Pronóstico del Clímax

Unas cuantas palabrotas

Ahora que el mundo entero hace corte de caja, no está de más reunir un pequeño inventario de vicios nacionales: material para examen de conciencia.

Apatía. Vivo interés por desembarazarse de todo lo que huela a vicio nacional. Hija del desencanto, hermana de la hueva, madre del conformismo.

Burocracia. Estirpe de lactantes impasibles. Cultura del eterno intermediario. Secta de adoradores del obstáculo, bajo cuyos auspicios se alimentan y reproducen.

Calumnia. Unidad monetaria de la insidia y moneda corriente del rencor. Cheque de hule sin límite de crédito.

Caudillismo. Especie de fe ciega en el imperio del bribón carismático. Aceptación feliz del rango de pelele inapelable.

Clientelismo. Generoso recurso que permite al empleado prostituir a unos cuantos entre sus empleadores para desempeñarse como patrón de todos.

Corrupción. Podredumbre con tufo mentolado. Malentendido histórico por el cual quien se dice en deuda vitalicia con el Pueblo se proclama acreedor eterno de la Patria.

Demagogia. Farsa en un solo acto de amor al presupuesto. Expresión ultralight de consternación soft por un asunto hardcore que significa power.

Desvergüenza. Forma superlativa del pudor que consiste en no dar por hecho lo evidente. Desesperado intento por salvar la elegancia en mitad del naufragio del prestigio.

Discriminación. Lapsus de narcisismo defensivo. Proceso de limpieza prejuiciosa destinado a barrer con aquello que se odia, se teme o se confunde, como sería el caso de la opinión ajena.

Individualismo. Insolidaridad escandalosa, si bien imperceptible cuando se ejerce en nombre y a espaldas de los otros.

Intolerancia. Actitud obcecada y prepotente, imputable a esos necios exaltados que se niegan a estar de acuerdo con nosotros.

Lenocinio. Negocio floreciente que amalgama estupro, violación, esclavismo, secuestro y discriminación en un solo producto, de venta en la banqueta de su preferencia. Prueba de la existencia del infierno donde cada cliente es otro pobre diablo.

Mochería. Salvoconducto para libertinos. Sambenito que brinda inmunidad a quienes se guarecen a su sombra y no podrían pagarse el lujo de una fama inconveniente.

Monopolio. Auspicioso sistema de libre incompetencia. Conspiración triunfante de uno contra todos.

Narcotráfico. Industria de autoayuda ilusoria que se divide en tres sectores básicos: médico, recreativo y criminal. Negocio estratosférico subsidiado por leyes inoperantes.

Oportunismo. Ligereza funámbula del corazón. Habilidad para sumarse al coro un cuarto de compás antes del estribillo.

Partidismo. Conciencia de caterva. Mezquindad en manada. Pandillismo con coartada cívica.

Patrioterismo. Derivación fenicia del patriotismo que transforma al usuario y sus compinches en genuinos guardianes del himen nacional. Tendencia patológica a percibir el dedo ajeno en el culo propio.

Piratería. Saqueo bendecido por la elasticidad del Código Penal y la expansión del crimen organizado. Violación tumultuaria del autor a manos de sus mismos partidarios.

Pose. Avidez soterrada de renombre travestida de convicción profunda. Coquetería del instinto de conservación. Signo de identidad entre fariseos.

Resentimiento. Frustración fermentada en caldo de rencor que transforma el fracaso en afrenta y el odio en causa justa. Avidez en estado vegetativo.

Soberbia. Dignidad en cocaína. Antípoda psicótica de la nobleza y exigente, no obstante, de fuero nobiliario.

Vandalismo. Impotencia en punto de ebullición. Disciplina oficiosa que combina pillaje, propaganda, extorsión y revancha en un solo paquete, configurable al gusto del cliente.

Victimismo. Histrionismo voraz de acreeduría. Cualidad de usurero moral: cobrador empeñoso de intereses compuestos y retroactivos.

Zalamería. Cualidad de becario empalagoso. Tributo nauseabundo que salpica codicias mal ocultas y anticipa traiciones inminentes.