Un chiste en el fragor de la batalla

Función Dominical.
El Hobbit.
El Hobbit. (Especial)

Ciudad de México

En lo que se refiere a la historia del Hobbit las cosas no mejoran. La adaptación de Jackson y Del Toro agrega poco a un clásico literario que estaba bien así, en el estante, para quien quisiera leerlo. Además en todas estas películas, Jackson y sus colaboradores han sazonado sus películas con chistes innecesarios.

En este “último viaje a la Tierra Media”, la compañía ha llegado finalmente hasta la Montaña Solitaria. Con ayuda de Bilbo, los enanos han conseguido recuperar su reino y su tesoro… con sus problemas colaterales, como es de prever. Para comenzar el dragón Smaug se ha despertado. Y lo ha hecho con más furor que nunca. Por otra parte, la guerra está a punto de desatarse (una constante en las dos trilogías de Tolkien/Jackson) y la historia de la Tierra Media depende ahora de las capacidades diplomáticas de un pequeño hobbit que necesita unir a sus amigos en contra del poder oscuro de Saurón.

Para ver ésta última parte de la trilogía del Hobbit es necesario tener alma de niño aunque pensémoslo bien: las batallas son buenas, es cierto y los paisajes fantásticos. La imagen se decanta con más hermosura que nunca pero si uno recuerda aquella extraordinaria batalla final de la primera trilogía. Si uno recuerda el despliegue de ejércitos con que Jackson nos asombró al final del Señor de los anillos… Han pasado algunos años pero es posible verla en muchos medios. Y comparar. Y darse cuenta de que aquí hay poco que ver. Jackson no ha podido superar a Jackson.

El Hobbit era un cuento infantil que Tolkien escribió para sus hijos y que sirvió como pretexto para escribir más adelante El señor de los anillos, una obra que en efecto tenía todas las características de una épica religiosa que daba cuenta del deterioro moral de Europa. El Hobbit no tenía otra pretensión que ser ese cuento que los padres de antes leían a los niños de antes cuando no había televisión. Es cierto que Tolkien se dio cuenta del poder de su cuento. Y lo desarrolló, en otra historia que ya produjo Jackson quien ha alargado esta historia en forma innecesaria. Y lo peor, lo ha hecho para medrar. Tan fácil que hubiera sido tratar de adaptar El Silmarillión.

Así, al menos, El Hobbit se hubiese quedado en el lugar que le pertenece: una historia infantil de espíritu victoriano similar a Peter Pan o Alicia en el país de las maravillas. Pero no. Tenían que aparecer un australiano y a un mexicano (Jackson y Del Toro) para poner a El Hobbit en el potro de los guiones innecesariamente alargados. En efecto, uno puede salir de la sala, comprar palomitas, charlar con la mujer de la caja registradora y volver y todo sigue igual. Algunos críticos elogian el humorismo que han insertado realizador y guionistas en las batallas sin fin, pero yo debo ser uno de esos hombres de vieja escuela que quiere que en las guerras se mate y se muera en silencio; solo así es recomendable una película de guerra para una buena función dominical.


El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos (The Hobbit: The Battle of the Five Armies). Dirección: Peter Jackson. Guión: Fran Walsh, Guillermo del Toro, P. Jackson y Philippa Boyens. Música: Howard Shore. Con Benedict Cumberbatch, Lee Pace y Evangeline Lilly. Estados Unidos, 2014.

@fernandovzamora