Pronóstico del Clímax

Pisadas de dinosaurio

1. El viejo PRI entiende la complicidad como una rama de la solidaridad.

2. Al viejo PRI jamás le incomodó tener a Tlatelolco en el currículum, hasta que decidió cambiarse el nombre.

3. El viejo PRI se acuerda poco y mal del 10 de junio, cual si fuera un error ocurrido en familia.

4. El viejo PRI suspira por la administración de la abundancia y termina clamando por la repartición de la indigencia.

5. El viejo PRI derrocha privilegios malsanos entre quienes le apoyan sin reparos, y en tal virtud absuelve sus excesos.

6. El viejo PRI vive en la negación de toda realidad desobediente, por eso antes comparte el botín que el poder.

7. El viejo PRI es de “izquierda de la buena” (Fidel Velázquez dixit), de ahí que no tolere los credos paralelos.

8. El viejo PRI jamás supo perder. Los anteayer beneficiarios de los fraudes, cuando no sus autores, son los mismos que ahora se juran víctimas de conjuras equivalentes.

9. El viejo PRI no vive sin caudillos, ni puede criticarlos, ni osa contradecirlos. Sus incondicionales son clientes cautivos, hinchas infatigables, soldados aquiescentes y, con cierta frecuencia, beatos jactanciosos.

10. El viejo PRI cita a la democracia con porfía empalagosa para evitarse así su amarga práctica.

11. El viejo PRI es rabiosamente nacionalista y oficialmente revolucionario, aun y sobre todo cuando se contradice.

12. El viejo PRI se dice antipriista para tapar la cruz de su parroquia tras un velo de amnesia selectiva.

13. El viejo PRI descubre una conspiración detrás de cada uno de sus detractores. La denuncia es su zona de confort y exige que sus dichos se tomen como pruebas.

14. El viejo PRI es cacique tenaz, persignado de armario, palurdo sin complejos, marchante de la dádiva, redentor de las masas, encarnación auténtica de El Pueblo.

15. En sintonía con el “socialismo del siglo XXI”, el viejo PRI se saca de la manga el fascismo del siglo XIX.

16. El viejo PRI vive del acarreo de multitudes en teoría rebeldes cuya adhesión callada nunca está a discusión.

17. El viejo PRI concilia la soberbia más autoritaria con la modestia menos verosímil.

18. El viejo PRI se quiere oposición, especialmente cuando ejerce el poder, de modo que además se apropie de la industria de la queja y la explote según sus intereses.

19. El viejo PRI predica y ejerce la humildad como un arma cosmético-retórica a la que el enemigo no tiene derecho.

20. El viejo PRI se asume acreedor de derechos que en los contrarios serían privilegios, por una suerte de estatura moral de la que es juez benigno y parte amenazante.

21. El viejo PRI no sabe administrar más abundancia que la de componendas y adjetivos: su paraíso es siempre deficitario y a menudo volátil.

22. El viejo PRI bendice los números rojos, porque de ellos saldrán los nuevos presupuestos.

23. El viejo PRI cree en la iluminación, encarnada en los huesos del Señor Licenciado, cuya naturaleza es de por sí infalible e incuestionable.

24. El viejo PRI no cambia de horizonte: sigue viendo hacia arriba y adelante.

25. Hoy como siempre, el viejo PRI impone la catatonia como prerrequisito para la fotogenia.

26. Al viejo PRI le gustan los tiranos en la medida de su “progresismo”. Y por cierto, es él quien quita y pone las comillas.

27. El viejo PRI fustiga a los corruptos, que encuentra en todas partes menos en sus dominios, donde florece alegre la indulgencia.

28. El viejo PRI es un ogro mojigato que echa pestes contra los liberales y sueña con poblar las avenidas de milpa tricolor y gallineros antiimperialistas.

29. Al viejo PRI no le importa el dinero, siempre que sea él quien lo reparta.

30. De los halcones a los encapuchados, el viejo PRI se vale de grupos de choque para ejercer presión y represión desde la sombra cómoda y permisiva.

31. El viejo PRI se nutre de la transa-con-causa, que eventualmente se hace saqueo-sin-pausa.

32. El viejo PRI se volvió oposición sin dejar la costumbre de la imposición.

33. El viejo PRI concibe la nostalgia como una extensión más del resentimiento.

34. El viejo PRI sigue llorando de emoción cada vez que recuerda que “ya nos saquearon”, y promete que “no nos volverán a saquear”.

35. El viejo PRI apuesta a la desmemoria. Puede cambiar de nombre, no de sangre. Y hoy por hoy puede estar en cualquier parte.