Caligari ataca de nuevo

Multimedia.Hace unos 100 años los alemanes tenían la cabeza llena de ideaslocas. Locuras geniales en realidad. En 1919 a nadie le pareció descabellada la idea defilmar una película en la que los ...
El gabinete del doctor Caligari, que era también un alegato furibundo contra los excesos de la autoridad, encarnada por un psiquiatra regordete, vengativo y astuto.
El gabinete del doctor Caligari, que era también un alegato furibundo contra los excesos de la autoridad, encarnada por un psiquiatra regordete, vengativo y astuto. (Archivo)

Ciudad de México

Hace unos 100 años los alemanes tenían la cabeza llena de ideas locas. Locuras geniales en realidad. En 1919 a nadie le pareció descabellada la idea de filmar una película en la que los personajes se movieran como pinturas vivientes en medio de decorados pintados por un grupo de artistas plásticos. El entorno distorsionado y pleno de figuras geométricas habría de aludir al mundo caótico que habitaban los personajes de lo que entonces nadie se atrevió a definir como un thriller psicológico.

Un par de autores, Hans Janowitz y Karl Mayer, que tenían en el álbum familiar el recuerdo de una parentela poco cuerda, con antecedentes de internamientos en psiquiátricos, se habían sentado a escribir la historia de un personaje desquiciado, amparado en dos identidades para entregarse al placer que le producía hacer el mal, dejar rienda suelta a sus odios y sus amarguras. Después de su experiencia en la guerra recién terminada, ellos mismos tenían razones para denunciar los abusos de quienes atienden a los enfermos mentales avalados por la autoridad del Estado. El resultado de sus maquinaciones conjuntas fue El gabinete del doctor Caligari, que era también un alegato furibundo contra los excesos de la autoridad, encarnada por un psiquiatra regordete, vengativo y astuto.

La historia fue a dar a manos de Fritz Lang, prolífico y de moda entonces, quien ubicó el principio y el final del relato en un manicomio, lo que invalidaba la denuncia que hacían ahí un par de locos. Luego, agobiado por sus compromisos profesionales, abandonó el proyecto, que quedó en manos de Robert Wiene. Lang no lo imaginó siquiera: había renunciado a la realización de la que habría de convertirse muy pronto en la obra cumbre del expresionismo alemán.

Desde El gabinete del doctor Caligari el cine sería otra cosa muy diferente. El expresionismo le había dado con la luz y la sombra la llave para adentrarse en las profundidades del alma, en los abismos del miedo, la angustia, en los infiernos de la locura. De ahí en adelante, el caligarismo sería una referencia frecuente a los excesos de la autoridad, hasta desembocar en la figura de Hitler, una suerte de Caligari real, amoral y manipulador. Caligari y el cine que vino después no era sino el resultado de una premonición sobre lo que habría de suceder en Alemania desde los años treinta, explicaría Lang más tarde desde el exilio.

El gabinete del doctor Caligari llegó a los cines por primera vez en Berlín el 26 de febrero de 1920, hace 94 años. Ha sorprendido desde entonces a millones de espectadores y ha estimulado las ambiciones estéticas de muchos realizadores fílmicos en todo el mundo.

De la cinta firmada por Wiene existen por lo menos dos versiones, disponibles en México. Ahora estará por llegar la versión restaurada y digitalizada que acaba de estrenar en medio de gran alboroto el Festival de Cine de Berlín en el curso de sus más recientes jornadas.

 

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa