Al sur de NL

Hay que destacar el rescate que llevó a cabo de los archivos de esta fotógrafa.

El pasado domingo se presentó en la Casa Universitaria del Libro una investigación de Enrique Tovar Esquivel intitulada Rosenda Villanueva Pardo, una fotógrafa en el Sur de Nuevo León, editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León. En el mismo acto, junto con el autor, participaron como presentadoras Olimpia Farfán y Lidia Espinosa.        

Además del correcto y puntual trabajo histórico de Enrique Tovar, hay que destacar el rescate que llevó a cabo de los archivos de esta fotógrafa. Mejor dicho, gracias a las fotografías que en vida se dedicó a tomar Rosenda Villanueva, como oficio, modo de vida y personales, fue posible que el investigador reconstruyera la historia de la época de Doctor Arroyo (municipio en que vivió, trabajó y del que se retiró Villanueva Pardo), y dentro de ambas coordenadas, tiempo y espacio, la de su personaje central. La investigación adquiere mayor dimensión si pensamos en las consecuencias que puede traer consigo, pues a partir de ella se puede trabajar, por ejemplo, historia de género, económica, social y, por supuesto, la que nos interesa aquí, la de la fotografía. Su edición se suma, entonces, a los esfuerzos emprendidos desde hace tiempo por Roberto Ortiz Giacomán, Ricardo Elizondo y José Antonio Rodríguez, entre otros, por ir dándole vida a la historia de este medio, una historia que se creía inexistente hace unos cuantos años.

Mérito de este trabajo es el llamar la atención sobre la presencia de estos hombres y mujeres que por diversas razones se han dedicado a la fotografía y permanecen sin ser correctamente identificados y por tanto reconocidos en una labor que ahora sabemos es imprescindible para la comprensión de la historia moderna y contemporánea. En cualquier momento se pueden visitar las páginas del tercer volumen del proyecto Imágenesde nuestra memoria, editado por la Fototeca de Nuevo León y el Conarte y encontrar que la mayoría de las imágenes ahí publicadas pertenecen a ese equívoco y erróneo concepto de lo anónimo cuando en realidad lo único que se quiere decir es que la autora o autor de esas fotografías no ha sido identificado. Esto es, ese tercer volumen, como otras tantas obras que se han publicado en nuestro estado, son el hilo de Ariadna que, de seguirlo, nos dirigiría a conocer, reconocer y recuperar la obra material de muchos otros fotógrafos y fotógrafas que han hecho la historia del medio en Nuevo León, conscientes de que incluso el trabajo de algunos de ellos posee la calidad suficiente como para ser parte de un catálogo nacional de fotógrafos (si es que existiera tal empresa).

Quizá mi único reclamo a esta investigación y otras de su tipo, es que son mucha historia y muy poca fotografía (aunque también es común que quienes se meten a este campo cometan el error contrario o, peor aún, escriban libros sobre fotografía donde no hay ni una ni la otra cosa. Vgr. el libro sobre Dn. Alberto Flores Varela).

La historia de la fotografía no es distinta a la historia de la pintura, la de la arquitectura o la de la música, todas tienen por objetivo la explicación e interpretación de su objeto de estudio en y a través del tiempo. Pero no puedes hacer historia de la fotografía si no sabes o tienes en consideración lo que de singular tiene la fotografía, la pintura o la poesía. No puedes hablar de la fotografía como si fuera pintura o dibujo, como jamás podrías decir que una pintura es tan buena que parece fotografía.

No es suficiente decir que en Dña. Rosenda el aspecto estético se ve supeditado a una mirada que logra captar la esencia de la época, hay que explicar por qué se tiene tal apreciación y hasta qué punto pudo estar la autora consciente de sus fallas técnicas y cómo las justificaba. También se podría recoger el gusto por la fotografía, preguntando qué piensan de ellas, cómo las ven, qué les gusta o disgusta de ellas. De entre los argumentos que va exponiendo Enrique Tovar sobresale el que fue el padre de la fotógrafa quien la iniciara en el oficio; independientemente de las razones que lo llevaron a actuar de tal manera, habría sido interesante saber qué es lo que Dn. Francisco pensaba de la fotografía y por qué la consideró un oficio adecuado para una señorita de la época, etc.

Sin embargo, lo más emocionante de la presentación y publicación de este libro es lo que anunciara Olimpia Farfán durante su intervención, quizás como una esperanza o un buen deseo al que nos sumamos con gusto, que éste sea el inicio de la investigación interdisciplinaria que merece la fotografía de Nuevo León.

xavier.moyssenl@udem.edu

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