Armando Nava y sus Dug Dug’s cumplen 50

Un niño duranguense al que apodaron El Latino, porque le daba por berrear canciones del grupo Los Cinco Latinos, creció para, en 1964, dar nuevo nombre a una banda en la que participaba.
Armando Nava
Armando Nava (Cortesía)

Ciudad de México

A su primer guitarra Armando Nava no la soltaba ni para ir al baño. A partir de entonces, dicho instrumento fue su amuleto y el mejor regalo que alguien le haya hecho jamás, cortesía de su padre, quien sin saberlo cambió para siempre la vida del chamaco.

Era tal la obsesión del naciente músico con su lira que ideó la forma de viajar en bicicleta sin dejar de rasgar las cuerdas con los acordes ya aprendidos en la revista Guitarra fácil. En esa faceta de músico bicicletero fue que en una esquina de Durango lo detuvieron un par de jovenzuelos y le hicieron una oferta que no pudo rechazar.

—¿Quieres formar un conjunto con nosotros?

Ellos eran Roberto Miranda y Moisés Muñoz, quienes le explicaron que él sería el encargado de las armonías del grupo Xippos Rock; pero él no sabía de qué carajos le estaban hablando, pues era un neófito en cuanto a conceptos musicales. “Debía tener como 14 años”, dice Armando, quien por aquel tiempo crecía escuchando a sus ídolos Los Teen Tops, Angélica María, los Rebeldes del Rock, Enrique Guzmán o Los Popers, pero más que ninguno lo sacudían sin remedio Los Locos del Ritmo.


WELCOME TO TIJUANA

Obligada por las necesidades de la chamba del patrón, de profesión agente viajero, la familia Nava tuvo que trasladarse a Tijuana, sitio que sacudió la conciencia del joven músico. “Quedé asombrado por aquella ciudad tan iluminada y cosmopolita”, recuerda.

Si bien todas las luces de neón de dichas calles lo impactaron, fue el escuchar en la radio a un grupo llamado Los Beatles interpretar cosas como “I Want to Hold Your Hand” y “Love me Do”, lo que hizo que le estallaran las vísceras, los huesos y la cabeza. “Para mí fue un shock escuchar eso que era muy distinto a mis grupos favoritos de juventud como Los locos…”. Ni siquiera Elvis Presley a quien el joven tuvo chance de ver en un cine ambulante con El Rock de la cárcel, lo conmocionó tanto como la banda de Liverpool y toda la ola inglesa que venía detrás.

Cerca de un semestre permaneció Armando Nava con su familia en Tijuana, y ya de regreso en Durango corrió a relatar a sus amigos de Xippos las ventajas de la deslumbrante Tijuana. Así fue como los convenció de ir a realizar una gira hacia allá. ¿Pero cómo un grupo de adolescentes, colmados de entusiasmo, sí, pero desempleados y sin recursos propios iban a organizar una gira?

Es aquí cuando aparece la figura de su madre, doña Elena Muñoz de Nava, quien mando arreglar una camioneta pick up vieja que reposaba en su garaje y les financió el viaje a los tres que ya formaban Xippos, más el nuevo invitado. Presente en el homenaje que la Fonoteca Nacional le realizó a su hijo por los 50 años de Los Dug Dug’s, la señora Nava, quien después se volvió representante de grupos como Mara, Three Souls in MyMind y Árbol, entre otros, dice que “eran épocas muy bonitas aunque ya no recuerdo a todos los muchachos que representé”. Pero lo que más le duele, asegura, “es que a muchas bandas que apoyé, que las traía de Tijuana y les pagaba todo, después no continuaron en la música. ¿De qué sirvió mi esfuerzo?”, se lamenta.

Aquel verano de 1964, tras de cruzar el peligroso Espinazo del Diablo (sinuosa y estrecha carretera rodeada de abismos, donde miles han muerto, y que hasta octubre del año 2013 era la única forma de llegar vía terrestre de Durango a Mazatlán), inició el periplo con la banda interpretando covers en español de Los Beatles y Los Doors, tocando en Mazatlán, Culiacán y Ciudad Obregón. En algún punto del viaje, y antes de llegar a Tijuana, Nava decidió sepultar al horrible nombre de los Xippos, para rebautizar el proyecto como Dug Dug’s (extraña contracción de Durango, Durango).

