Reivindicación de la Quimera

El Ariel al documental Quebranto, los estrenos de los biopics Becoming Chaz y Mr. Angel, más la transformación del cantante Felipe Gil en Felicia Garza, dan pie a tratar la disforia de género.
Reivindicación de la Quimera
(Shutterstock)

Ciudad de México

“Además de agradable, soy muy auténtica. ¡Miren qué cuerpo! Reparen. ¡Todo hecho a medida! Rasgado de ojos, 80 mil. Nariz, 200, tirados a la basura porque un año después me la pusieron así de un palizón (...). Continúo: ¿Tetas? Dos. Que no soy ningún monstruo. Setenta cada una (...). Silicona en labio, frente, pómulo, cadera y culo (...). Lo que les estaba diciendo es que ¡cuesta mucho ser auténtica! Pero no hay que ser tacaña con nuestra apariencia. Porque una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma...”.

Éste es el monólogo que ante el público de un teatro pronuncia Agrado, personaje almodovariano de Todo sobre mi madre (1999). Y Agrado (personaje que de joven fue camionero) es una de las imágenes que hoy conforman el diverso mundo de transexuales, intersexuales o hermafroditas que en no pocas ocasiones (es el caso de la actriz Antonia San Juan, que da vida a la citada Agrado) se encuentran ligadas al espectáculo, un mundo que guarda cierta similitud con el de las antiguas mitologías, pobladas —entre otros personajes— por hermafroditas. La palabra misma nos remite a los dioses Hermes y Afrodita.

 

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Entre los hermafroditas de la antigüedad, quizá el más prestigiado en Occidente es el referido en El Banquete de Platón, quien en boca de Aristófanes pone un pasaje mitológico del inicio de los tiempos, cuando la humanidad se dividía en tres géneros: el masculino, el femenino y el andrógino y que éstos últimos eran seres redondos y con cuatro brazos, cuatro piernas dos caras en la cabeza y, por supuesto, dos órganos sexuales.

A otra mitología pertenece Shiva, divinidad hindú que, gracias a su unión con Párvati, ostenta atributos físicos masculinos y femeninos. Pero ¿existen los hermafroditas? Sí, pero no como los describe Aristófanes. En la versión cinematográfica de El Satiricón (Petronio, siglo I d.C.), Federico Fellini nos regaló la imborrable imagen de un hermafrodita real, un muchacho/ muchacha, dios/ diosa, siempre rodeado por una multitud ansiosa de tocarlo esperando un milagro.

Tras dos siglos en que los psicólogos se dieron a la tarea de comprobar que transexuales, transgéneros e intersexuales eran psicóticos, hoy día, estos quiméricos personajes son reivindicados desde múltiples flancos, entre éstos destaca la Teoría Queer que —según Wikipedia— nació en 1990 y persigue mostrar, normalizar y legitimizar sexualidades diferentes.

Y nos estamos refiriendo a un “hoy” que se inició hace más de medio siglo con, por ejemplo, películas como The Case Of The Male Female (Barton McGuajam, 1953), Glen or Glenda (Ed Wood, 1953) y Homicidal (William Castle, 1961) que protagonizó una de las primeras actrices transexuales: Jackie (antes John Claude) Monoson.

 

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Y abrimos un paréntesis para notificar que la persona que hasta septiembre de 2014 era conocida como Felipe Gil, hoy es Felicia Garza y continúa estando al frente de la Vicepresidencia Operativa de la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM).

El también triunfador del festival OTI (años setenta), autor de temas como “La felicidad”, musicalizador de Chespirito y telenovelas como El Maleficio… comentó a varios medios (Basta!, TvAzteca, El Universal...) que Armando Manzanero —presidente de la SACM— le había dado luz verde para presentarse en las oficinas de la SACM como quisiera. Y fue así como Felicia Garza se “apersonó” en dicha institución el pasado 7 de octubre con la nariz operada (“nunca había respirado mejor”), sin ojeras (“tenía que llegar muy presentable”), con un atuendo rojo (al parecer su color favorito) y presumiendo canciones firmadas con su nueva identidad (una de ellas es María Quimera).

Claro que Felicia no es el único mexicano que ha tomado esta importante decisión. En su momento lo hizo la actriz y presentadora de televisión Alejandra Bogue, también Armando Libertad Palomo y Coral Bonelli, quien siendo niño protagonizó una de las historia de la cinta Fe, esperanza y caridad (1973) y quien muy recientemente estelarizó Quebranto (Roberto Fiesco, 2013), documental biográfico que entre muchos premios obtuvo este año un Ariel.

 

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La Ciudad de México se está convirtiendo en una verdadera ciudad de vanguardia en la que se respeta la diversidad. Así lo demuestra la presencia de Buck Angel en el marco del Festival Internacional de Cine con Perspectiva de Género, donde se presentó (Salón Divino Narciso de la Universidad del Claustro de Sor Juana) la cinta Mr. Angel. Allí, y después de la proyección, el actor transexual porno Buck Angel firmó autógrafos y conversó con los asistentes.

Sin camiseta, el también fisicoculturista mostró sus múltiples tatuajes al tiempo que se autodefinía como “un hombre con vagina”. Además, respondió a las preguntas de alumnos y reporteros. A Arturo Cruz Bárcenas, reportero de un diario nacional, le comentó: “El poder quiere controlar a las personas y busca que la gente no tenga control de su sexualidad; así ha sido durante toda la historia, pero yo sí controlo mi sexualidad y por eso ustedes me ven —y en verdad soy— muy poderoso”.

