Función dominical

Cine
Criminal (Mente implacable).
Criminal (Mente implacable).

La estructura narrativa del súper espía está ya muy traqueteada. Los cambios geopolíticos que ha sufrido el mundo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, lejos de hacer difícil la escritura de este tipo de ficción, la han simplificado. Lo demuestra el 007: el “malo” puede ser hoy cualquier anarquista que quiera volar al mundo. La reflexión viene a cuento porque Mente implacable tiene a su favor que no se quedó atrapada en los sesenta, pero tiene tornillos flojos. Los guionistas no han sabido explotar las nuevas oportunidades que ofrece a un súper agente del siglo XXI detener al malo, salvar al mundo y besar a la chica.

Comencemos con los puntos a favor: los guionistas Douglas Cook y David Weisberg son autores nuevos de Hollywood, no tanto por la edad sino porque tardaron más de 20 años en pasar de la televisión al cine. La historia que se han hecho funciona bien en esta función dominical si lo que espera uno es beberse un coctel de espionaje, ciencia ficción y Kevin Costner. En el rubro del espionaje, tenemos a un brillante agente del servicio secreto británico que tiene que detener a un terrorista, quien con su laptop puede controlar el sistema de misiles nucleares de Estados Unidos. Credibilidad: baja.

Ahora entonces entra en juego la ciencia ficción. Nuestro brillante espía cambia recuerdos, emociones y, en fin, todo aquello que los psicólogos llaman “mente” con un criminal de poca monta que tiene una característica única: las neuronas de sus lóbulos frontales, dice Tommy Lee Jones con aire de experto, “están completamente vírgenes”. Credibilidad: nula. El tipo del cerebro virgen es además Kevin Costner, un actor que cada que aparece en la pantalla trae a memoria la tonada cursi de El guardaespaldas y que para colmo trata de interpretar a un rudo criminal inglés con neuronas vírgenes porque su papá lo arrojó fuera de la ventana del coche cuando se enteró que no era su hijo. Si las cosas fueran tan fáciles habría millones de seres humanos vírgenes del cerebro frontal. Kevin Costner no ofrece verosimilitud: desenmascara cualquier ficción. Más cuando trata de imitar un ridículo tonito de inglés de barrio bajo.

Pero la película tiene sus cosas a favor, sobre todo si lo de uno es el entretenimiento y el cine de espionaje. Con Mente implacable resulta imposible no recordar un clásico de los años noventa: Cara a cara. Los actores eran igual de malos (John Travolta y Nicolas Cage), pero todo salía a flote con las coreografías de karatazos, explosiones y persecuciones de John Woo. La verdad es que Mente implacable es una película mediocre (tampoco es realmente mala) porque ni el director ni el guionista han sabido ayudar a Kevin Costner a reinventar una carrera que sigue sufriendo los estragos de haberse visto sobre-expuesto. Tanto que hoy resulta difícil verlo sin condescendencia, con la ternura con la que uno ve a un tío viejo que en la fiesta vuelve a contar el chiste de su juventud heroica y trata de ponerse coqueto a pesar de que, evidentemente, ya le cayó la edad.

Criminal (Mente implacable). Dirección: Ariel Vromen. Guión: Douglas Cook, David Weisberg. Fotografía: Dana Gonzales. Con Kevin Costner, Gary Oldman, Tommy Lee Jones, Ryan Reynolds. Gran Bretaña, 2016.

@fernandovzamora