Casi les sale bien

Una inicIativa como la de Yoko Ono  no puede ser más que bien recibida y mejor promovida.

Me acostumbré a subir a lo alto del cerro del Obispado cuando se encontraba ahí la antena de transmisión del antiquísimo Canal 8 del ya desaparecido y olvidado CEMPAE. Desde entonces conozco la extraordinaria vista que ofrece de la ciudad y las montañas que la circundan; desde ahí, creo, se puede hacer el seguimiento de cómo ha ido ensanchándose la ciudad y las razones para ello, así como prever lo que será su transformación en mega centro metropolitano (lo que ya está sucediendo) y su eventual colapso. Después de eso no volví a subir más allá de donde se encuentra el Museo Regional El Obispado, hasta que se inauguró el mirador al que dio lugar la instalación del asta que portaba, la que fue por algún tiempo, la bandera más grande de México. De entonces a la fecha, no había vuelto a subir hasta este domingo; afortunadamente, el sitio se encuentra bastante bien organizado, limpio, seguro y continúa ofreciendo, por supuesto, una incomparable vista de la ciudad.

Pero no fue para admirar el paisaje citadino que subí al mirador, me motivó el anuncio de la presencia, en la plaza cívica del asta bandera, del Non-Violence Project y sus Pistolas para la paz, abierto al público desde el pasado 30 de marzo. El proyecto, como quizás sea conocido, fue fundado por Yoko Ono como un homenaje a la memoria de su marido, John Lennon, asesinado en 1980. Pistolas para la paz es una de las diferentes acciones que el proyecto lleva a cabo y consiste en un conjunto de piezas escultóricas que replican el modelo original que el sueco Carl Frederik Reuterwärd creara en 1981, representando una pistola con el caño hecho nudo; las piezas, copias en fibra de vidrio, itineran desde 2011 por todo el mundo y ahora tocó a México y a Monterrey albergarlo.

Como se sabe, el daño provocado por las armas de fuego va más allá de la violencia ejercida en guerras, por las policías en su permanente confrontación con el crimen organizado, o hurtos, amenazas y venganzas, hasta lamentables accidentes, o las cada vez más frecuentes matanzas de inocentes civiles provocadas por fanatismos religiosos, culturales o personas perturbadas emocionalmente. Luego del tráfico de drogas, el más lucrativo es el de las armas de fuego. Así que iniciativas como ésta de Yoko Ono no puede ser más que bien recibida y mejor promovida en el entendido de que son pocas las acciones que pueden emprender los productores artísticos desde su propio ámbito de competencia, con su propio trabajo.

Hasta donde entiendo, a partir de las réplicas de la pieza de Reuterwärd, Ono fue solicitando que fueran intervenidas por distintos productores, entre otros, los ex compañeros de su esposo, Paul McCartney y Ringo Starr, haciendo crecer el conjunto según donde se fuera presentando. Tal y como se anunció, aquí deberían haberse expuesto 14 piezas, aunque yo solamente pude contar 5, una de ellas, la de la propia Yoko Ono (pintada de azul cielo con todo y nubes), otra del Beatle McCartney, otras dos atribuidas a colectivos que llevan por nombre Distrolear y Voladores, y la sobrante, la que simula ser de talavera, no lleva crédito. Curiosamente, la de McCartney es la que está decorada como si se tratara de artesanía huichol.

Cuando se anunció que estarían en Monterrey estos objetos, se mencionó que hay una oficina en México representante del Non-Violence Project, imagino los responsables de lo que se exhibe en el Obispado y que está muy lejos del proyecto original. Tal representación debió haber entrado en contacto con la Corporación para el Desarrollo Turístico de Nuevo León, quienes, vuelvo a especular, debieron hacer las gestiones necesarias para que las 14 o 5 piezas de las que hablamos pudieran presentarse en la plaza del asta bandera. ¿Cómo fue que decidieron que ahí sería el mejor lugar para presentarlas; quién o quiénes deberían o podrían intervenirlas, con qué dimensiones, cuáles diseños, etc.? Es un misterio, un misterio que desgraciadamente echa por tierra un proyecto que, estoy seguro todos estarán de acuerdo, merecía mejor suerte.

¿Por qué el contacto no fue a través del Conarte? Seguramente ellos habrían hecho un mejor uso del proyecto de Yoko Ono, e incluso podrían haber convocado a sus agremiados a participar, logrando una acción mejor coordinada, más representativa y con resultados de mayor alcance que, sin duda, hubieran enriquecido lo hecho por la viuda de Lennon.

Desgraciadamente, ni el diseño de las cinco únicas piezas que vi, que francamente es malo, logra salvar la iniciativa, y de no haber sido porque el día estaba despejado, ni la subida al cerro habría valido la pena.

xavier.moyssenl@udem.edu

veryrepresentar.blogspot.com