“El teatro sirve para señalar lacras”: Alejandro Bichir

Es egresado de la Escuela de Arte Teatral del INBA.
Alejandro Bichir.
Alejandro Bichir. (Cortesía)

Ciudad de México

Alejandro es el decano de la dinastía Bichir. Actor, dramaturgo y, en otros tiempos, político, es la cabeza de una familia tradicionalmente teatral. Actualmente dirige a sus hijos Odiseo y Bruno en el montaje El último preso, del polaco Sławomir Mrożek, que cierra ya temporada este 11 de enero en el Foro Shakespeare.

 

¿Cómo se involucró con el teatro?

Estando todavía en Torreón participamos en un concurso en Chihuahua, mismo que ganamos. Eso nos permitió montar una obra en Campeche, donde conocí a Emilio Carballido, Salvador Novo, Sergio Magaña y Celestino Gorostiza.

 

Usted fue alumno de Salvador Novo, ¿qué le aprendió?

Muchos de los elementos que nos dio siguen funcionando. Criticaba que aprendiéramos la técnica para luego dejarla de lado. Actualmente hay mucha gente que se olvida de ella. Cada quien puede hacer lo que quiera, pero por no seguir los preceptos se comenten errores como tomar posiciones incorrectas sobre el escenario que confunden al espectador. El maestro Novo fue muy generoso y recuerdo que en sus últimos días me dio una obra para montarla con Héctor Bonilla, Patricio Castillo y Maricruz Nájera.

 

Ha dirigido a sus hijos en Malcolm contra los eunucos y recientemente en El último preso. ¿Puede separar la relación filial?

No. Ahora me divierto mucho con ellos. Cuando vi actuar a Carlos Ancira o Ignacio López Tarso me sorprendía ver cómo se creen todo, y eso es algo que hoy veo en mis hijos.

 

¿Le salieron respondones sus vástagos?

Sí, un poco. Yo vengo de una familia donde los adultos no dejaban que los niños participaran en las pláticas de los grandes, en cambio en casa, cuando terminábamos el desayuno, empezaban los comentarios sobre el teatro y mis hijos metían su cuchara. En principio sus opiniones parecían un tanto descabelladas, pero con el tiempo no lo fueron tanto.

 

¿Quién era el más rebelde?

Creo que Bruno. De niño se ponía los zapatos al revés porque no dejaba que nadie se los pusiera. Él tendía su cama y solito arreglaba sus cuadernos y útiles, no dejaba que nadie interviniera. Incluso si yo no estaba listo para llevarlo a la escuela se iba solo.

 

Tuvo un coqueteo con la política, en concreto con el PPS.

Sí, fui diputado suplemente del primer legislador socialista de este país, Manuel Stephen García, a quien recuerdo con mucho agrado. En esa época no tenía cabida el Partico Comunista.

 

Era la época de Lombardo Toledano…

Exacto, Lombardo Toledano fue el secretario general del Partido Popular primero, y luego del Partido Popular Socialista. Incluso yo llevaba a mis hijos a las manifestaciones, en el 68 me acompañaron a las marchas, estuvimos en la Plaza de las Tres Culturas. Ya después tomaron su rumbo e iban a los mítines por su cuenta.

 

¿Estuvo en la plaza el 2 octubre?

Ese día no porque estaba ensayando La madre, de Máximo Gorki en el Teatro Comonfort.

 

¿Políticamente el corazón le sigue latiendo del lado izquierdo?

Estoy muy decepcionado del PRD. Nosotros sabíamos que el PRI había sido corrupto; el PAN levantó cierta esperanza para algunos pero resultaron igual. Y luego el PRD ha salido lo mismo. Parece que ya no hay nada por hacer. Por ahí espero que llegue alguien que pueda hacer algo contra la corrupción, quiero pensar que hay niños que en casa reciben una educación adecuada para que puedan erradicar este mal.

 

¿La vida es puro teatro?

Algunos autores han dicho que así como la vida es sueño, la vida es puro teatro. Entiendo a quienes creen que el teatro no cambia a nadie, pero al menos sirve para señalar lacras y hacerle ver a la gente que puede hacer crecer su espíritu y bondad.

 


Nació en 1940 en Torreón, Coahuila. Es egresado de la Escuela de Arte Teatral del INBA. Entre varias otras ha montado las obras La excepción y la regla, Estado secreto, Intizi Tezcatl o el espejo encantado y Réquiem por Elvis. Además ha actuado en filmes como Cilantro y perejil y Bienvenido al clan.