El genial Curiel sinfónico

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Musicópata (Especial)

Ciudad de México

En la música, como en otras áreas de la vida, el paso del tiempo es un factor primordial para poder apreciar en su justa dimensión el talento de los creadores. Para que el público llegue a reconocer el verdadero nivel de trascendencia de un gran compositor casi siempre se da un proceso que incluye tres momentos: triunfo, olvido y redescubrimiento.

Así, la obra de compositores que fueron muy exitosos entra en la fase del olvido y ahí se queda, en espera del momento de su redescubrimiento. Muchas veces ese momento se tarda mucho en llegar y, a veces, nunca llega.

Pero en otros casos, después de largos años, la emoción contenida en las obras despierta y conecta con públicos nuevos para elevarse hasta renovados niveles de gloria. Esto es lo que comienza a suceder con la música sinfónica de Gonzalo Curiel, inspirado compositor que junto con Agustín Lara y Luis Arcaraz contribuyó de forma contundente al caudal musical que definió la Época de Oro de nuestra canción romántica en el siglo pasado.

A pesar de que un número importante de canciones de Curiel son piezas básicas de nuestro catálogo más apreciado, es apenas ahora cuando el público comienza a redescubrir la maravilla de su música sinfónica. Pocos saben que, además de sus canciones románticas, Gonzalo compuso tres conciertos para piano y orquesta que representaron la culminación de su sólida carrera musical.

Por ello ha sido muy importante el reestreno de su Concierto No. 2 en Re menor para piano y orquesta llevado a cabo hace unos días en la sala grande del Palacio de Bellas Artes. Ante un lleno total, la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí —dirigida por el maestro José Miramontes—, y el virtuoso mexicano Rodolfo Ritter al piano, interpretaron esta obra que no se tocaba desde el 21 de noviembre de 1951, cuando el presidente Adolfo Ruiz Cortines, en el mismo Palacio, la aplaudió desde el palco central.

La obra, rescatada y reelaborada por el Maestro Arturo Rodríguez, es una espléndida muestra de la capacidad de Curiel para entretejer líneas románticas con temas de sabor nacionalista mexicano, exponiendo también las tendencias sinfónicas de mitades del siglo XX.

Con una amalgama de melodías casi de canción, y pasajes que hicieron sentir influencias de compositores tan diversos como Shostakovich, Bartók, Debussy o Carlos Chávez, el concierto sorprendió, refrendando el genio del creador de canciones tan populares como "Vereda tropical", "Incertidumbre", "Son tus ojos verde mar", "Noche de luna", "Calla tristeza", "Temor" o "Caminos de ayer", que aún siguen vigentes.

Ojalá que este encuentro con el genial Curiel sinfónico continúe con el reestreno de sus otros dos conciertos para piano y siga después con la exploración de sus obras para el cine, ya que el maestro compuso la música para 180 películas de la Época de Oro del cine nacional.

Por lo pronto el Concierto No. 2 en Re menor es una joya que, una vez desempolvada, debe incorporarse al repertorio esencial de todas las orquestas sinfónicas de México.