¿Qué hacer con los museos?

Al no haber recursos suficientes, los museos no pueden cumplir con sus tareas, al no hacerlo obtiene menos recursos.

Según el dicho, uno nunca se va solo, y por desgracia así parece. El 10 de mayo, recordarán, se dio a conocer el fallecimiento de Erick Estrada Bellman, un fotógrafo, sin duda, importante para esta ciudad; se supo también que ese día Cris Burden, a la edad de 59 años, había muerto. Burden, para quienes no lo tengan presente, fue uno de los protagonistas más activos de la escena artística en los años 60 y 70 con la introducción y difusión del performance y el arte conceptual. Algunas de sus acciones más célebres fueron, entre otras, Shoot, 1971, y V.W. de 1974.

Finalmente, este pasado viernes, llegó la triste noticia del deceso de B.B. King, un personaje, ahora inmortal, gracias a su extraordinaria música. Que ellos y todos los demás, descansen en paz.

El día de ayer, 18 de mayo, se celebró el Día Internacional de los Museos, aunque las actividades principales se desarrollaron, como es lógico, el domingo. De cualquier manera es un buen momento para reflexionar sobre estas instituciones, su pasado, pero sobre todo, su presente y futuro.

Como sabemos, el museo, tal y como lo conocemos, es una institución que nace a raíz del triunfo de la Revolución francesa (hay antecedentes de otros museos desde el siglo XVII, lo que no quita que se trate de una creación moderna) que abrió al público las colecciones reales, entre ellas, la más famosa hasta ahora, la del palacio del Louvre.

Originalmente se pensó que entre sus funciones debía estar el conservar, investigar, exponer y difundir las colecciones de las que se hiciera custodio o bien que históricamente poseyera. Se esperaba que fuera una institución, pública o privada, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y su desarrollo. Una institución, como se ve y en pocas palabras, típicamente moderna, a través de la cual se pretende el mejoramiento, intelectual, moral y cultural de la sociedad.

Es claro que esta concepción ha ido perdiendo vigencia, no sólo por ser blanco de un sinfín de críticas dirigidas a su propia naturaleza, como por el desarrollo mismo de la sociedad y la producción artística.

Tratar de dejar atrás su concepción como mausoleo o templo del arte, ha llevado a los museos, quizás, al extremo opuesto, es decir, a realizar una serie de esfuerzos que los vinculen con sus públicos, desde los locales hasta los internacionales, desde la ampliación de sus servicios hasta venderse como si se tratara de franquicias como es el caso de los museos Guggenheim y Louvre, que han abierto sucursales aparentemente exitosas en el extranjero.

La misma intención por revertir las críticas llevó a la creación de otro tipo de instituciones (centros culturales, fundaciones, espacios multimodales, etc.) más dinámicas y con programas flexibles que atendieran, principalmente, la producción contemporánea. Con ello se vieron disminuidos los presupuestos de los museos y, quizás más grave aún, sus públicos y patrocinadores. Lo que crea, a su vez, un círculo vicioso pues al no haber recursos suficientes, los museos no pueden cumplir todas sus tareas, al no hacerlo obtiene menos recursos y así interminablemente.

Si el mantenimiento de los museos se vuelve cada vez más problemático, ni qué decir de su capacidad para adquirir nueva obra o renovar sus acervos. No se trata únicamente de la competencia con los nuevos espacios o que patronos de otros tiempos ahora abran sus propios establecimientos, sino de los precios que se manejan hoy día en el mercado del arte, precios que alejan principalmente a las instituciones públicas, pero que también mantienen al margen a las privadas. Agreguemos que en países como México la donación de obras e incluso de colecciones, no tiene muchos antecedentes y menos aun estímulos de parte del estado para que suceda.

Como todo lo moderno, el museo pasa por un momento de transición, en el cual debe adecuarse a las nuevas necesidades y demandas de la sociedad contemporánea. El problema es que en tanto lleva a cabo esos ajustes, se somete a las tensiones del libre mercado, el cual, como se sabe, requiere de crisis periódicas para subsistir, durante las cuales hunde y destruye hasta sus propios socios, por lo que el destino de estas instituciones podría estar marcado por los resultados de una de esas crisis, que como también se sabe, cada vez son más frecuentes.

Me parece que como sociedad debiéramos plantearnos cuál queremos sea el destino de los museos, principalmente de los actuales, los que se encuentran en funcionamiento, y si les reconocemos alguna función vital hacia el futuro de nuestra sociedad, hacer cuanto esté a nuestro alcance para que tengan, realmente, un mejor mañana.

xavier.moyssenl@udem.edu

veryrepresentar.blogspot.com