Lo que no se ve

De nada nos sirve tener una capital rica, gorda, en actividades artísticas si el resto de Nuevo León no puede aprovecharlas.

Por lo general cuando se habla de cultura, erróneamente pensamos en las artes, y de éstas en las visuales de preferencia, por lo que al decir que se debe fomentar la cultura en automático se cree que hay que llevar a cabo diversas acciones a favor de ellas. Con esta idea en mente, pensar en una institución como el Conarte (Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León) es creer que su principal función es la de promover a las artes, pintura, escultura, fotografía, y si se tiene una concepción más amplia de ellas, se incluye entonces a la danza, el teatro, la música, el cine, etc. En síntesis, se entiende —mal— que instituciones como el Conarte únicamente sirven para la promoción de las artes.

Sin negar lo anterior, aclaro de inmediato que ésa es sólo una de sus responsabilidades, quizás la más vistosa y glamorosa, por la que todos suspiran, y en la que todos tenemos planes y programas que garantizan su éxito a corto plazo. Al margen de lo mucho que debe transformarse, de la evaluación completa a que debe someterse, y de los presupuestos que debe obtener, me gustaría dedicar las líneas que siguen a comentar otras actividades propias del Conarte que por lo general no son tan visibles como las mencionadas pero que resultan igualmente fundamentales para la vida cultural del Estado. Esto independientemente de lo que suceda en realidad, y que a su debido tiempo, como he dicho, deberá evaluarse con toda seriedad.

Créase o no, el Estado cuenta ya con una serie de colecciones que con el paso del tiempo van ganando valor e importancia. Hasta ahora cada dirección o espacio (Pinacoteca, Fototeca, Centro de las Artes, Museo de Historia Mexicana, etc.) se responsabiliza de su colección, y quizás así deba ser, pero es necesario que exista la figura de la colección del Estado para que pueda contar con un presupuesto o reciba fondos que le permitan ir de la adquisición de nuevas piezas a su designación como intermediario en la relación con otras colecciones lo mismo privadas que públicas, del Estado o fuera de él.

Aunque sostiene una actividad editorial relevante, es necesario que el Conarte juegue en este renglón un papel de mayor importancia, y sobre todo que garantice, hasta donde es posible hacerlo, su máxima distribución, pues de nada sirve imprimir si no llegan al público los ejemplares. Por otro lado, en este campo, las asociaciones o mejor dicho, las coediciones con las universidades, por ejemplo, vendrían a enriquecer y robustecer lo hecho hasta el momento.

En 20 años de existencia, el Conarte se ha ido haciendo responsable de varios espacios físicos que requieren no sólo del diario mantenimiento sino de su constante actualización o renovación para cumplir adecuadamente con sus funciones, para hacerlas cada vez más profesionales. Por otra parte, esta responsabilidad debería extenderse y compartirse con más instituciones, no sólo en el cuidado sino también en el rescate y preservación de otros inmuebles, lo mismo para salvarlos de la picota que para regresarlos al servicio de la comunidad.

Finalmente, la atención, y todo lo que esto conlleva, a las culturas populares no sólo de la ciudad y el área metropolitana sino de todo el Estado es otra de estas tareas poco lucidoras. De poco o nada nos sirve tener una capital rica, gorda, en actividades artísticas si el resto de Nuevo León no puede aprovecharlas. Dígase lo mismo de las muchas manifestaciones artísticas y culturales que suceden en los municipios y que en la capital son totalmente desconocidas o, peor aún, ignoradas.

He mencionado únicamente cuatro tareas (las colecciones, la infraestructura, la labor editorial y la atención a las culturas populares) de las muchas por las que se responsabiliza el Conarte. Promover la cultura y las artes no es andar de inauguración en inauguración, conociendo a las estrellas, o haciéndote cuate(a) de los productores, sino más bien un trabajo serio y comprometido que la mayoría de las veces se nos olvida, es cierto, porque no lo alcanza la luz de los reflectores, pero también porque más allá del socialito, a muy pocos les interesa de verdad lo que pueda suceder en estos campos. Pero no nos detengamos en vanos intentos por demostrar su valor e importancia, el reconocimiento que merece vendrá por sí mismo y más adelante en cuanto se vean, sean palpables, los resultados a los que se puede llegar. Lo más importante no es convencer a los demás del porqué hay que promover la cultura y las artes, sino realmente hacerlo.

xavier.moyssenl@udem.edu

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