Pasos perdidos

Multimedia.
Diego El Cigala
Diego El Cigala (Cigala Records)

Ciudad de México

Arde en la hoguera de las vanidades. Chisporrotea en las redessociales. Decir que anda desde hace unos días en boca de medio mundo es decirpoco. Diego El Cigala, cantantehispano-dominicano, pasó hace poco por Elhormiguero, un popular programa de la televisión española, como una cabramimada pero también enloquecida, disperso, fuera de sus cabales. A su partida,súbita e inexplicada, dejó a su público con los ojos cuadrados.

El espectáculo no lo dio con su voz, ni con sus arrebatos de danzaflamenca, ni con sus consideraciones a propósito de cualquier tema, sino con elpasón que traía encima. Habrá mezclado tal vez polvos, pastillas o hierbas conalcoholes. Si no fue así, mucho lo parecía.

Pablo Motos, el productor y conductor de una emisión a la queacuden con frecuencia celebridades internacionales y locales, fue el primero enhacer frente al encontronazo con un tren descarrilado entre carcajadas,tonadillas y desvaríos. Acompañó en el baile al Cigala, canturreó a su ritmo, le celebró sus loqueras y le diocuerda para que hablara con cierta coherencia hasta que se hartó. Se fueponiendo serio, solemne contra su costumbre, y de pronto despidió la emisiónantes del horario habitual.

El Cigala es una figura del espectáculoflamenco, querido y respetado en todas partes, con una cauda de admiradores queincluye a México. A finales del año anterior pasó por aquí y cantó en presenciade Gabriel García Márquez. Sus discos Doslágrimas y Lágrimas negras hansido particularmente exitosos, y en Elhormiguero alcanzó a medio presentar con ayuda de Motos su último compacto,Vuelve el flamenco, en el que rindehomenaje al desaparecido Paco de Lucía.

Mientras tonteaba con la portada del disco en la mano, llevándolapor todas partes, el productor comenzó a perder la paciencia. Discretamentetrató de ponerlo en orden diciéndole que si no dejaba las manos quietas lascámaras no conseguirían enfocarla nunca.

Por la emisión de Motos han transitado entre bromas y tertuliaElijah Wood, Geraldine Chaplin, Sylvester Stallone, James Blunt y Hugh Jackman,entre otras celebridades que han compartido el formato del programa con juegosy retos. En el caso de El Cigala,obeso, enjoyado y desquiciado, este formato se hizo pedazos ante la desesperacióndel conductor.

Las imágenes de la participación de El Cigala, dramática y desconcertante al mismo tiempo, se volvieronvirales de inmediato. Las redes sociales multiplicaron en minutos su difusión,de modo que el cantante habrá desvariado hasta ahora ante los ojos sorprendidosde unos dos millones de cibernautas que no dejan de preguntarse qué diablos sehabría metido. Muchos se han quejado también de lo ocurrido aquel día en El hormiguero, un programa de televisiónque se trasmite en un horario familiar que incluye a los niños.

El Cigala sin duda seguirá cantandoy bailando. También seguirá dando de qué hablar. Hasta que suceda algo peor.

 

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa

Pasosperdidos

Arde en la hoguera de las vanidades. Chisporrotea en las redessociales. Decir que anda desde hace unos días en boca de medio mundo es decirpoco. Diego El Cigala, cantantehispano-dominicano, pasó hace poco por Elhormiguero, un popular programa de la televisión española, como una cabramimada pero también enloquecida, disperso, fuera de sus cabales. A su partida,súbita e inexplicada, dejó a su público con los ojos cuadrados.

El espectáculo no lo dio con su voz, ni con sus arrebatos de danzaflamenca, ni con sus consideraciones a propósito de cualquier tema, sino con elpasón que traía encima. Habrá mezclado tal vez polvos, pastillas o hierbas conalcoholes. Si no fue así, mucho lo parecía.

Pablo Motos, el productor y conductor de una emisión a la queacuden con frecuencia celebridades internacionales y locales, fue el primero enhacer frente al encontronazo con un tren descarrilado entre carcajadas,tonadillas y desvaríos. Acompañó en el baile al Cigala, canturreó a su ritmo, le celebró sus loqueras y le diocuerda para que hablara con cierta coherencia hasta que se hartó. Se fueponiendo serio, solemne contra su costumbre, y de pronto despidió la emisiónantes del horario habitual.

El Cigala es una figura del espectáculoflamenco, querido y respetado en todas partes, con una cauda de admiradores queincluye a México. A finales del año anterior pasó por aquí y cantó en presenciade Gabriel García Márquez. Sus discos Doslágrimas y Lágrimas negras hansido particularmente exitosos, y en Elhormiguero alcanzó a medio presentar con ayuda de Motos su último compacto,Vuelve el flamenco, en el que rindehomenaje al desaparecido Paco de Lucía.

Mientras tonteaba con la portada del disco en la mano, llevándolapor todas partes, el productor comenzó a perder la paciencia. Discretamentetrató de ponerlo en orden diciéndole que si no dejaba las manos quietas lascámaras no conseguirían enfocarla nunca.

Por la emisión de Motos han transitado entre bromas y tertuliaElijah Wood, Geraldine Chaplin, Sylvester Stallone, James Blunt y Hugh Jackman,entre otras celebridades que han compartido el formato del programa con juegosy retos. En el caso de El Cigala,obeso, enjoyado y desquiciado, este formato se hizo pedazos ante la desesperacióndel conductor.

Las imágenes de la participación de El Cigala, dramática y desconcertante al mismo tiempo, se volvieronvirales de inmediato. Las redes sociales multiplicaron en minutos su difusión,de modo que el cantante habrá desvariado hasta ahora ante los ojos sorprendidosde unos dos millones de cibernautas que no dejan de preguntarse qué diablos sehabría metido. Muchos se han quejado también de lo ocurrido aquel día en El hormiguero, un programa de televisiónque se trasmite en un horario familiar que incluye a los niños.

El Cigala sin duda seguirá cantandoy bailando. También seguirá dando de qué hablar. Hasta que suceda algo peor.

 

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa