Aunque la mona se cambie de nombre…

La última edición causó tal revuelo que propios y extraños juraron y perjuraron que harían hasta lo imposible por enmendar faltas y no repetir errores, por hacer que el antiguo Salón de la Fotografía volviera a ser un evento digno, trascendente, que reflejara el estado real de la fotografía en Nuevo León; tan así fue, que hasta se le cambió de nombre a ver si con eso algo se remediaba o en eso estaba la clave de un futuro éxito.

El pasado 12 del presente mes se inauguró en la Fototeca del estado la muestra intitulada Revisión 2015, fotógrafos de Nuevo León. Está compuesta por el trabajo de ocho productores, León Uribe, Yolanda Leal, Carolina Camarena, Iván Manrique, Juan José Herrera, Veronique Chapuy, Eduardo Jiménez, Eduark Collazo y el grupo Estética Unisex, quienes fueron seleccionados, habiendo cumplido con todos los requisitos de la convocatoria, por Alejandro Castellanos.

Como era de esperarse, la exposición resulta breve (lo que se agradece) a pesar de presentar grandes proyectos, como el de Yolanda Leal.

Pero, ¿no fue esta parquedad o ausencia de productores uno de los puntos que generó la polémica en torno a lo que vimos hace un año? Qué curioso que hasta ahora no se ha sabido de ninguna opinión en contra o algún cuestionamiento al respecto.

Llama la atención también la extraña combinación de grupos, casi me atrevería a decir que de generaciones, pues mientras hay gente con una trayectoria más o menos sólida como Yolanda Leal, Juan José Herrera o Carolina Camarena, hay quienes empiezan a hacer sus presentaciones, como Veronique Chapuy, León Uribe, Eduark Collazo, quizás su reunión esté más bien dictada por el contacto que guardan o han guardado con la Fototeca y sus distintos proyectos (a través, por ejemplo, del PFC).

Sí me parece que ocho productores es una cifra nada representativa del quehacer fotográfico que se realiza en la ciudad. Exhibir cuatro o más imágenes de cada uno de los seleccionados, de los proyectos con que acudieron a la convocatoria, tampoco alivia la situación, sirve, eso sí, para llenar el espacio, pero, por ejemplo, ¿no sería mucho mejor tener tres o cuatro fotografías de Eduardo Jiménez (Hotel) en gran formato en lugar de las 13 que se exhiben? No digo que desmerezcan su participación sino, al contrario, algunas de ellas son tan buenas que merecieran imprimirse en otro formato en lugar de saturar el tema.

Si partimos de que quienes acudieron al llamado de la convocatoria, tienden a identificar su trabajo con una determinada tendencia, con un cierto Nuevo Realismo, entonces se puede entender de igual manera lo expuesto que el bajo número de participantes, ¿pero es que en la ciudad no hay retratistas, no hay documentalistas, no hay quienes se sientan tentados por el paisaje urbano o natural, por salir a las calles y registrar lo que les salga al paso, quien tenga curiosidad científica o tecnológica? ¿Estaremos más bien frente a un problema de convocatoria y no de selección estricta o carencia de nivel? Frente a esta revisión, resulta imposible pronunciarse sobre el estado de la fotografía en Nuevo León, no creo que sea suficiente con conocer lo hecho por estos ocho productores porque además son trabajos en una línea ya vista, conocida, no son malos, pero sí carentes de frescura y/o novedad (Yolanda Leal, Carolina Camarena, Estética Unisex, Eduardo Jiménez) como para estar en un salón con objetivos como los del presente. En este sentido sólo me atrevo a destacar el trabajo de Iván Manrique y tal vez el de Chapuy, que por cierto es el único en blanco y negro. Esto sí es un balance, pero únicamente de lo que hay en ese campo, el cultivado por estos productores y, posiblemente, algunos otros que se interesan por este tipo de fotografía y no alcanzaron a presentar su material, o de plano Castellanos no los tomó en cuenta en esta ocasión.

No sé qué pase con los demás fotógrafos y productores que se valen de la fotografía para realizar su trabajo (pienso en Larios cuando nos sorprendió con sus trabajos

fotográficos), pero por alguna rezón no están presentes en esta Revisión; lo más fácil es pensar que no conocieron la convocatoria o que su carga de trabajo es tal que no tuvieron tiempo como para atender el llamado de la Fototeca.

Lo complicado es lo que sigue, qué hacer para que regresen (suponiendo que esto es lo que interesa a las autoridades), para que sientan la necesidad de dar a conocer y compartir su trabajo a través de los salones oficiales. Nos vamos dando cuenta entonces de que lograrlo requiere de mucho más que un simple cambio de nombre.


xavier.moyssenl@udem.edu

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