Negro y blanco

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El cineasta D. W. Griffith.
El cineasta D. W. Griffith. (Especial)

Ciudad de México

Cuando David Wark Griffith estrenó en 1915 su cinta El nacimiento de una nación habían transcurrido 50 años desde que las fuerzas de la Unión derrotaran a los confederados, consiguiendo por la fuerza de las armas la abolición de la esclavitud y la igualdad de derechos civiles para los negros. Los sureños de Estados Unidos perdieron entonces no solo a su mano de obra barata o gratuita, sino también buena parte de sus haciendas y plantaciones. Originaria de Kentucky, la familia de Griffith había caído entonces en desgracia. El creador del modelo narrativo fílmico que conocemos ahora sufrió en carne propia una suerte de miseria que lo llevó a trabajar en los más variados oficios desde su juventud temprana hasta que llegó a colocarse en la naciente industria del cine. Conoció luego el éxito, la fortuna y la celebridad, en buena medida gracias a su épica cinta en la que describe primero las vicisitudes de la Guerra de Secesión y luego el origen del Ku Klux Klan. El odio racial que Griffith vuelca en El nacimiento de una nación lo lleva a describir a los negros como infrahumanos seres sucios, maliciosos e indisciplinados, manipulados por los intereses de los ambiciosos norteños, que solo pueden ser llamados al orden mediante la violencia. Casi todos los negros que aparecen en la película son blancos con la piel pintada de oscuro. Griffith pagó su racismo recibiendo críticas y censura de los organismos de defensa de los derechos de los afroamericanos, que lo obligaron a bajar el tono a su odio y a suprimir escenas y textos vejatorios. Se defendió como pudo pero de todas maneras su prestigio quedó por los suelos hasta el último de sus días.

Sin embargo, parece que no era el único ni el más racista en el Hollywood de aquellos días, cuando eran frecuentes aún en Estados Unidos las imágenes de negros desollados, quemados o pendiendo de un árbol. Los espacios públicos les estaban restringidos a los negros y no podían relacionarse amorosamente con los blancos.

Pero se puede asumir ahora que el realizador se apegaba en realidad a un código aceptado tácitamente por todos los cineastas de la época, que impedía el acceso a los negros también a las películas. Así se entiende a partir del hallazgo reciente en uno de los archivos del Museo de Arte Moderno de Nueva York, de siete latas con imágenes fílmicas sin editar registradas en 1913. Los investigadores del MoMA, una institución que se ha hecho cargo desde hace tiempo de la custodia y restauración de la vasta obra del propio Griffith con todo y su furibundo racismo, han documentado ya un par de cintas perdidas realizadas en 1913 y 1914, en las que aparecen algunos actores negros, y consideran que las imágenes ahora recuperadas corresponden posiblemente a la primera cinta realizada en Hollywood con un reparto integrado solo por actores negros.

Según parece, pues, Griffith no era un racista así nomás. Peor que eso, era un reflejo de su tiempo.


*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa