Me interesa el lado oscuro del alma humana: Bernardo Esquinca

Nació en Guadalajara, en 1962. Estudió Ciencias de la Comunicación en el ITESO. Fue productor y locutor de radio en la Universidad de Guadalajara.
Bernardo Esquinca.
Bernardo Esquinca. (Cortesía)

Ciudad de México

Bernardo Esquinca se autodefine como un adicto al terror. Su vocación por explorar el lado oscuro del alma humana lo ha llevado a desarrollar una narrativa cercana a describir los pliegues que la ciencia no alcanza a explicar. Su libro más reciente es el volumen de cuentos Mar negro (Almadía).

¿Nos definen nuestras obsesiones?

Al menos a mí sí. Soy una persona obsesiva y procuro ser fiel a ellas como escritor. No concuerdo con los autores que cambian de un tema a otro. Un escritor debe cultivar y explorar sus obsesiones. Me interesa el lado oscuro del alma humana, lo monstruos y el terror.

¿Por qué nos gusta el terror?

Lovecraft apuntaba que la emoción humana más antigua que existe es el miedo a lo desconocido. Lo interesante del terror y de asustarnos, es que nos conecta con una parte primitiva. Vivimos en el imperio del neón, donde aparentemente la ciencia tiene una explicación para todo, pero por fortuna siempre quedan resquicios inexplicables. Cuando alguien nos sabe transportar a una atmósfera y hace que nuestra razón se desarme, nos conectamos con lo primitivo. Nos gusta asustarnos desde la seguridad porque al menos en este país sabemos que el terror real está en la violencia.

¿Es adicto al terror?

Totalmente, todo el tiempo consumo literatura y cine de terror. Soy una persona curiosa y morbosa de modo que mis investigaciones están relacionadas con el lado oscuro. Hay una adrenalina que se despierta en el cuerpo cuando entras en contacto con estos temas.

Las mejores películas del género son…

Mis favoritas son las menos obvias y donde no todo se resuelve. Una de ellas es La última ola, de Peter Weir, es sobre un abogado que entra en contacto con unos aborígenes, homicidas rituales, los tiene que defender de oficio y cae en una espiral apocalíptica. Me gusta mucho El hombre de mimbre, de Robin Hardy, que va de un policía que llega a una isla para buscar a una niña desaparecida. Si nos vamos al género puro, Halloween es una gran película.

Los zombis están de moda.

Hay ciclos, los zombis sustituyeron la moda de los vampiros y los que saben dicen que vienen los hombres lobo. No es mi figura favorita, pero me gustan los zombis, en especial el vudú. Stephen King dice que las grandes historias de terror de cada época reflejan las paranoias de su generación.

¿Cuáles son las paranoias de esta época?

No lo sé. En la Edad Media era el miedo a la peste y por eso los vampiros. A mediados del siglo XX era el temor al holocausto nuclear, de ahí los zombis. Quizá el miedo al contagio siga muy presente, por eso el vampiro nunca pasa de moda.

¿A qué le tiene miedo?

A muchas cosas, soy muy miedoso y paranoico. Los insectos me dan terror, no puedo ni pisar a un alacrán. Pero mi más grande miedo es a la locura. Tal vez ese es el mayor temor del hombre contemporáneo. Vivimos en un mundo de caos, estrés y presión. J. G. Ballard decía que nos estamos moviendo hacia un paisaje más psicótico y a lo mejor las enfermedades mentales presentes son una adaptación darwiniana a lo que viene.

¿Qué lo pone loco?

Tengo mis neurosis, pero soy bastante tranquilo, no suelo ser explosivo y los corajes me duran poco. Es raro que alguien me saque de mis casillas.


Nació en Guadalajara, en 1962. Estudió Ciencias de la Comunicación en el ITESO. Fue productor y locutor de radio en la Universidad de Guadalajara. Obtuvo el Premio de Periodismo Cultural, Fernando Benítez en 1994. Es autor de los libros: Belleza roja, Los niños de paja, Los escritores invisibles y Toda la sangre.