabajaba. Terminaba una gira y empezaba otra. Por eso también tardé en aterrizar mis canciones.



Nació en Chihuahua. Realizó estudios de arquitectura antes de incursionar en la música y en particular en el jazz. Además ha grabado bossa nova, bolero y swing. Su discografía incluye los cd: La célula que explota, La voz que cautiva el alma, Nocturnal y Tenderly.