¡A moverse!

Visitar estas exposiciones implica contar con un tiempo que antes no se invertía...

El movimiento, como sabemos, se manifiesta a lo largo de dos dimensiones: la del tiempo y la del espacio. Ninguna de las dos se encuentra en la naturaleza de las artes visuales, por lo que estas, pintura, escultura, dibujo, se han tenido que conformar con sugerirlo o insinuarlo a través de recursos con los que dan a entender que las cosas o personas están moviéndose. Paradójicamente el más inmóvil de todos los medios visuales, la fotografía, cuyo valor consiste precisamente en su capacidad para burlar el paso del tiempo, es la que más se ha acercado a la creación de objetos y personas en movimiento a través del cine, pero por desgracia, como también sabemos, es una ilusión, pues en realidad se trata de imágenes congeladas que al ser proyectadas a una cierta velocidad nuestros ojos no cuentan con más opción que percibirlas como si en verdad se movieran. Tendríamos que esperar hasta el desarrollo del video y más adelante a la generación de imágenes digitales. La fascinante historia de esta evolución es el objeto central de la exposición Watch Me Move, abierta el 21 de este mes en el Marco.

Desde hace tiempo sostengo que el futuro de la imagen, y habría que aclarar que de la imagen digital, incluso aquella que tiene su origen en la fotografía, se encuentra en aquellas que están en movimiento. Difícilmente encontraremos algo que llame más la atención que lo que se mueve, ya que nos comunica que lo que vemos está vivo; certeza que, incluso, refuerza las ideas de autenticidad e imparcialidad. Además, por otra parte, la generación de imágenes en movimiento, su edición y difusión (independientemente de su calidad) cada vez son más accesibles en costo y manipulación, por lo que acabaremos inundados por esta otra clase de imágenes, exactamente igual que sucede con las fijas a partir de que estas pudieron ser producidas y puestas en circulación prácticamente por cualquiera. El que ahora se le dedique a la imagen en movimiento, una muestra tan completa y bien armada como esta no es, desde mi punto de vista, más que un síntoma de que ya está sucediendo.

Por su parte, lo interesante de muestras como esta es que aplanan el discurso del arte al presentar en igualdad de circunstancias trabajos como el Ballet Mecanique de Fernand Léger de 1924, o Jen Walking, del 2008, de Julian Opie, al lado de personajes de Los Simpson, Toy Story o Pinocho; es decir, la exhibición apunta a que estas nuevas manifestaciones lejos de confinarse al mundo del arte, como bien pudieron haberlo hecho, han desvanecido las barreras que las aislaban de lo popular para forjar un nuevo tipo de cultura visual en la que todas las manifestaciones tienen el mismo valor e importancia.

He hecho mención al reto que significan para los museos las nuevas manifestaciones culturales. En este sentido el Marco, como puede apreciarse, cuenta ya con tal experiencia que la exhibición de la que hablamos se presenta hasta donde es posible dentro de los estándares que se encontrarían en otro museo. Problemas como la luz que requieren las cédulas para poder ser leídas no representan mayor reto, lo que sí el asilamiento que se necesita para el audio que acompaña a la mayoría de estos trabajos; temas en los que tendrá que trabajar el personal del museo pues, como ésta, muchas otras muestras tendrán en el futuro cercano.

Probablemente el mayor reto esté del lado del público. Visitar estas exposiciones implica contar con un tiempo que antes no se invertía de esta manera. En el pasado, la decisión de cuánto tiempo pasar contemplando una pieza era del espectador, así como en cuál de ellas lo hacías. En muestras como esta resulta imposible, pues cada ejemplo, cada obra, tiene su propio tiempo y si se desea acceder a todas, lo mismo que sólo a una parte hay que verlas completas, lo que exige una mayor permanencia en el museo, conducta que trae o traerá consigo viejos y nuevos problemas que tendrán que ir siendo solucionados para poder sobrevivir pues, en el fondo, quizás todo esto no sea más que otro ejemplo de que los tiempos están cambiando.

xmoyssen@udem.edu.mx

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