ENTREVISTA | POR MIGUEL CANE/ MILENIO DOMINICAL

Óscar Isaac Actor

Este actor de origen guatemalteco se ha consolidado casi repentinamente al protagonizar Balada de un hombre común, la nueva cinta de los famosos hermanos Ethan y Joel, en la que interpreta a un conflictivo cantante folk en la contracultura de los años sesenta en Nueva York.

“Los Coen me dieron la bienvenida a su mundo”

Ciudad de México

Por su interpretación como Llewyn Davis, un bohemio cantante, miembro de la escena folk en Greenwich Village a principio de los sesenta, Óscar Isaac Hernández (1980) es el primer actor nacido en Guatemala que ha sido candidato al Globo de Oro y ha obtenido muchos otros reconocimientos gracias a su trabajo en Balada de un hombre común (Inside Llewyn Davis) la más reciente cinta de Ethan y Joel Coen, que se estrenó en la pasada edición del festival internacional de Cannes y ha sido muy bien recibida a ambos lados del océano. En el filme encarna a un personaje ficticio —aunque no han descartado sus creadores el hecho de que se trata de una mezcla de varios cantautores de la época— que busca alcanzar el reconocimiento pese a que su propio carácter no le ayuda. En la cinta, Isaac —que con una carrera muy versátil, incluyendo un rol coestelar en Drive, de Nicolas Winding-Refn— comparte créditos con Carey Mulligan, John Goodman y Justin Timberlake.


Has señalado que éste es el filme que cambió tu vida. ¿En qué sentido?

En muchos y te diría que totalmente. Al día siguiente, desde que me dieron el papel de Llewyn Davis, se me abrieron las puertas a otras oportunidades, incluso de pronto me estaban considerando para otras películas que antes de ésta, no habría conseguido. Siento como si se hubiera dado una especie de “aprobación” en el medio. Cuando los Coen dicen que alguien merece ser actor principal en una de sus películas la gente comienza a verte con otros ojos, y obviamente, tu carrera cambia.

Tocar la guitarra y escuchar a Dylan y Joan Baez me ayudó a crear el personaje.


¿Cómo fue la relación con los Coen durante el rodaje?

Nos hicimos muy amigos, fueron muy generosos conmigo. Puedo decir que me enseñaron cómo hacer películas. Ambos (Ethan y Joel) son apasionados con todo lo que hacen; específicamente con esta película, no había un detalle de esa época, estamos hablando de Nueva York en 1961, que no hubieran investigado y que no supieran. Aprendí muchísimo, y ellos me abrieron sus pensamientos, me mostraron su modo de ser y eso me impresionó. También me hablaron de sus libros y películas favoritas, además de contarme historias acerca de cómo fue trabajar con actores como Charles Durning o Holly Hunter. No había tenido nunca una experiencia así, prácticamente me dieron la bienvenida a su mundo.

 

¿Qué fue lo que más te impresionó de verlos hacer su trabajo?

Muchas cosas. Muchos detalles. La autenticidad que buscan imprimir en cada toma. Aquí buscaron recrear el Village tal como era y lo hicieron con tanto detalle, que era impresionante. Me gusta mucho, además, cómo miran el mundo. Eso está claro desde que se lee el guión, que es una mezcla extraordinaria de lo trágico y lo absurdo, de lo tierno y lo demoledor. Eso me gusta mucho de ellos, porque así es la vida precisamente, a veces se goza, a veces se llora, no siempre se puede ganar y sus personajes rara vez consiguen triunfar. La vida es dura y lo saben; ellos pueden capturar ese sentido en sus películas y los personajes que crean, porque todos son muy auténticos, con muchos defectos y alguna virtud que reconocen muy tarde. Llewyn Davis es así.


Además, tú mismo cantas y tocas la guitarra. ¿Ya tenías experiencia musical?