Por esas fechas (1 al 5 de octubre de 2014), pero dentro del DHFest (Festival Internacional de Cine y Foro de los Derechos Humanos) estuvo en el Distrito Federal Chaz Bono, hijo de Sony Bono y Cher Sarkisian. Chaz presentó Becoming Chaz, cinta en la que se narra cómo él (bautizado Chastity) tomó la decisión de cambiar de sexo. El activista, hijo del legendario dúo, se refirió a su libro Family Outing, y concluyó su plática diciendo que “hubo una época en la que todos estábamos encerrados en el clóset, y recordemos qué tan aterrador era eso. Por ello debemos tratar de ayudar a la gente a salir del clóset de una manera fluida y haciendo que se sienta segura”.

En suma, un sinfín de personajes del cine, la literatura y la televisión reivindican hoy a los hermafroditas, transexuales y transgéneros, quienes como bien ha señalado alguien, pueden ser o no ser (es el caso de Libertad) homosexuales.

En el mundo real encontramos transexuales en el ámbito científico (Lynn Conway) y en el medio deportivo (Renee Richards), pero son sin duda más notorios los que están relacionados con las artes y la industria del entretenimiento: la compositora Wendy Carlos (antes Walter Carlos), el fotógrafo Loren Cameron, el icono transexual Amanda Lepore, la diva y actriz warholiana Candy Darling (Women in Revolt, 1971), cuya imagen agonizante fue escogida por Antony Hogarty (Antony and The Johnsons) para ilustrar la portada de su disco I’m a Bird Now (2005).

 

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“Un día creceré y seré una niña hermosa./ Un día creceré y seré una mujer hermosa./ Pero por ahora soy un muchacho”, cuando uno escucha la fuerza espiritual con la que canta Antony Hogarty, advertimos que en el mundo queer no todo es exhibicionismo fruslero, no todo es narcisista e intrascendente espectáculo de cabaret. En la canción medular de “I’m a Bird Now”, Antony nos da a conocer una solución a las amarguras de su personaje: “Naceré en el centro del cielo/ y seré una niña-pájaro./ Y las niñas-pájaro se van al paraíso./ Seré una niña-pájaro/ y las niñas-pájaro pueden volar”.

Muchas veces el prejuicio, el distanciamiento o la ignorancia nos han impedido acercarnos a —por ejemplo— el dramático suicidio perpetrado por el hermafrodita Herculine Barbin (1838-1868), de quien hace un par de décadas se publicaron sus memorias con una introducción de Michael Foucault, donde se atacaba el concepto excluyente de “verdadera identidad sexual” que hicieran famoso los enciclopedistas.

“Tengo 25 años y aunque aún soy joven, puedo avizorar la proximidad de la hora de mi muerte (...). He sufrido demasiado. ¡Y debo añadir que lo he hecho sola! ¡Sola! ¡Abandonada por todos!”, escribió Barbin en Memorias de un hermafrodita del siglo XIX. Tenemos, además, el caso del homicidio del transexual Brandon Teena (antes Teena Brandon) que fue llevado a la pantalla por Kimberly Pierce en Boys Don’t Cry (1999). Se trata, pues, de las historias de dos vidas reales que nada tuvieron que ver con la tarima de un teatro o un set de Hollywood.

 

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Realidades que algunos desearían distantes se acercan a nosotros cuando alguien nos revela que por el cuerpo de la vecinita futbolista corre más testosterona que por el de algunos niños, o que a ese ser humano a quien los médicos le han diagnosticado “pseudohermafroditismo masculino”, le ha llegado el momento de auto reasignarse el género que llevará en adelante.

“El hermafroditismo —leemos en Wikipedia— se considera como un indicio de reproducción más primitiva que la unisexualidad”… Del otro lado de la trinchera, el videoasta Matthew Barney “predice” en su monumental proyecto audiovisual Cremaster (1994-2006) el renacimiento de un ser que se bastará consigo mismo para procrear, un ser superior que será hermafrodita.

Por fortuna hoy un transexual, un transgénero o un intersexual puede “hacer su vida”, siempre y cuando se encuentre en el lugar correcto (un utópico Distrito Federal o en la ONU, muy cerquita de Ban Ki-Moon, diría Conchita Wurst). Pueden, incluso, ser extrovertidos y exitosos; ser respetados. Y esto se debe en gran medida a la voluntad y el coraje que poseen muchos de estos seres, así como a la existencia de organizaciones que les brindan apoyo y los defienden.

Más allá de compasiones ridículas (“¡Ay, pobre, es que de chiquito lo vestían de mujer”!) o las exaltaciones consagratorias, concluimos la presente nota transcribiendo algunas impresiones que sobre su propia vida tiene Antonia San Juan, guionista, directora y realizada transexual que muchos conocimos por la interpretación que hiciera de ese entrañable personaje almodovariano llamado Agrado: “Mi vida es tal cual yo la deseo. Soy feliz. Siempre lo he sido. No ha habido tristeza ni aburrimiento. Hoy tengo dinero y prestigio. Sin duda he sido una privilegiada”.