Pronóstico del Clímax

La invención del periódico

Contar la vida diaria de Cuba tras medio siglo de propaganda pura es necesariamente hacer política, así se escriba sobre jardinería.

La política empieza en la mera banqueta afuera de tu casa. Alguien la perforó para hacer sabrá el diablo qué pérfidas mejoras y dejó un hoyo inmenso que más parece trampa peatonal. Las ratas, por su parte, pasan la noche circulando a sus anchas por las instalaciones de su nuevo club. ¿Por órdenes de quién abrieron el boquete? ¿Cómo fue que olvidaron taparlo, si es que algún día lo consideraron? ¿Quién responderá ahora por el desaguisado? ¿Con quién hay que quejarse, si no hubiera respuesta? ¿Quién va a pagar los gastos, mientras tanto, por cada distraído fracturado? He ahí una buena lista de cuestiones políticas legítimas y urgentes. Y si acaso un político no sabe resolverlas, alguien debe decirle que es un parásito.

Si quisiera seguir hablando de política, dedicaría mi furia ciudadana a describir aquellos penumbrosos pasos a desnivel que a ningún funcionario parece interesarle iluminar, o los innumerables microbuses fantasma que circulan de noche con los fanales religiosamente apagados, aunque eso sí: cargados de pasajeros. Supongo que más de un político parásito encuentra confortable la confusión corriente entre grilla y política, cual si sus ambiciones y mis necesidades florecieran en la misma maceta. Se trata, al fin, de hacernos aceptar que sólo ellos entienden de estos entuertos, igual que hacemos ante el fontanero que ha venido a vaciar la fosa séptica. Qué más quisiera uno, sino correr de ahí con la nariz tapada. ¿Y quién nos dice que ellos no se escaquean igual, valga la suspicacia?

Hará ya unos tres años que conocí a Leopoldo López Mendoza, el famoso político hoy día encarcelado por el gobierno de Nicolás Maduro. Supuse que querría hablar de Hugo Chávez, pero en vez de eso eligió preguntarme dónde me informaba en torno a la situación venezolana. “Soy lector de Tal Cual”, le hice una suerte de guiño secuaz, asumiendo que él mismo sería lector atento y recurrente del periódico editado por el opositor de izquierda Teodoro Petkoff. “Me preocupa que el tema de Tal Cual sea nada más Chávez y el chavismo”, meneaba la cabeza. ¿Qué iban a hacer después, cuando ellos ya no fueran más gobierno? Había otras discusiones que eran muy importantes y no podían seguir esperando. El mundo no acababa en Hugo Chávez… Todo lo cual explica en buena parte la situación actual del aguerrido López: una cosa es entrar en la dinámica polarizadora con la que el mismo régimen se justifica, otra muy diferente atreverse a pensar en un plan B, y encima sugerir que es cosa prioritaria. ¿Sacar la discusión del mero ring y llevar la política a las calles más allá de los bandos en contienda? No, señor terrorista. A la cárcel con esa dinamita.

Me pongo en los zapatos de Yoani Sánchez y Reynaldo Escobar, cónyuges y editores de 14ymedio.com, el primer periódico cubano independiente de estado y partido, tras más de medio siglo de nada más que Granma y el vetusto Juventud Rebelde, y encuentro ya inminente la discusión entre prudencia y autocensura. La pura idea de fundar en Cuba un diario con la línea de Tal Cual parece un despropósito suicida, pero pasa asimismo que allí donde partido y estado intervienen hasta los últimos resquicios de la trama social, nada queda en la vida cotidiana que no esté salpicado, e inclusive empapado de política, si ya la sugerencia de un plan B se cataloga como traición a la patria. ¿Quién le explica a la patria, sino un cronista de lo cotidiano, dónde y por qué la vida real y simple contradice el discurso de sus autonombrados héroes y herederos?

No es preciso leer a Maquiavelo para entender las cifras del sentido común. Contar la vida diaria sin tapujos es ejercer un acto subversivo contra la tiranía de la propaganda, y en eso están de acuerdo los tiranos. No es sorpresa, por tanto, que las autoridades cubanas bloquearan el acceso de sus conciudadanos al sitio web del nuevo periódico. Estarán aterrados, además, ante la calidad y sencillez del primer número, que con seguridad a estas alturas circula ya en archivo pdf por toda la isla, patrocinado por sus atentos censores. Síntoma de ese miedo es el sitio Yoanislandia.com, al cual desvía el gobierno a los curiosos: un libelo penoso de ínfima factura donde aparecen notas como ésta: Constatan predominio de trastorno psicológico entre los integrantes de la ‘disidencia’ cubana. Los principales síntomas detectados son delirio, paranoia, tendencia a la mitomanía, entre otros.

Muy lejos de tan burdas letanías, Reynaldo Escobar escribe en su columna de 14ymedio.com, con el tiento de quien conoce a su adversario: “Las palabras pueden ser la envoltura material del pensamiento, pero no la cárcel de las ideas.” Tras 55 años de propaganda pura, sin embargo, todo rastro viviente de sentido común será un hecho político y además subversivo. Palabra de parásito.