¿Por qué la fotografía? I de II

Si reuniéramos los inventos, descubrimientos, desarrollos que han afectado y afectan nuestra vida diaria, así como la comprensión de quiénes somos y del medio en que nos encontramos, estoy seguro que muy pocos quedarían sorprendidos al saber que la mayoría de ellos tienen que ver con la comunicación: las rotativas, 1836; el cine, 1843; la telefonía, 1876; la radio, 1894; el telégrafo, 1895; la televisión, 1936. Y, por supuesto, entre todos ellos, la fotografía, 1839. No deja de ser curioso que aquello que nos distingue como especie haya sido también lo que más hemos tratado de transformar a través de la tecnología. 

Unos más, otros menos, pero el efecto de estos medios en nuestra vida, laboral, familiar, social, política, económica, lúdica, es innegable e inevitable, incluso hoy día el acceso a ellos y su uso es una medida para diferenciar el grado de desarrollo de los países. Y a pesar de todo, la investigación y la reflexión teórica en torno a ellos y sus efectos, es materia que parece importar, a pesar de su alcance, a muy pocos, de ahí que para los especialistas no dejamos de ser analfabetas funcionales frente a los medios, es decir, no sabemos leer sus formas, comprender sus mensajes, ni evaluar, medir, ponderar, sus consecuencias a corto, mediano y largo plazo.

La fotografía, como cada uno de los demás medios, no solo tiene su propia y característica historia y representantes, sino una naturaleza única y un desarrollo, teórico, tecnológico y práctico, que obliga a estudiarla de manera singular a pesar de que nunca deje ser un medio de comunicación.

Digamos, a manera de ensayo, que en fotografía es posible distinguir tres tipos definidos por su uso, aquellas que tienen por fin insertarse en algún programa de comunicación comercial (fotografía de producto, industrial, de moda, publicidad, etcétera); las que funcionan como vehículo de información (prensa, ciencia y tecnología, economía, seguridad); y las que tienen un uso personal, es decir, aquellas que buscan, que desean comunicar el punto de vista de quien las produce; punto de vista es una convención que encierra opiniones, posturas, conocimientos, ideología, actitudes, sentimientos, sensaciones, emociones, ideas, gustos, preferencias, etcétera. Mientras que en los dos primeros usos la forma, la forma-fotografía, no juega un papel primordial puesto que lo que se desea es que comunique un contenido preciso, en el uso personal, esa misma forma, su cuidado y ejecución se convierten en su centro de gravedad pues de ellas dependerá cómo se entienda el mensaje; o sea, en este caso, el mensaje es ambiguo y se define por la forma, exactamente al revés que en los otros dos casos.

Todos los medios que hemos señalado sufren, digamos que a partir de los años 70 del siglo pasado, una profunda transformación producto de su propia evolución (lo correcto entonces es hablar de que evolucionan a…), al conjugarse con los avances de la tecnología digital, que a la vuelta de unos cuantos años harían obsoletos los sistemas analógicos. En el caso de la fotografía, este cambio supuso el paso, sí no final, sí previo al término del proceso de su popularización y el de la democratización de la producción de imágenes que si no inicia con la fotografía bien pronto lo logra, especialmente a partir del lanzamiento, en 1888, de los carretes de negativos portable. Es posible, por tanto, que la historia de la fotografía sea resumida como el camino recorrido por estos dos procesos, el de su popularización y el de la democratización (la fuerza que ha movido o movió a la historia de la producción fotográfica fueron estos procesos). Una rápida ojeada a nuestro derredor podría confirmarnos como es que, prácticamente, se han consumado o están a punto de lograrlo, por lo que en consecuencia deberíamos aceptar, por un lado, la muerte de la fotografía, en tanto que, por otro, celebramos el advenimiento de la post-fotografía (al desaparecer el motor que venía dando vida a la fotografía ésta, en tales términos, ya no tiene caso, deja de existir. Ahora bien, el problema al que nos enfrentamos, o más bien uno de tantos otros problemas a los que nos enfrenta esta situación, es que a falta de identificar correcta y universalmente cuál podría ser el nuevo motor de la historia de esta post-fotografía, pareciera que su evolución se nos va de las manos y su producción se torna no anárquica sino caótica).

Es claro que esta situación ha afectado a los tres modos de uso de la fotografía. En el caso concreto de la comunicación personal, ésta ha acentuado y aumentado el grado de ambigüedad en sus mensajes al llevarlos al reducto de lo individual (que no es lo mismo que personal), pero también al trasladar esa misma ambigüedad y falta de referencialidad al campo de las formas, aquellas que en la época analógica habían permitido no solo el uso personal del medio sino que, a través su cultivo la había convertido, casi desde su inicio, en una manifestación artística al reconocer la universalidad que alcanzaban sus mensajes, exactamente lo contrario a la situación actual.

Hoy día es común escuchar comentarios que apuestan al crecimiento de un ambiente más caótico, que lejos de un perfeccionamiento personal (que suponen la tecnología corrige de ser necesario,) van en busca de la frivolidad individual y la irracionalidad social. Fuera de las excepciones, quisiera que me mostraran una buena post-fotografía en la que no estén presentes los principios formales de la fotografía analógica, una buena fotografía actual que no sigan lo que nos ha enseñado la historia de la fotografía, o sea, a ver, a reconocer, apreciar, una buena fotografía sin importar si es plata sobre gelatina, procesos fotoquímicos, o electromagnética, binaria, digital. Y si bien es cierto que una fotografía no es lo que ves (cita que he utilizado en este mismo espacio), cómo ayuda a entender lo que es, cuando está bien tomada, bien impresa, bien presentada.

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