¿Es suficiente?

Como nunca antes la imagen fotográfica se encuentra en todas y cada una de las fases de nuestra vida diaria.

Hace una semana, al hablar de la fotografía estenopeica, apunté, quizás muy de pasada, que uno de los problemas que enfrenta en este momento la imagen fotográfica es el determinar si sigue siendo un sistema de reproducción confiable para informar sobre el mundo contemporáneo, por lo que ahora abundaré en el tema, tanto como el espacio nos lo permita.

Las relaciones entre la institución arte, los objetos que la forman, y la sociedad son mucho más complicadas y extensas, que lo que parece a simple vista. Decir que el arte es producto de su sociedad, que el arte refleja a la sociedad o que el arte está vinculado a la sociedad, no es, en verdad, decir mucho, ni explica en qué y cómo es y/o cómo se genera esa relación y con qué consecuencias.

Cuando hablamos del trinomio arte-objetos-sociedad, quedan implícitos temas como el de los productores y su formación, los circuitos de circulación, los métodos o procesos de legitimación, los agentes responsables de la promoción, la exhibición, la difusión, y muchos otros. De entre estos otros destaco el de la técnica o medios de expresión. Antes de proseguir preguntémonos por la sucesión  de medios, de la pintura y escultura, a la fotografía, al performance, a la instalación, al cine, al video, a la imagen digital, ¿cómo explicarla más allá de la innovación técnica que cada una supone; mejor aún, por qué aparecen las innovaciones; qué provoca la presencia de un nuevo medio de reproducción?

No puedo detenerme en esta explicación, pero digamos que cada sociedad, a lo largo de su devenir, selecciona el medio que mejor funciona, que mejor informa sobre su actualidad, y por actualidad me refiero tanto a lo más doméstico, como a lo más apreciado por los grupos hegemónicos de la comunidad. Durante siglos la pintura reprodujo con toda fidelidad una miríada de temas que fueron importantes todo ese tiempo (de hecho la historia de la pintura es la historia del logro de tal fidelidad, lo que no tiene que ver, forzosamente, con el naturalismo). La aparición de la fotografía, al rayar el siglo XIX, no es causalidad, ni fruto del destino o de la evolución de la propia pintura, la fotografía impone su presencia porque la sociedad requirió en ese momento de un medio mucho más dinámico y flexible para dar noticia de su realidad, que para ese entonces ya era igualmente veloz y múltiple.

Podría, pues, parecer absurdo preguntar por la vigencia de la fotografía, y lo sería porque como nunca antes la imagen fotográfica se encuentra en todas y cada una de las fases de nuestra vida diaria. No se trata únicamente de los millones de imágenes que nosotros mismos generamos con los dispositivos móviles, sino de todas las demás —que también suman millones— que igualmente se generan a diario vía cámaras de seguridad, tránsito, reconocimiento, satelitales, etc., amén de las otras tantas que genera la publicidad, la mercadotecnia, la medicina, la ciencia, etc., ¿cómo podría entonces estar superada, cómo habría perdido su vigencia?

Me parece que la fotografía pudo haber quedado rebasada, precisamente en este momento de sobreabundancia, por un lado porque esta sociedad demanda otro tipo de imágenes que reproduzcan aún más fielmente su actualidad, y por otro, porque la imagen fotográfica perdió esa capacidad al abandonar su condición de medio reproductor de la actualidad, para convertirse en productor de ella. En otras palabras, hoy día la imagen fotográfica crea la realidad (en particular a través de los medios y las redes sociales) en lugar de reproducir (con todo lo que implica esta acción) lo que éstas son y representan en y para la sociedad.

Por más moderna que haya sido la fotografía, creo que su estatuto siempre fue precario y ambiguo, pues desde muy temprano tuvo que verse al lado de un incómodo vecino, que aunque le debe a ésta su origen, fue más efectivo al mostrar la creciente dinámica del mundo contemporáneo. A la imagen en movimiento que fue el cine, la rebasa hoy día la imagen digital que reproduce, efectivamente, el movimiento y no sólo lo simula como el cine. Son estas imágenes, las digitales en movimiento, las que por lo pronto, me parece, nos dicen más de nuestra actualidad que cualquier otra forma con la que tratemos de describir el mundo en que vivimos hoy día.

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