La tía Raquel

Si alguien entendió a plenitud lo que se entendía por crítica de arte, sin duda Tibol lo fue.

El pasado domingo 22 de febrero, a primera hora de la noche, se dio a conocer el deceso de la mtra. Raquel Tibol (1923-2015).

Empezaré como todos los que se han referido a la noticia. Raquel Tibol, no sólo fue una extraordinaria persona con capacidades profesionales encomiables y ejemplares, sino también un personaje imprescindible, testigo y actor, de la vida cultural del país, imprescindible también para entender los flujos y reflujos, la dinámica del arte del siglo XX en México, e incluso de su proyección internacional.

Si alguien entendió y ejerció a plenitud lo que entonces se entendía por crítica de arte, sin duda Tibol lo fue, ya lo hiciera desde las páginas de la revista Proceso, ya como jurado en los cientos de certámenes que encabezó, en sus conferencias, en las muchas participaciones que tuvo en congresos, seminarios y mesas de discusión, en debates públicos, y en cuanta declaración se le pidió. Por esa comprensión de la crítica, digamos muy a la Baudelaire, por su ejercicio libre y sin compromisos, es que dicen se le temía, y en verdad era de temer, pero porque siempre hacía que los demás nos tuviéramos que enfrentar con su verdad, compendio de sabiduría, para que a partir de ahí se iniciara cualquier posible diálogo.

Pienso ahora en Raquel, por el tiempo que la conocí y la amistad que a ella me unió, como en esa tía de cariño que todos queremos. La recuerdo la primera vez que compartimos como jurado en el concurso de Arte Joven de Aguascalientes, a partir de ahí aprendí lo difícil que era negociar con ella por la autoridad que ejercía producto de la solidez de sus argumentos. También pienso en ella demandándome le adjudicara el “descubrimiento” de Miriam Medrez, “atribúyamela Moyssén, atribúyamela”; o cuando me preguntaba por el trabajo de Gerardo Azcúnaga, por el de Francisco Larios, cuando hablaba elogiosamente de Rosario Guajardo; para con esta ciudad, la tía Raquel fue siempre generosa con su tiempo y conocimientos, no olvidar que formó parte del grupo original que logró echar a volar la ahora mejor conocida como Bienal de Arte FEMSA; que apoyó a los ceramistas en su momento, y alentó el movimiento de arte en vidrio que parecía prometer más.

Las primeras noticias que tuve respecto a la fotografía contemporánea en México, las obtuve a través de sus Episodios Fotográficos, y la primera historia del arte moderno y contemporáneo en México, no oficial, la leí en su versión publicada por la editorial Quetzal. Fue ella la que me reveló el lado político, profundo y contradictorio, de Diego Rivera, así como uno de los tantos rostros que tuvo Frida Kahlo. Con ella descubrimos el trabajo casi desconocido de Hermenegildo Bustos y el de la malograda Estrella Carmona; la profundidad conceptual de los pintores Rufino Tamayo y Armando Morales a través de las entrevistas que les hizo aquí mismo en la ciudad.

Para mí como para la generación con la que me formé, el nombre de Raquel Tibol está unido permanentemente a la historia del arte en México, sin embargo para las nuevas generaciones no estoy muy seguro de si sabrán responder a su legado. Si los nombres de quienes fueron los padres de esta disciplina en México, Manuel Toussaint, Justino Fernández, Francisco de la Maza, Elisa Vargaslugo, Beatriz de la Fuente, Ida Rodríguez Prampolini, no les dicen nada, es difícil pensar que los historiadores y críticos que les siguieron —entre los que se encuentra la misma Tibol— puedan significarles algo, pues como dice Gustavo Avendaño, con Tibol se cierra toda una época, quizás haya sido uno de los últimos representantes de la Modernidad mexicana, de ese grupo de hombres y mujeres que concebían al arte como algo más que simples mercancías o artículos de especulación comercial, que veían en los pintores, escultores y arquitectos a los líderes morales de su sociedad, no a quienes ahora gustan de salir retratados en las páginas de sociales o las del corazón. Un grupo que en verdad creía en el poder salvífico, individual y colectivo, del arte.

Quienes estuvieron más cerca de la tía Raquel en estos últimos años, dicen que trabajaba en la redacción de sus memorias, ojalá así haya sido y si no completas, sí las haya dejado avanzadas, tanto como para poder ser publicadas. Me parece que ésta sería la obra que culminaría una carrera como la suya, amén de los muchos datos que aportaría para el conocimiento íntimo del arte en México. Que en paz descanse.

xavier.moyssenl@udem.edu

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