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Lunes , 17.12.2018 / 05:05 Hoy

Un clásico de pasión que sigue abierto

Pumas y América empataron en el juego de ida de la semifinal, un encuentro de altas emociones en la cancha y en las gradas
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Ciudad Universitaria se llena de pasión, dos pueblos bien diferentes se citan para defender su causa. La semifinal convoca a dos parroquias a vivir un primer juego que augura emociones, porque el pase a una final es un botín muy alto. 

El campus se llena de policías, porque el partido, aunque en los últimos años no ha presentado incidentes, se tiene claro que es un choque de alto riesgo. Hace frío en CU y eso tampoco importa, lo más importante es tener el corazón caliente para alentar a los 22 guerreros.

La tribu de Pumas es mayoría, siempre pasa así en el Olímpico, y cuando América es quien visita la casa universitaria un tanto más. Universidad está necesitado de un resultado que ponga fin a una hegemonía que las Águilas tienen sobre ellos.

El equipo de David Patiño se agita, inicia con mejor ritmo, pero no puede ante la defensa americanista, un poco de desesperación se asoma en los seguidores felinos que esperan que su equipo logre un buen resultado para la vuelta.

Va Pumas y América está bien ordenado, de pronto, al minuto 21 Diego Lainez silencia el Olímpico, su desparpajo fue más que los años de Malcorra, el argentino carece de oficio de marca y el novel volante se lo comió en la banda, lo dejó en el suelo y se lanzó al duelo contra Saldívar al que también sorprendió con un tiro al primer palo. América se va arriba, en CU se hace lo posible porque el ánimo no decaiga.

Es la hora para ir arriba, es el momento para que aflore el orgullo universitario, y así ocurrió, entonces el problema toma nombre y apellido. Agustín Marchesín roba cámara. El portero argentino evitó en un par de ocasiones el empate universitario, respiraba la cabecera sur y Pebetero, Palomar y la cabecera norte se llevaban las manos a la cabeza, más cuando un tiro-centro de Mozo casi sorprende a Marchesín, pero el balón se fue rozando el larguero.

Pero hubo otro momento en el que el corazón se detuvo en CU, fue cuando Paul Aguilar casi pone el segundo gol, un tanto que hubiera sido un golpe moral. Sobrevivía Pumas y apuntaba a reaccionar en el segundo tiempo.

Para el complemento, las pulsaciones aumentaron, porque, por fin, llegó al ansiado empate, Mozo centró para Martín Rodríguez que partió la defensa americanista, un remate que incendió el Olímpico y despertaba a Universidad. 

Mora y González tuvieron el segundo, pero la defensa azulcrema se batió para no verse abajo, América no respondía. El Piojo y Patiño ya habían movido sus piezas y la sensación seguía siendo que Universidad lucía mejor, resistían los visitantes que si bien no tenían una mala renta, dejaban en el alambre la eliminatoria.

Más cuando ese fantasma de los penales se le apareció de nueva cuenta a las Águilas. Al 72' el VAR entró en una acción en la que un zaguero de Pumas tapó un remate de Mateus, tras la revisión de la acción, Roger se paró en el manchón, pero se mostró muy tibio ante Saldívar que le atajó su endeble tiro.

El estadio cobró vida para corear al portero universitario. Partido a corazón abierto en la cancha y en las gradas. Todo queda abierto para la vuelta en el Azteca, otra jornada llena de nervio y pasión de la que, ahora sí, solo uno saldrá con el puño victorioso.

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