Buscando aventuras durante aquellas vacaciones de verano, los aún adolescentes se enfrentaron a audiencias hostiles, indiferentes en otros casos, pero también a muchos aplausos que incubaron en su mente la idea de dedicarse a rock por siempre. Para ello Nava y sus amigos decidieron dejarse el cabello largo, decisión que provocó ataques moralinos: “Nos tacharon de satánicos en el norte y al llegar al Distrito Federal nos paso lo mismo: por la vestimenta y el pelo largo recibí reclamos de los mismos músicos con los que alternaba: ‘Oye no te da vergüenza salir así’. En la calle nos gritaban maricas”, recuerda ahora muy divertido Nava, sobre sus pleitos de aquellos años.

En 1966, Armando decide viajar al Distrito Federal, sede de las compañías disqueras y donde se gestaba mayormente el movimiento de rock. “La compañía nos obligó a hacer covers pues era lo que el mercado demandaba, pese a que nosotros ya teníamos composiciones originales”.

Los Dug Dug’s se presentaban con mucho éxito en la pista de hielo ubicada en Insurgentes sur, atrás del entonces supermercado Minimax, en San Ángel, pero también en el Harlem, en el Tip Café y en el Hullabaloo Café.

Siempre queriendo innovar y buscando crecer, en 1968 la banda realiza un extraño viaje a Nueva York buscando internacionalizar su proyecto, pero se toparon con una triste realidad: “La Unión (el sindicato) no nos permitió tocar”, dice Nava, y solo grabamos algunas cosas que ya teníamos listas como “Mundo de amor” y “Eclipse”. Al volver, algunos miembros del grupo se quejaron de que Nava quiso vender el proyecto allá como “Armando Nava y los Dug Dug’s” y surgió la primer ruptura, pero también a partir de ahí la banda quedó ligada al nombre de su autor, que hasta la fecha utiliza a los miembros que él decide para sus presentaciones.

Pese a ello, con esa agrupación grabaron un primer disco y era tal su fama que estuvieron entre los primeros invitados a participar en el festival de Rock y Ruedas de Avándaro cuando aún estaba en gestación. Su disco catalogado como “sicodélico”, salió en la compañía RCA-Victor y, fiel a su estilo emprendedor, la banda realizó un videoclip cuando menos 15 años antes de que eso se convirtiera en una norma. “Nuestras letras encajaban en la onda amorosa, pero otros lo relacionaban con los viajes astrales y con la onda de que como jóvenes queríamos cambiar al mundo, o al menos eso queríamos reflejar en las letras”, relata un Armando muy tranquilo y cercano a cumplir 70 años, que no aparenta por su tradicional outfit de pantalón de mezclilla, tenis y playera negra sin mangas de cuello Mao.

Por esta ruta trazada entre Tijuana y el DF, pasando por toda la costa del Pacífico, cantando covers en español y originales en inglés fue que a Los Dug Dug’s les colgaron el milagro de comandar la Onda Chicana, a la cual pertenecían también Three Soul, Peace and Love y El Ritual, entre otras. “La etiqueta es equivocada”, reclama Nava, “pero hay cosas que uno no puede controlar.


LA CRUDA DE AVÁNDARO

“Fue impresionante lo logrado con solo dejar correr la voz, el que la gente se haya movido tanto, sin internet ni promoción en radio, nada, simplemente la promesa de que habría música”. Había una efervescencia musical con muchas bandas y Los Dugs Dug’s encabezando el movimiento, pues al menos entre los foráneos habían sido los primeros en llegar al Distrito Federal a probar suerte.

