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Domingo , 16.12.2018 / 19:52 Hoy

Avilés Hurtado le da el triunfo a Monterrey sobre Pachuca

En un duelo ríspido, cerrado, Monterrey le arrebató tres unidades a Pachuca, en el reencuentro de Diego Alonso ante su ex afición; Pako Ayestarán suma más dudas
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Son tiempos de renovación. Tanto Pachuca como Monterrey estrenaron proyectos en la cancha del estadio Hidalgo, en la inauguración de la actividad para ambos. El primero, el local, con Pako Ayestarán en el banquillo; el otro, con Diego Alonso, estratega tuzo hasta hace unas semanas. Ambos, con estilos similares y propositivos, pero con diferentes vías para conseguir sus objetivos. Los de casa formaron una oncena con escasos futbolistas extranjeros, con una base canterana; mientras que Rayados tenía de arranque hasta a ocho elementos con pasaporte distinto al nacional. Mezcla de estrategias.

Al 10', ése futbol de vértigo y velocidad, de acompañamiento y asociación, reditúo en Rodolfo Pizarro la mejor opción hasta el momento, quedando de frente a Alfonso Blanco, pero el ofensivo falló un tiro que parecía de rutina. La teoría que proponía Ayestarán, vía sus dirigidos, consistía en mantener la calma, recuperar la pelota, bajar los decibeles al encuentro y amortiguar el juego dinámico del enemigo. Poco a poco, parecía surtir efecto el calmante; Monterrey, de un lado a otro, impaciente y a la espera de consolidar en el marcador sus intenciones. Seguía el cronómetro.

A los de la Bella Airosa les costaba construir puentes una vez que se hacían del esférico. Monterrey lo notaba. Rayados comenzó a gestionar mejor sus esfuerzos, a inclinarse por el desgaste, por la desesperación del sinodal y cuando le mostraba cercanía, apresuraba las cosas con desdobles a pura velocidad, aunque fracasaban en el último toque, ya fuera por un costado, con Jesús Gallardo como el volante más solicitado, o bien, con el mencionado Pizarro como armador. El duelo se enroscaba en un espiral difícil de descifrar. Un partido muy parejo; ambos se anulaban.

El ataque de Pachuca, por su cuenta, compuesto por Franco Jara y Sebastián Palacios, lucía pálido. La tensión en la cancha se reflejaba en la escasa coordinación de los ofensivos locales; con una plantilla sumamente joven, Ayestarán trataba de que su equipo se refugiara en la comprensión de la idea colectiva, para sumar eslabones al frente. Rayados difería: lo suyo consistía en el despertar de algún matiz individual, de algún chispazo que les permitiera adelantarse en el marcador. Se diluía un primer tiempo de mero trámite, de estudio exhaustivo por cuenta de cada uno y de letargo y fatiga para el ocupante de la butaca.

La vocación ofensiva que a Pachuca le hizo falta en el primer tiempo, parecía ser la encomienda y tónica para el complemento. Los Tuzos salieron a su cancha conectados e intentando jugar a uno o dos toques como máximo, para facilitar el tránsito de la pelota a sus hombres del frente; los Rayados no se esforzaban demasiado para contenerlos. La primera recomposición del entrenador español fue la entrada de Érick Gutiérrez, a nombre de Pablo López, para intentar reforzar el medio campo. Y fue al dorsal '15' al que le quedó una pelota a modo al 51', pero falló en su definición ante la salida correcta de Barovero.

Discretas emociones en el Hidalgo… Monterrey no lograba recuperar el protagonismo del arranque y se conformaba con incipientes opciones. Los chispazos del primer tiempo se convirtieron en detalles casi imperceptibles. La pelota era únicamente del Pachuca. Por ello, Diego Alonso modificó. El timonel eligió la experiencia de Jesús Molina, para romper embates del enemigo, ante la dinámica de Jonathan González. Rayados había perdido el rol principal, el esférico y hasta las formas. A los Tuzos les hacía falta coronar sus opciones con una oportunidad verdadera ante el arco de Barovero. Cuestión de tiempo.

Rodolfo Pizarro, su mejor hombre, tenía que retroceder bastantes metros para tener contacto con el balón. Era demasiado sacrificio y también implicaba que sus opciones de verdadera amenaza se redujeran lejos de la zona de gol. Aún así, Monterrey insistía. Al 64', llegó una tardía recompensa para Avilés Hurtado. una acción antes, Alfonso Blanco había sido factor para salvar su marco, pero en la jugada próxima, el cancerbero hidalguense erró una atajada de rigor, que le valió el primer gol del torneo al colombiano. Golpe seco, frío para un cuadro que tenía varios minutos intentando lo propio.

Pachuca intentó con el reloj en contra equiparar fuerzas. La realidad es que, ni cuando tenían las mejores opciones de su lado, lograron romper con su propia ineficacia en ataque. Para hacer más agónico el descalabro, cuando el partido moría, Barovero fue la figura, salvando hasta dos ocasiones claras de gol. A Rayados le funcionó su fórmula, a pesar de no ser la inicial. Pako Ayestarán debutó con un tropiezo ante su gente, frente a un viejo conocido de la propia plaza; Diego Alonso puede irse a la cama tranquilo, con la conciencia de que el trabajo le otorgará mejoras. Por ahora, cumplió.

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