“No quiero caer en la payasada del rock sinfónico”: Arturo Diemecke

Ha sido titular de las orquestas filarmónicas de Bogotá y Buenos Aires, las sinfónicas Nacional de México, Nacional de Lyon y la Royal Liverpool Philarmonic.
Arturo Diemecke
Arturo Diemecke (LONG BEACH SYMPHONY ORCHESTRA)

Ciudad de México

Enrique Arturo Diemecke, miembro de una familia de músicos alemanes, empezó a tocar el violín a los seis años y desde entonces no ha parado. Tras dirigir la orquesta filarmónica de Buenos Aires, volvió al país para tomar la batuta de la Orquesta Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional, de la cual hoy es director.

 

¿Por qué escogió la música clásica?

Es la manifestación más profunda que tiene el ser humano para exponer lo que realmente es. La música popular por lo regular es unilateral, es o muy excitante o muy tranquila. Pocas obras tienen el ir y venir que nos da el drama y la comedia. La música clásica, por tanto, nos da un mejor balance para nuestro desarrollo espiritual complementario a la vida.

 

Viene de una familia de músicos…

Mi padre fue nuestro maestro iniciador, era músico y vino a México a ser primer chello. Fundó las orquestas de Guanajuato y Monterrey. Mi madre fundó la academia que teníamos.

 

A usted le tocó la década de los sesenta, ¿nunca le punzó lo que sucedía entonces?

No, porque no sabíamos ni que existía el rock. Un día, mientras estudiábamos para un concierto, pasó un señor y nos regaló un LP con música de Paganini. Nosotros hacíamos música pero no teníamos tocadiscos ni consola. Cuando la compramos buscamos música de cuartetos y entre ellos compramos uno que hablaba de un cuarteto joven. Apareció “Yesterday” y nos paralizamos porque nos pareció una afinación destemplada. Nos sonó desafinado y pensamos que se había roto el aparato, no sabíamos que eso existía. Después descubrimos que era el cuarteto de Liverpool: Los Beatles.

 

No le gustaron…

Al principio no, luego las melodías nos parecían bonitas; en términos de letras, algunas son muy buenas.

 

¿En su discoteca solo hay música de concierto?

No, también hay música popular y folclórica. No es de mi consumo, pero sé distinguir entre lo que es comercial y qué no.

 

¿Qué tan protagónico debe ser el director de orquesta?

El director de orquesta empezó a ser protagónico cuando las orquestras crecieron en número de personas. Antes no existían, los directores eran quienes enseñaban a los músicos a tocar su instrumento. Gracias a Karajan, Toscanini y Bernstein, se convirtieron en estrellas y se volvieron más importantes que la música. Hoy son lo más importante, pero yo quiero regresar a la orquesta y la música.

 

¿Cómo llegó a ser tan escénico?

La música me mueve a hacer eso; la música para mí es la manifestación del ser humano. Entramos en una época donde nos decían que el músico clásico no podía ser expresivo porque se convertía en un rocanrolero. Para mí es contradictorio guardarme todo lo que me genera la música.

 

Pero eso no le gusta a mucha gente…

Lo sé, pero no me importa. He sido atacado por muchos a quienes no les gusta mi estilo. Dicen que me comporto como rockero, como si eso fuera algo malo. Lo que quiero es acercar a la gente de la mejor manera a la música clásica, pero sin caer en la payasada de hacer U2 o Los Beatles sinfónicos sino desde Beethoven, pero interpretado con garra. Si tengo reconocimiento en todos lados es porque no lo he hecho mal.

 

 


Nació en la Ciudad de México, en 1955. Estudió en la Universidad Católica de Washington y la escuela Pierre Monteux. Ha sido titular de las orquestas filarmónicas de Bogotá y Buenos Aires, las sinfónicas Nacional de México, Nacional de Lyon y la Royal Liverpool Philarmonic. Es ganador de la Medalla Mahler y ha sido postulado al Grammy.