Tras de tocar en el Festival de Rock y Ruedas, inició la tan temida y ya muy contada represión, con cierres de antros, las disqueras cambiando sus criterios y el confinamiento del rock a la periferia o, en el peor de los casos, en el olvido. Muchas bandas claudicaron, otras cambiaron de género, pero Dug Dug’s tenía aún una fortaleza llamada señora Nava, quien otra vez animo al proyecto y les organizó giras por el Pacífico hasta Tijuana y luego bajando por La Paz. Un camino andado, harto conocido y que los recibió con mejores criterios que la censura practicada en el centro del país tras el trauma del festival donde hubo —¡horror!— mariguana, una encuerada y jóvenes divirtiéndose en paz.

“Eran giras de seis u ocho meses donde la idea era seguir tocando y haciendo música con nuestros propios esfuerzos, sin disqueras ni grandes promotores, con resultados sorprendentemente buenos”, nos dice Armando. “Nos dimos cuenta de que así como en la capital el tema Avándaro era tabú, en el norte del país uno podía hablar libremente del festival, de la encuerada, de la intensidad con que se vivió todo, de la chava que salvé cuando saltó de unas bocinas, la música y el glamour del momento, la emoción, de paz y amor. Todo eso podíamos decirlo libremente, en el norte, allá siempre han sido más abiertos y menos cuadrados” considera.

Dug Dug’s grabó el álbum Smog en 1972, el Cambia, cambia, en 1974, con muchas penurias pero también harta ilusión, aportando en cada uno de ellos matices desconocidos, nuevos instrumentos, cambios de look y hasta la incursión del mariachi Vargas de Tecalitlán en sus grabaciones, lustros antes de que se inventaran las fusiones. Sus inventos como grabar canciones en inglés y en español, o incorporar flauta entre otros esfuerzos de la imaginación, legaron verdaderos himnos a la juventud como “Al diablo la gente”, “Cambia, cambia”, “Stupid People” o “La gente”.

Entre todos sus logros, existen dos cosas que se quedaron clavadas como grandes frustraciones del concepto mismo del grupo: una fue que nunca lograron la tan ansiada internacionalización (pese a que han sido reseñados en revistas europeas), quedándose como un grupo local de culto. La otra es que jamás lograron colocar un éxito en la radio, y aunque el tema “Smog” sonó algunos días, muy pronto fue sacado del aire por hacer mención de la palabra mariguana, no obstante que la letra recomendaba no consumirla.

A mediados de los setenta se suavizó un poco la censura, pero llegó la música disco a arrasar con el gusto de programadores y disqueras. El rock, sin permiso para tocarse, fue confinado a los hoyos fonqui, cuando no a estacionamientos y aun terrenos baldíos. “Fue la peor época; en ocasiones llegaba la policía y teníamos que suspender todo, pues se querían llevar a la gente”, aclara el guitarrista y compositor.

Las giras por el país seguían siendo su bote salvavidas, pues en ese tiempo “las disqueras nos decían que nuestra rolas les sonaban demasiado roqueras”. Pese a todo, Los Dug Dug’s fuero elegidos para abrir aquél mítico concierto a inicios de los ochenta en la Plaza de Toros México, con Black Oak Arkansas y una pedacería del Deep Purple.

Tras terminar la sesión donde un selecto grupo escuchamos parte de su historia musical, en un foro en la Fonoteca Nacional, ubicada hoy en la misma casa donde murió Octavio Paz y el mismo día en que se conmemoraban 100 años del nacimiento del laureado poeta, pregunto a Armando Nava, líder, dueño y gerente general de Los Dug Dugs y pilar indiscutible del rock hecho en México, ¿cuántas veces lo han invitado a tocar en el Festival Vive Latino?

―Ninguna, ahí todavía no me toca―, aclara sin rastro alguno de rencor.

El reportero recuerda que en la versión XV del festival, recién celebrada en el Foro Sol, se presentaron Laura León La tesorito, Christian Castro y Los Tigres del Norte, y considera que la vida es en ocasiones demasiado injusta. Los cinco álbumes de Dug Dug’s ya están en la Fonoteca Nacional para que nuestros bisnietos los puedan escuchar dentro de 100 años.