Estudié en la universidad de Juilliard y es una de las más difíciles del mundo. Te exige mucho, pero el aprendizaje es enormemente satisfactorio, porque te gradúas con una comprensión más grande de las artes interpretativas y también, con una educación muy completa. Por otra parte, me encanta la música. Siempre me ha gustado mucho, y me identifico mucho con ella. Por eso me resultó irresistible convertirme en Llewyn Davis: es un personaje muy complejo, es un tipo que nadie querría tener de amigo ,y sin embargo, está rodeado de gente que de un modo u otro lo quiere, si bien es responsable de su propia caída en desgracia. Me gustó mucho cantar. Siempre me gustó mucho la música, me encantan el rock y el punk. Cuando estaba en preparatoria empecé a tocar guitarra y el punk es un género con mucha energía y agresivo, eso me atraía a los 16 y 17 años y tocaba con mis amigos en un grupo que se llamaba The Blinking Underdogs; luego cuando me mudé de Miami a Nueva York y entré a estudiar actuación dejé un poco eso y tocaba más guitarra acústica, eso es lo que más me sirvió para encontrar a Llewyn. Eso y escuchar música de Dylan, de Joan Baez… lo que tratamos de retratar en la película.


Naciste en Guatemala pero creciste en Estados Unidos. ¿Retienes aspectos de las culturas con las que te criaste?

Me fui muy pequeño, siendo apenas un bebé, junto a mi familia a Estados Unidos y me crié en Miami, que es donde vivía la familia de mi padre, que es cubano, aunque se fue de su país siendo niño, y también se crió en Estados Unidos, pero su cultura y familia es cubana. Con mi mamá íbamos con frecuencia a Guatemala, a visitar a la familia, y ella preparaba platos especiales típicos; así que sí, puede decirse que tengo tres culturas básicas: crecí cerca de la cultura guatemalteca; y por mi papá y por haber vivido en Miami de niño, con la cultura cubana muy de cerca: la música, la comida, el idioma… pero también hay otro aspecto, que es el mío, personal. Me enamoré de las películas y música estadunidense, de los libros, del teatro. Supongo que todo eso es parte de lo que soy, soy una mezcla de varias culturas y eso también me ha servido en mi carrera, porque lo mismo puedo hacer un personaje étnico, un griego, un ruso, un mexicano, que un estadunidense como Llewyn. Estados Unidos es lo que llaman un melting pot, un crisol de varias culturas y razas y eso te da una amplia gama que puedes interpretar y eso es un tesoro para un actor.


De la noche a la mañana te ha llegado la celebridad. ¿Cómo lo llevas ahora?

¿Te digo la verdad? Trato de no pensar mucho en eso. Ahora vivo en Nueva York, y ahí se puede tener una vida tranquila, porque hay tanta gente dedicada al teatro y al cine y también a muchas otras cosas. Todos ahí están preocupados en lo que hacen, están enfocados en su propia vida, no se meten en la vida ajena, por lo que, aunque hagas cosas muy públicas, al dejar la cámara te puedes volver anónimo de nuevo y llevar una vida común y corriente y eso me gusta.

 

Hablaste de acceder a nuevos filmes. ¿Cuál es tu siguiente paso por el cine?

En el festival de Berlín se estrena una película, Las dos caras de enero, que hice en Atenas con Viggo Mortensen y Kristen Dunst, es una historia de misterio, escrita por Patricia Highsmith, la de Mister Ripley, y me gustó mucho filmar en locación allá. Además, en unas semanas me incorporo a la filmación de A Very Violent Year, en Nueva York. Es el nuevo filme de J.C. Candor, el director de All is lost, que protagonizó Robert Redford y trabajo con Jessica Chastain. A eso me refería, porque ahora tengo oportunidad de hacer papeles que me interesan con directores y otros actores que respeto bastante y es una gran oportunidad para seguir aprendiendo y hacer lo que realmente me apasiona, que es lo que mejor saben enseñar los Coen cuando trabajas con ellos.