Otro(s) paisaje(s)

Mis últimas entregas han girado en torno a un mismo tema, hoy vuelvo a abordarlo, ya que el ejemplo que veremos ofrece una variante interesante, lo que posibilita sea comentado –este tema– desde otro punto de vista.

Hará cosa de 10 días que se inauguró en la Casa de la Cultura de Nuevo León la muestra intitulada Paisaje emocional. Un trabajo curado por Sara López, en el que participan 20 productores (entre ellos tres poetas) reunidos en tres grupos generacionales.

Hasta donde entiendo y de acuerdo al texto de introducción que se presenta a la entrada de la exhibición, se trata de presentar, por un lado, el acercamiento que cada uno de los productores tiene o hace –hacía– con la ciudad. La curadora encuentra que estos acercamientos son diversos y que, incluso, pueden estar condicionados por la generación a la que se pertenezca. Y por otro, que cualquiera que fuera el enfoque o el acercamiento que se establezca con la ciudad, en su transformación a objeto sensible o simbólico pasa por la emoción primaria que los ligó a ese tema en particular. De tal suerte que el resultado general –la exhibición– deviene en una especie de cartografía espacio-temporal de esta ciudad. Más aún, son estas emociones lo único que legitima cualquier intento por retratar la ciudad.

A diferencia de la muestra que se presenta en el Centro de las Artes, aquí es el conjunto total lo que forma una única pieza. Mientras que en De la formación a lo público, cada uno de los diez trabajos participantes se explica y busca validarse por sí mismo, en este otro caso resulta casi imposible ver las piezas aisladas unas de otras, puesto que lo que las mantiene unidas es la intención, el guión de la curadora, que es más que la simple suma de todas ellas.

Hasta aquí hay varias cosas que me gustan. Por supuesto que el, o mejor dicho la responsable de la exposición, su curadora, sea una mujer y que su texto esté redactado lo suficientemente claro como para entender qué pretende, y poder seguirlo a lo largo de toda la muestra. Un texto con el que se puede o no estar de acuerdo, pero que es coherente y seguro de sí mismo, que no recurre a figuras seudoteóricas o históricas para justificarse es ejemplo pues, curioso y lamentablemente, de lo que carecen la mayoría de las exposiciones dedicadas a este tipo de trabajos. Y ya que menciono los trabajos, entre ellos por supuesto hay los aspirantes a ser concectuales, más si se les presenta aquí, me parece, no es por que se tenga una preferencia por ellos o se crea son los únicos que reflejan el verdadero estado actual de la producción artística, sino porque representan el resultado del trabajo de una determinada generación de acuerdo a lo propuesto por Sara López. Así pues, a una generación, la de los productores mayores, les correspondería un registro más bien concreto, realista, simbólico. La siguiente generación sería la que se vale de la información y la informática para la producción de su obra y, finalmente, las generaciones más jóvenes resultan multimediáticas y electrónicas (aunque en cualquiera de estos tres grupos puede aparecer la obra concectual, su nicho se encuentra más bien en el segundo y tercer segmento).

Por último, me parece todo un acierto y más que eso, un ejemplo que debiera seguirse con mayor frecuencia, la invitación a escritores (Samuel Noyola, Francisco Serrano y Óscar David López), ello no sólo es la confirmación de López como una mujer sensible y culta, sino también conocedora de su medio, contexto y circunstancias. Soy de la idea de que en la medida que relacionemos artes visuales con literatura, música y otras manifestaciones, más claro se hará el horizonte que explique su particular devenir.

Pero, ay, no todo es miel sobre hojuelas. Si la exposición funciona, ya lo he dicho, es por la curadora, no por las piezas que la componen, por más que haya algunas que logran sostenerse por sí mismas. He dicho que la idea que se encuentra tras la muestra me parece clara y bien estructurada, pero a la hora de seleccionar las obras que han de materializar ese discurso, se topa con obstáculos y piezas que entran únicamente porque las quiso poner ahí pero que, lejos de contribuir, obstaculizan su idea.

La presencia de esta variante en la línea de exposiciones que hemos presentado estas últimas entregas, viene a confirmar que no se trata de un modelo único ni universal y que como todas las líneas que ha seguido la producción artística desde que nos bajamos del árbol, se encuentra en permanente cambio.

xavier.moyssenl@udem.edu 
www.veryrepresentar.blogspot.com