¿Tan pobres estamos?

De seguro le habrá tocado escuchar el quejo amargo de que en cultura aquí en Monterrey –en todas sus manifestaciones, aunque el reclamo generalmente va dirigido a las artes visuales– no hay nada que valga la pena, ni en materia de exposiciones, apoyos, eventos internacionales, y menos productores, por lo que los poquitos que hay o llegan a sobresalir no tienen otra opción más que emigrar, dejar atrás el rancho, el pueblo y conquistar las grandes capitales del mundo.

También por lo general suelo reaccionar negando tales comentarios o simples percepciones, creo firmemente que en materia de desarrollo y dinámica cultural nos hace falta conocer mucho más, hacer verdaderas investigaciones al respecto y dejar atrás los tiempos de la especulación y las hipótesis interesadas. No obstante, hay otras ocasiones en las que frente a la evidencia no me queda más que dudar de mis convicciones y verme tentado a conceder razón a los que cubren sus cabellos con cenizas por la pobreza cultural de Monterrey. De los casos que recientemente apuntan en esa dirección, y que han sido muchos, sólo mencionaré la apertura al público de la llamada Reseña 2016, el pasado día 25 en la ya inoperante Casa de la Cultura de Nuevo León.

Diecinueve productores locales presentan una treintena de trabajos entre pinturas, instalaciones, fotografía, video, dibujo, y la verdad es que el panorama que ponen en evidencia es el de una pobreza total. Sobresalen, eso sí, las fotografías, diría que por lo menos cinco de los siete productores que han presentando trabajos en este medio tienen algo que decir. De los videos hay dos que resultan interesantes, el de Yasodari Sánchez, PostCard (2015), y la pieza que me parece justifica con creces la visita a la Casa de la Cultura y el recorrido por esta exposición, Después del huracán/failure (2015), de Iván Márquez. Le siguen Logos 1 (2016), de Paula Cortázar; 100 tipografías (2015-2016), de Mata Rodríguez, y Erased (I WanttoDestroySomethingBeautiful) (2016), de Carlos Balderrama. Muy poquito, me parece, para tanta pretensión.

A pesar de todo hay algo en esta reseña que me impide aceptar que he estado errado por tanto tiempo y que Monterrey no es una ciudad de segunda en materia cultural. ¿En qué es diferente esta muestra a la Bienal FEMSA, o a la Bienal de Arte Joven, o de Fotografía? En nada, es como volver a ver lo mismo, pero con otros nombres, y ese me parece es el problema: no los productores, sino las ideas.

No es posible que en una ciudad con por lo menos 10 galerías que tienen actividad permanente, con por lo menos cuatro universidades o centros de educación superior, con carreras o estudios especializados en la producción simbólica, con coleccionistas de talla mundial, con colecciones especializadas destacables a nivel internacional, con una organización estatal ciudadanizada, cuente con tan sólo 19 productores.

Es verdad que en 40 años (la vida que tiene este evento) mucho y radicalmente han cambiado las condiciones, los productores, los lenguajes, los medios, las teorías, las instituciones, la ciudad misma y sus habitantes. No obstante, creo que sigue siendo válida la idea de contar con un evento anual (su periodicidad puede discutirse) que dé cuenta de la actividad habida en la ciudad el año anterior; esto es, la de un verdadero resumen que nos permitiera ver en una sola visita y evento, lo que se hace en la ciudad. Un evento de este tipo requiere de otra organización, otras ideas, otra implementación, difusión y motivación para contar con el concurso y buena fe de un número más significativo que el de 19 productores.

Por último. No es la primera vez que hago mención a la inoperancia de la Casa de la Cultura. Nadie más que yo está agradecido con el servicio que prestó –y presta–, con el prestigio que significó, con los debates y enfrentamientos que atestiguó, pero si su evento más espectacular el Resumen, después de 40 años ha pedido a gritos cambiar, creo que lo mismo debe suceder con la antigua estación Del Golfo. Lo ideal sería que se adecuaran y modernizaran sus interiores, lo cual por muchas razones, no sucederá, por lo que entonces lo mejor será dedicarla a otras funciones y sus exposiciones y demás actividades llevarlas a espacios más adecuados o ad hoc a las tareas culturales.

Decía mi madre: “Pobrecitos, pero limpios”; ojalá por lo menos diéramos esa impresión.

xavier.moyssenl@udem.edu

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